DENTRO DEL PULPO: La historia de Barry Seal

002-06-05
barryseal¿Quién es el verdadero responsable del asesinato de JFK, Air America, Watergate, Iran-Contra y prácticamente todos los escándalos en la historia reciente? ¿Podría la historia de  Barry Seal dar la respuesta? ¿Acaso la triste saga de  Seal abre una ventana al  Pulpo que realmente gobierna a los Estados Unidos?Tomado de Haigh Times
Traducido por Cubadebate

Adler Berriman “Barry” Seal nació en Baton Rouge, Louisiana, el 16 de Julio de 1939 en el seno de una familia típica estadounidense. Barry, sus dos hermanos, Benjy y Wendell, su madre,  ama de casa, y su padre, vendedor de caramelos al por mayor, vivían en una casa en Lovers Lane.

Durante su adolescencia, Barry iba en bicicleta al Ryan’s Field  a ver  los aviones en acción.  El primer instructor de vuelo de Seal, Eddie Duffard, le dijo a Dan Hopsicker que Barry era un niño delgaducho con una ruta de papel, pero que siempre estaba tratando de probar algo.

“Ese niño era primo hermano de un pájaro”, recordó Duffard.

El 16 de Julio de 1955, cuando cumplió 16 años, Seal obtuvo su licencia de piloto.  Dos semanas más tarde, abordó un avión de las Fuerzas Aéreas estadounidenses rumbo a un campamento de verano con la Patrulla Aérea Civil en la Base Aérea de  Barksdale en Shreveport, Louisiana. Allí esto bajo el mando de David Ferrie, y conoció al cadete Lee Harvey Oswald, dos figuras principales en el asesinato del Presidente John F. Kennedy.

John Odom era amigo de la infancia. “un viernes, recibí una llamada de Barry para preguntarme si quería volar hasta Lacombe. Nos fuimos alrededor de las 5.30 am”, dice Odom. En el aeropuerto de Lacombe, David Ferrie señaló hacia 50 cajas que estaban en la pista. De vuelta a Baton Rouge, Seal le dijo a Odom que las cajas contenían armas, y que Ferrie le pagaba 400 dólares a la semana – el equivalente a 2.500 dólares hoy en día – para que las entregara. “¿Te gustaría ganar todo ese dinero?”, preguntó Seal, quien todavía era un alumno de último año de enseñanza media superior.

Dos años después, ganaba 2.000 dólares por vuelo, llevando armas hacia Cuba para la revolución de Fidel. Joe Nettles, su segundo instructor de vuelo, considera que Seal era el mejor piloto en los Estados Unidos en esos momentos. Hay algo que sabemos sin dudas: Tras caer en la órbita de David Ferrie, Seal de pronto se tornó muy hermético.

AGENTE SECRETO

Ferrie había sido un operativo encubierto de la Oficina de Servicios Estratégicos, la precursora de la CIA, durante la segunda guerra mundial. También era un sacerdote frustrado, un investigador autodidacta del cáncer, un hipnotizador ávido y un promotor entusiasta de las agendas de derecha. Como comandante de una unidad de la Patrulla Civil Aérea, probablemente seleccionó a cadetes para funciones futuras en operaciones de inteligencia.

Eddie Shearer, uno de los cadets de Ferrie, recuerda este revelador  incidente: “Este chico estaba dándole vueltas a un ‘portaguión,’ un polo de metal con una flor de lis, y se le saltó y le cortó la mano. Dave se le acerca y pone la mano frente al rostro del chico, con el brazo tieso, y le dice, ‘Sentirás la sensación, pero no dolor’”.  Para  Shearer quedó claro que Ferrie había estado hipnotizando a algunos de los cadetes desde hacía mucho tiempo.

En 1960, Seal pidió a su compañero de cuarto, Jerry Chidgey, que lo ayudara a vaciar el arsenal de armas de la Guardia Nacional de  Louisiana, utilizando unas llaves que Seal había obtenido  misteriosamente. Cargaron las armas en una furgoneta de la policía no identificada y se dirigieron hacia Hammond, Louisiana, “donde se cargaron las armas en un DC-3 y partieron hacia Guatemala”.

Según sabemos hoy, Guatemala era la plataforma para la invasión de Cuba en abril de 1961 por Bahía de Cochinos patrocinada por la CIA. Seal envoi a su madre una tarjeta postal desde el Mayas Excelsior Hotel en Ciudad de Guatemala, justamente tres semanas antes de que volara en un P-51 en la desventurada invasión.

Luego regresó a los Estados Unidos y se unió a las reserves de las Fuerzas Especiales del Ejército de los Estados Unidos. Fue asignado al 21 Grupo de las Fuerzas Especiales y se fue a la escuela de paracaidismo en Ft. Benning, Georgia. El 10 de mayo de 1963, Seal fue asignado a la Compañía D, Destacamento de Operaciones Especiales  del Grupo 20 de las Fuerzas Especiales-Grupo Aerotransportado de las Fuerza Especiales.

Es durante esta época,  justamente antes del asesinato del Presidente Kennedy, que se tomó una fotografía iluminadora. Se ve a un Seal de 24 años sonriente sentado en una mesa de un club nocturno en Ciudad de México con Frank Sturgis, Felix Rodriguez y William Seymour, todos miembros del escuadrón de asesinatos de la CIA, Operación 40.


Con Porter Goss, actual director de la CIA -a la derecha-, en la reunión de México donde se encontraron los miembros de la Operación 40.

Louis Gaudin, controlador de tráfico aéreo del Aeropuerto de at Redbird, ubicado al sur de Dallas, le dijo al FBI que recordaba haber observado a tres hombres vestidos de traje a bordo de un avión tipo Comanche horas después del asesinato. Seal poseía un avión así, y mucho creen que él piloteó el avión que hizo desaparecer hacia Canadá a los asesinos.

AIR AMERICA

En 1965, Seal fue a trabajar de piloto a la Companía amiga de la CIA Trans World Airlines, propiedad de Howard Hughes , con lo que se convirtió a la edad de 26 años en el piloto más joven certificado para volar un Boeing 707. Mientras “trabajaba” para la TWA, Seal se brindó voluntariamente a realizar misiones peligrosas y volar en zonas de combate en Vietnam llevando explosivos y materiales de guerra.

Theodore “El Fantasma Rubio” Shackley, había estado encargado de las operaciones anticastristas encubiertas en Miami, pero después de Bahía de Cochinos, fue trasladado a Asia sudoriental, junto con Félix Rodríguez, Ed Wilson, Oliver North, John Singlaub y Richard Secord.

Secord coordinaba los vuelos clandestinos de suministros, personal – y, según algunos, heroina y opio – hacia diversos puntos de Asia y Europa. Barry Seal era el piloto de algunos de esos vuelos. Secord también ayudó a planificar misiones de bombardeo contra los rivales de Vang Pao,  el caudillo lao de la droga, a cambio de la ayuda de  Pao para mantener a los comunistas norvietnamitas fuera de Laos. Varios pilotos de Air America han dicho que estaban llevando entregas de opio que Shackley había autorizado personalmente.

WATERGATE

Seal sobrevivió  Vietnam y regresó a los Estados Unidos en 10 de Julio de 1972, mientras se encontraba de “licencia por enfermedad” de su empleo con la TWA, fue arrestado por funcionarios de la Aduana de los Estados Unidos y fue acusado, junto con Murray Kessler, sobrino del jefe de la mafia Carlo Gambino, cuando trataban de pasar de contrabando 14.000 libras de C-4 a las fuerzas anticastristas en México. Su arresto fue precedido y seguido por algunas acciones muy inusuales e interesantes por parte del Gobierno de Nixon y la CIA, por no mencionar a los fiscales.

Según Henrik Kruger en The Great Heroin Coup (El gran golpe de la heorína), el 27 de mayo de 1971, el Presidente Richard Nixon autorizó que se emplearan 100 millones de dólares en un “programa encubierto de secuestros y asesinatos”.  Solo unos días después, Nixon creó la Unidad de Investigaciones Especiales, los famosos “plomeros”, y le dijo a Charles Colson que contratara al agente de la CIA Howard Hunt para que trabajara con G. Gordon Liddy. Creó la  Drug Enforcement Administration el 10 de Julio de 1973. El autor Dan Hopsicker cree que Nixon estaba tratando de arrancarle a la CIA el control de las operaciones mundiales de narcóticos.

Dos semanas antes de que Seal fuera arrestado, Frank Sturgis fue arrestado por haber entrado ilegalmente en la sede nacional del Partido Demócrata en el Watergate Hotel, junto con el jefe de la campaña de seguridad de Nixon y otros tres hombres vinculados con la invasión de Bahía de Cochinos. También fueron arrestados Liddy y Hunt, quienes dirigían la operación desde la habitación de un hotel enfrente. En un intento desesperado por garantizar su silencio, Nixon se apresuró a buscar 200.000 dólares para comprar el silencio de ellos.

Pete Brewton, en su libro, The Mafia, CIA, and George Bush, cita una carta escrita por Seal durante este período, donde dice que el funcionario de aduanas que lo había arrestado, Cesario Diosdado, “resultó haber sido un ex agente de la CIA que trabajó en la invasión de Bahía de Cochinos y que había estado trabajando para ambos lados de la cerca en el área de Miami”.   Según Brewton, el trato había sido por 10.000 armas automáticas y explosivos C-4, a cambio de 25 kilogramos de heroína. ¿Iba a convertirse esta heroína en el tan necesario dinero para comprar el silencio? Tras dilatar el proceso durante dos años, el Gobierno presentó pruebas viciadas, con lo que saboteó eficazmente el caso, y  condujo a que se declarara nulo el caso de Seal.  Seis semanas después, Nixon renunció.

LOS VAQUEROS DE LA COCAINA

Seal perdió “su trabajo de fachada” con la TWA, pero continuo trabajando para la CIA, hacienda vuelos de ida y vuelta a América Latina bajo el nombre codificado de Ellis McKenzie. Durante una de esas incursiones, un amigo le dijo a Seal que estaba contento de que el C-4 jamás hubiera llegado a México. Después de todo,  piensa en la muerte y la destrucción que habría causado. Seal, ahora con más de 30 años de edad, comenzó a llorar incontrolablemente. Su amigo tuvo que asumir los controles. Fue la primera señal de que Seal estaba teniendo problemas para aceptar lo que la CIA le estaba pagando para que hiciera.

Como razón para explicar la participación de la CIA en el tráfico de drogas, el agente operativo encubierto Gerry Patrick Hemming le dijo a Hopsicker, “En primer lugar, imaginemos quién está usando esta droga? ¡Los izquierdistas! No se puede dejar euq ese tipo de capacidad siga por cuenta propia. Es demasiado dinero”.  De modo que el Gobierno de los Estados Unidos mantiene las manos sobre el timón de la droga para mantener el control del dinero.

Seal fue arrestado de Nuevo en Honduras el 10 de diciembre de  1979, con un avión lleno de cocaína colombiana. Según Debbie, esposa de Seal, el arresto se produjo porque Seal le había pagado a la gente equivocada. Tardó nueve meses en “adivinar a quién sobornar”.

Según Mara Leveritt en The Boys on the Tracks, el Sargento Jack Crittendon de la Policía Estatal de Louisiana habló con Seal en 1982, y le dijo que puesto que estaba a punto de ser condenado por cargos en el caso de la Quaalude (nombre comercial de la metacualona), ¿por qué no trabajaba para ellos como informante y así evitaba ser procesado penalmente? Seal dijo que él “tendría que hablar con su gente”. Como Crittendon dijo a Leveritt, “A esas alturas, Seal tenía más recursos que la Policía Estatal de Louisiana. Sabíamos que no iría a ver a los líderes del cartel en Colombia para preguntarles si les importaba que empezara a informar sobre ellos.  Y sabíamos que no iba a hablar de eso con la gente que trabajaba para él. De modo que, ¿quiénes eran con quien tendría que hablar?” Serían sus jefes en la CIA?

En abril de 1982, a pocas semanas de esta conversación, Seal trasladó su operación de contrabando de Baton Rouge hacia Mena, Arkansas, pequeña comunidad montañosa con una población de  5 800 habitantes. Creó la Rich Mountain Aviation en el aeropuerto de Mena. La vida que llevaba se dejaba ver en su apariencia. Pesaba cerca de 300 libras, y su apodo era “Thunder Thighs” (Muslos de truenos). También chapoteaba en el uso de cocaína.

Seal llevaba armas a las bases de la Contra nicaragüense en Costa Rica y Honduras para Oliver North, regresaba cargado de cocaína y lanzaba los cargamentos desde el aire en los alrededores de Mena. También entrenaba a pilotos y a contrabandistas, realizando incluso sus propios filmes de entrenamiento, uno de los cuales muestra a un Seal cuando recoge , lleno de alegría, “el primer cargamento de droga en pleno día en la historia de los Estados Unidos”.

La operación que Seal llevó a Mena no era pequeña. Según información de Leveritt, el propio Seal testificó que su empresa consistía de “a un avión a chorro Lear, helicópteros, aviones militares de carga excedente, así como varios aviones monomotores y bimotores. Asimismo, disponía de dos buques con equipo sofisticado de navegación y comunicaciones — uno de los cuales contaba con una plataforma de helicóptero –, así como numerosos autos y camionetas. Seal alegó que empleaba a más de 60 personas y coordinaba sus actividades mediante la electrónica de vanguardia. Su equipo de comunicaciones contaba con radios de frecuencia ultraalta con dispositivos codificadores, criptógrafos de tamaño bolsillo para teléfonos y aparatos de alta frecuencia de comunicaciones por satélite como los utilizados en los B-52 de la Fuerza Aérea.  Para la navegación, sus pilotos tenían anteojos de observación nocturna y otros instrumentos, que Seal una vez describió que eran del mismo alcance y calidad que los utilizados en los submarinos nucleares”. También lavaba dinero a través de los pequeños bancos de Mena, donde trabajaban cómplices que le pasaban dinero a los cajeros en cantidades ligeramente menores de 10 000 dólares, para desviar la atención del SII.

En marzo de 1983, un gran jurado de la Florida condenó a Seal por contrabandear una carga de 200,000  Quaaludes falso, acerca de la misma cantidad que la policía de Louisiana le alertó un año antes. ¿Se trataba de una redada real? O, ¿era quizás un intento por “endilgarle” a Seal  el papel de un traficante de droga conectado con la mafia? O, ¿se trataba quizás de un intento por mantener la influencia sobre alguien que amenazaba con salirse de las operaciones encubiertas? Los Quaaludes falsos tenían tan poco valor que Seal botó miles en un río. ¿Por qué un contrabandista de cocaine de primera línea se arriesgaría por unas pastillas falsas que ni siquiera se podían vender?

En octubre de 1983, el FBI abrió una investigación sobre Rich Mountain Aviation.  El conducto colombiano de cocaína, que exacerbaba la guerra que los Contras libraban para oponerse al gobierno izquierdista de Nicaragua, suministraba gran cantidad de dinero, a medida que cada eslabón de la cadena ocultaba cualquier cantidad de dinero que podía robar. Gran parte de la intensa vigilancia sobre Seal estaba probablemente destinada a controlar sus raterías y no a detener su operación.

Seal fue declarado culpable por el caso de Aquaalude en febrero de 1984 y cumplió diez años de prisión. Desesperado por lograr un trato para salir de la prisión, voló a Washington para reunirse con el Grupo de Trabajo sobre Droga de la vicepresidencia de Bush, donde se le reclutó para una nueva operación. Con cámaras de la CIA ocultas en la parte delantera y en la bodega del avión C-123K de Seal, éste voló hacia el aeropuerto civil Los Brasiles en Nicaragua el 25 de junio de 1984.

Las cámaras ocultas tomaron una serie de fotos de poca definición donde Seal, Pablo Escobar, el líder principal del cártel de Medellín, un hombre misterioso conocido como Frederico Vaughn  y el copiloto de Seal, Emile Camp, junto con soldados nicaragüenses aparecían en las fotos cargando mil doscientos kilos de cocaína. Seal voló en el avión de regreso a la base aérea de Homestead Air Force en la Florida, donde la DEA (Dirección de Lucha Contra la Droga) tomó la cocaína y la CIA el rollo. El objetivo de esta operación era “hacer ver” al gobierno Sandinista como contrabandistas de cocaína.

Por la cooperación de Seal para tejer esta artimaña, un juez federal redujo su sentencia a seis meses de libertad condicional, elogió a Seal por su trabajo contra los Sandinistas y subrayó que cuando un informante pone en peligro su vida mientras coopera con las fuerzas del la ley y el orden, merece una justa compensación.

Ya el 27 de junio de 1984, se estaban infiltrando informes de que el gobierno de Reagan tenía  “pruebas” de Sandinistas involucrados en el contrabando de drogas. En septiembre de ese año Paula Hawkins, senadora republicana por la Florida, acusó a los Sandinistas de “ser un régimen brutal financiado por el comercio de drogas”. A pesar de que no publicaron las fotos en la prensa, la historia ocupó primera plana en todos los Estados Unidos.

Seal continuó transportando armas y suministros en avión para apoyar los esfuerzos de los Contras, además de toneladas de drogas cuando regresaba a los Estados Unidos. Su operación queda totalmente frustrada cuando Emile Camp se estrella contra la ladera de una montaña muy cerca de Mena. Seal y su hermano Ben ,cada uno en un helicóptero, encontraron los restos de la nave luego de dos días de búsqueda. Según los informes de Leveritt, la secretaria de Seal en Rich Mountain Aviation, Deandra Seale, más adelante declaró que Seal y Camp habían planificado viajar a Baton Rouge, luego seguir hasta Miami en el Lear Jet de Seal, pero después de enterarse del robo del Lear después de regresar de Baton Rouge, Seal ordenó a Camp que volase en otro de sus aviones de regreso a Mena, mientras Seal viajaba en un avión comercial. Camp nunca llegó a su destino. Muchas personas de la zona sospecharon que se trataba de un crimen y que el verdadero objetivo era Seal.

En diciembre de 1984, Seal fue detenido en Louisiana por viajar con una carga de marihuana. Luego de haber pagado 250 000 dólares de fianza, Seal reanudó su trabajo como informante de la DEA a fin lograr reducir su sentencia por la carga de marihuana y otros cargos ,entre ellos, planear y organizar la entrada de enormes cantidades de drogas en Louisiana. Seal ayudó en una variedad de casos para que el gobierno lograse obtener 17 condenas, entre ellas, la de Norman Saunders, Primer Ministro de Islas Turcos y Caicos en marzo de 1985 y tres miembros de alta jerarquía del cártel de Medellín. Seal declaró a los investigadores que entre marzo de 1984 y agosto de 1985, ganó un cuarto de millón de dólares con el contrabando de hasta 15 000 kilos de cocaína mientras trabajaba para la DEA, y otros 575 000 dólares cuando la DEA le permitió quedarse con el dinero de un cargamento.

Toda esta ayuda de nada sirvió a Seal en el tribunal federal de Louisiana, donde el 20 de diciembre fue condenado a seis meses de libertad condicional supervisada en un centro de reinserción social del Ejército de Salvación. El juez Frank Polozola le prohibió que portara arma alguna o contratara a un guardaespaldas. “Me convirtieron en una diana”, declaró Seal.

En el crepúsculo de una noche fría en Baton Rouge, el 19 de febrero de 1986, Seal entró en el parqueo del Ejército de Salvación en su Cadillac blanco. Se quedó sentado un momento dentro del auto, luego vio a varios Colombianos armados acercársele. Se cubrió los oídos mientras los disparos de ametralladoras MAC-10 invadían la tranquilidad de la noche.

TRIBUNAL IRREGULAR

Richard Sharpstein, abogado defensor de Miguel Velez, uno de los asesinos de Seal, manifestó:  “Los tres colombianos que fueron a juicio siempre dijeron que, después de ingresar a este país, recibían órdenes de qué hacer y a dónde ir de un ‘gringo desconocido’, un oficial del Ejército de los Estados Unidos, que muy rápido se dieron cuenta que se trataba de Oliver North,”

Sin embargo, nada de esto se declaró en el tribunal.  Los tres asesinos dieron a los abogados la misma información de motu proprio.  Los tres eran convictos de asesinato y ahora están cumpliendo cadena perpetua en una prisión estatal angolana.  Sharpstein dice hoy que a Barry le fastidiaron el negocio por allá por Baton Rouge.

“Lewis Unglesby, abogado de Seal, declaró que cuando le dijeron a Barry que tenía que reportarse al centro de reinserción social, éste les dijo que tenía una orden de ejecución.  Seal regresó a la oficina de Unglesby, desde donde llamaron directamente a George Bush, entonces vicepresidente y coordinador de la Fuerza Especial Antidroga.  Barry amenazó con denunciar la operación de drogas por armas para los contras.  Barry dijo abiertamente a muchas personas que había reclutado y entrenado a muchos de los pilotos para esa operación y que tenía pruebas contra Bush y otros.  Los agentes del Servicio de Impuestos Internos se aparecieron en su casa y afirmaron que había que embargarle 30 millones de dólares porque él había hecho 60 millones de dólares en el negocio de las drogas.  Barry los mandó al infierno.  Volvió a llamar a Bush y le dijo que le quitara al IRS de arriba.  No dejaría entrar a los agentes del IRS en la casa, entonces regresaron con una orden.  Estaba quemando cosas en el baño.  Eso lo declararon los agentes del IRS en la fase de sentencia cuando estábamos tratando de probar que el gobierno estaba implicado.  Poco antes lo asesinaron, amenazaban con quitarle la casa”.  El IRS era capaz de confiscar la mayoría de los aviones de Seal, mientras que sus millonarias cuentas bancarias en el exterior también quedaron misteriosamente vacías.

“Algo interesante se supo de fuentes de la policía local”, continúa Sharpstein.  “Cuando se regó quien era la persona a la que habían matado en el centro de reinserción social, el FBI apareció y se llevó el carro de Seal.  Casi no quedó nada.  Por último hicimos que nos dieran un par de cajas. Aseguraron que nos habían dado lo que tenían,  como un pasaporte falso de Honduras, pero nada de valor”.

Cuando HT señaló que no parecía legal apoderarse de una prueba en el escenario de un asesinato en investigación, Sharpstein contestó arrepentido, “Está bien, pero aquí han pasado muchas cosas raras.  Los colombianos recibieron cadena perpetua en lugar de pena de muerte porque demostramos la complicidad del gobierno”.  Lo más importante que se recuperó del carro de Seal fue el número del teléfono privado de George Bush.

Hopsicker es el primer investigador que observó que hubo otros asesinatos ese mismo día, incluidos los capos del cártel de Medellín.  A Pablo Carrera, el número dos, lo mataron a tiros en Colombia, igual que a Pablo Ochilla, cuñado de Jorge Ochoa.  Los asesinatos tuvieron lugar a la vez en Colombia, Miami y Baton Rouge.

“Barry Seal no fue asesinado por el cartel de Madellin”, asegura Hopsicker, quien alega que hasta 30 miembros del cártel también fueron asesinados esa misma noche.  “El asesinato de Seal pudiera haber sido el primer aldabonazo de la purga de la Operación Águila Negra, una red de 5 mil miembros que posibilitan la exportación de armas hacia Centro América y la importación de drogas de retorno.

SABOTEAR LAS INVESTIGACIONES

Al describir su investigación conjunta con el agente del SII,  Bill Duncan sobre el aeropuerto Mena,   Russell Welch, ex teniente de la policía estadual de Arkansas,  ha declarado al High Times que trabajaba de conjunto con un investigador criminalista del SII en una investigación, directa y encaminada a imponer el cumplimiento de la ley, en cuanto a una operación de contrabando de cocaína. “A medida que pasó el tiempo, todo se complicó más, nuevos elementos salieron a la luz, no se manejó la investigación del Departamento de Justicia de la misma manera que otras investigaciones. Este hecho nos ocasionaba problemas, y finalmente, en lo que a nosotros respecta,  resultó en una ruptura de todo el sistema judicial-penal, en el sentido de que el asunto se manejó de otra manera desde el punto de vista de la fiscalía y del Departamento de Justicia.  Al preguntarle si consideraba que Seal había tenido protección, Welch responde: “Sin lugar a dudas”.

De acuerdo con la opinión de Welch acerca de los esfuerzos del gobierno de los Estados Unidos por investigar, o no investigar, la operación que  Seal desplegaba en Mena, Seal dirigía de manera muy evidente una operación de contrabando de cocaína. Desarrollamos con éxito la investigación. Incluso J. Michael Fitzhugh, el entonces Fiscal Federal a cargo del aeropuerto Mena, expresó en  tres o cuatro ocasiones que enjuiciaríamos a estos individuos. Convocó reuniones de todos los factores involucrados en el caso, y, si bien  la DEA (Dirección de Lucha contra la Droga) y el FBI permanecían cerca y actuaban como si tuvieran una investigación en proceso, para nosotros estaba claro que no era así. Habíamos citado a Seal  30 días antes de su asesinato. Durante un año, intentamos traerlo a Arkansas para que nos respondiera algunas preguntas, entonces, tres días antes de Navidad recibimos una llamada para interrogarlo en Louisiana, y así lo hicimos. Un mes después, lo  asesinaron.

Una secretaria de la Rich Mountain Aviation, quien resultó ser además la hija de un alto funcionario colombiano, dijo a Bill Duncan, socio de Welch, que Seal había pagado un soborno de 450 000 dólares  directamente al Fiscal General Edwin Meese, lo que podría explicar por qué las investigaciones federales sobre Seal nunca se materializaron.

En diciembre de 1987, cuando Duncan estaba a punto de prestar declaración ante el Subcomité Judicial de la Cámara para asuntos delictivos, que intentaba descubrir por qué nunca se formularon cargos en el caso del aeropuerto Mena, dos abogados del SII, designados para “asesorarlo” mientras se preparaba para declarar le dijeron que no mencionara el supuesto soborno ni su opinión de que la investigación había sido frustrada debido a la intromisión del Departamento de Justicia de los Estados Unidos. Tiempo después, declaró que le pidieron que “mintiera bajo palabra”. Duncan renunció en 1989, después de 17 años de trabajo en el SII, indignado por la forma en que su investigación de las actividades de Seal había sido saboteada. Welch también renunció después de recuperarse de una infección por ántrax.

A las dos semanas del asesinato de Seal, William J. Guste hijo, Fiscal General del estado de Louisiana, escribió una áspera carta  dirigida a Meese, en la que exigía saber por qué no se había brindado protección a Seal, cuando este sabía tanto respecto del tráfico ilegal de drogas a nivel internacional y, de acuerdo con las cifras de Guste, había introducido drogas en Estados Unidos por un valor entre tres y cinco mil millones de dólares. No hubo respuesta a sus preguntas.

Leveritt cita una declaración escrita de Joe Hardergree, fiscal por el condado de Polk, Arkansas, en la que explica por qué no hubo acciones concretas en las investigaciones realizadas en Mena: “Tengo razones de peso para pensar que todos los organismos federales responsables del cumplimiento de la ley, del Departamento de Justicia hacia abajo, con inclusión del FBI y de la DEA, fueron llamados a  restar importancia y a no hacer demasiado hincapié en ninguna investigación o acción judicial que pudiese sacar a la luz las actividades de Seal y la participación de los organismos nacionales de seguridad en ellas. Parece ser que, fue en este contexto que los jurados indagatorios federales y autoridades de Arkansas responsables de hacer cumplir la ley detuvieron sus serias deliberaciones o investigaciones respecto de las actividades de Barry Seal y el resto de las circunstancias alrededor del caso. Lo más lamentable de todo este asunto es el hecho evidente de que las investigaciones federales de narcotráfico relacionadas con los sucesos del aeropuerto de Mena pasaron a formar parte de la política interna, y de forma más particular, de las guerras privadas dirigidas por la Casa Blanca de Reagan. Además, este asunto se convirtió en un tema tan delicado que ninguna información respecto de las actividades  de Seal podía ser de conocimiento público. El resultado final es que no sólo Seal, sino también todos sus cómplices, todos los que trabajaron con él o lo ayudaron en sus actividades de narcotráfico ilícito recibieron la protección del gobierno”.

Según Leveritt, en 1988, dos años después de que Seal fuera asesinado, la Casa Blanca de Reagan “le ordenó a la CIA, a la Agencia de Inteligencia para la Defensa, y a la Agencia de Seguridad Nacional no entregar ninguna información que la Oficina de Contabilidad General pidiera respecto de investigaciones de los sucesos de Mena”.

SALIR DEL ANONIMATO

A pesar de los obstáculos interpuestos por el gobierno, las investigaciones sobre las actividades que se realizaban en Mena continúan,  encabezadas por informantes que divulgan información dañina encubiertos en el anonimato, provenientes del mundo de las operaciones encubiertas. El más fascinante de estos personajes es el mayor Gene Duncan, alias  Doris Gene “Chip” Tatum.

Hace muchos años, Tatum publicó un artículo en la Internet titulado “Who the Hell is Ellis McKenzie?” (¿Quién diablos es Ellis McKenzie?) En él se explicaba en detalle una misión especial  que cumplió en Honduras, luego de la muerte de Seal, que incluía un traficante de cocaína que utilizaba el ex alias de Seal. Tatum fue detenido por traición y encarcelado. Mientras estaba en prisión, continuó en el empeño de publicar en la Internet  material sensible respecto de Seal. De repente, fue puesto en libertad y desapareció de inmediato. Se supone que esté muerto. Antes de desaparecer, Tatum publicó una lista de “jefazos” que, según alega, le fue entregada por el propio Seal:

LISTA DE JEFAZOS DE BARRY SEAL

William Casey, Director de la Central de Inteligencia Clair Elroy George, Jefe del Grupo de Tarea para América Central de la CIA Vicepresidente George Bush Dr. Henry Kissinger, Presidente, Kissinger Associates, ex secretario de estado de los Estados Unidos; ex Asesor de Seguridad Nacional. General Alexander Haig, ex secretario de estado Donald Gregg, ex Asesor de Seguridad Nacional del Vicepresidente Bush, embajador en Korea y presuntamente “Controlador” conjunto para el caso de Manuel Noriega en Panamá, junto con William Casey Duane “Dewey” Claridge, CIA Joseph Fernández, Jefe de estación de la CIA en Costa Rica Teniente Coronel Oliver North, ayudante del Consejo Nacional de Seguridad John Singlaub, agente encubierto de la CIA  William Colby, Director de la Central de Inteligencia, 1973-1976 Richard V. Secord William Weld, jefe de la División de Asuntos Penales del Departamento de Justicia de los Estados Unidos Felix Rodriguez General Peroot, Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA)

Sólo una persona aparecería para refutar la demanda de Tatum: William “Bear” Bottoms, ex piloto de la marina de guerra, el hermano de la primera esposa de Seal, y uno de los pilotos en las operaciones de contrabando de Seal. Después de llenar su sitio de Internet con un sinnúmero de palabrerías que no conducían a parte alguna, Bottoms se ganó el cartel de especialista en desinformación número uno en lo concerniente a Mena.

Mientras tanto, el avión favorito de Seal ha pasado a formar parte de una flota de aviones al servicio de George W. Bush  como Gobernador de Texas. Según  Hopsicker informó en el  boletín, From the Wilderness, del antiguo oficial antinarcóticos de la policía de Los Ángeles, el 31 de octubre de 1999, el avión  Beechcraft King Air 200 de 1982 (número de matrícula N6308F de la Administración Federal de Aviación, FAA, número de serie BB-1014), atravesó un intrincado camino desde Seal hasta Bush que hace que nos remontemos inmediatamente a los idílicos tiempos del asunto Irán-Contra.

“Seguí al avión basándome en sus dueños, entre Seal y Bush, y ¿sabes qué? Son algunas de las mismas personas vinculadas a algunos de los más grandes fraudes financieros que estaban bajo la rúbrica de los escándalos Irán-Contra, ahorros y préstamos, y todos ellos tenían relaciones con la familia de Bush”, expresa Hopsicker.

“Escuché a montones de personas decirme cuán generoso y afectuoso era Seal”, termina diciendo Hopsicker. Sin embargo, en los últimos días de su vida, Seal mostró señales de consumo de cocaína, ya no era encantador ni amistoso, sino simplemente otro desesperado adicto a la cocaína. Uno de los amigos de la infancia de Seal, John Prevost, dijo a la esposa de Seal poco tiempo antes de su muerte, “Díle a Barry, que si él está en las drogas, necesita morir en un cacharro envuelto en llamas”. Prevost dijo a Hopsicker que Seal había realmente cambiado. Mantenía un arma debajo de su auto y era bullanguero, alardoso y arrogante. “No era el Barry que conocía.”