Años grises en la historia colombiana

Miércoles 22 de Junio de 2016 – 02:01 AM
Sangre, odio, venganzas. han vivido muchas generaciones de colombianos que han visto de frente el dolor de la guerra.

La historia de Colombia ha estado marcada por acontecimientos turbios; la tristeza, el odio, el dolor y la muerte han imperado durante muchas décadas: nadie se salva, o sálvese quien pueda.

Se dice que quien no conoce su historia está condenado a repetirla, así se escucha siempre en pasillos universitarios. Tristemente ,al parecer en nuestro territorio gana la memoria selectiva; se ha naturalizado la tragedia, la indiferencia ha sido la pócima para aguantar tanto dolor. Aquí una serie de momentos de los últimos 41 años, los días grises de nuestra historia.

Toma del Palacio de Justicia

Corrían los primeros días del mes de noviembre de 1985, el país esperaba que se hiciera tangible la promesa del presidente Belisario Betancourt de hacer la paz con los grupos armados, contrario a ello el miércoles 6 de noviembre de ese año, el grupo guerrillero M-19 se tomó el Palacio de Justicia, reteniendo a más de 300 personas. Hecho al cual la policía y el ejército respondieron por orden directa del presidente. La Toma del Palacio se extendió hasta el 7 de noviembre, dejando 98 muertos y once personas desaparecidas.

Muerte a la palabra: el crimen de Guillermo Cano

Si hay algo que es riesgoso en Colombia es trabajar como periodista, ser esa piedra en el zapato de esos que esperan silenciar la verdad con balas; eso lo tenía muy claro Pablo Escobar. El 17 de diciembre de 1986 sicarios al servicio del Cartel de Medellín asesinaron a Guillermo Cano, Director de El Espectador, uno de los golpes más fuertes que ha recibido el periodismo colombiano. “Así como hay fenómenos que compulsan el desaliento y la desesperanza, no dudo un instante en señalar que el talante será capaz de avanzar hacia una sociedad más igualitaria, más justa, más honesta y más próspera”. Esas fueron las palabras que quedaron plasmadas en la última editorial que Guillermo Cano escribió.

Pablo Escobar: cuota de sangre y dolor

Si hay algo que recuerden los colombianos y el mundo entero de los últimos 41 años, fue el crecimiento del narcotráfico en Colombia orquestado por un hombre que llegó a estar en la lista de las personas con más dinero en el mundo y que ofreció pagar de su bolsillo la deuda externa del país: Pablo Escobar “El Patrón”. Su crecimiento se fue dando a los ojos de los colombianos. El pueblo y el establecimiento tocaron sus manos manchadas de sangre y muerte.

Fueron décadas protagonizadas por el más grande capo del narcotráfico de la historia colombiana, hasta que el 2 de diciembre de 1993 fue dado de baja en una operación liderada por el coronel Hugo Aguilar.

Proceso 8000: ¿Narcopolítica colombiana?

La década de los 90 no solo estuvo empañada por el auge del sicariato o por las bombas que explotaban en cualquier momento y dejaban centenares de muertes. El narcotráfico seguía buscando inmiscuirse en diferentes esferas del país, entre ellas la política. Para la fecha el presidente de Colombia era Ernesto Samper, quien fue acusado por la fiscalía de haber recibido dinero producto del narcotráfico, para la campaña presidencial. A pesar de ello, Ernesto Samper siempre se declaró inocente, llegando a popularizar la frase: “Aquí estoy y aquí me quedo”.

Guerra de carteles: ambición de poder

En las últimas décadas el narcotráfico no solo desangraba la población civil o las fuerzas militares; también ellos mismos se destruían en busca de poder y territorio, Una de las guerras más cruentas en la historia colombiana tiene que ver con la pelea entre el Cartel de Medellín y el Cartel de Cali, a manos de los hermanos Rodríguez Orejuela, hoy recluidos en una cárcel en Estados Unidos.

Miguel y Gulberto Rodríguez Orejuela, eran dueños de la cadena de droguerías “La Rebaja”, droguerías que serían blanco de Pablo Escobar en la guerra que ambos carteles emprendieron.

Carlos Lehder

Nació en Armenia, su papá fue un alemán que se radicó en Colombia . De la misma manera que Pablo Escobar, se inició en el mundo delictivo robando carros, Escobar lo hacía en Colombia, Lehder en Estados Unidos. A mediados de los 70, estuvo preso en tierra norteamericana, diez años después su nombre aparecería en las listas de los narcotraficantes más buscados. Para esa época, era conocido por su vida llena de excesos, lujos y drogas. Tenía cierta ventaja frente a los otros capos del narcotráfico. Lehder sabía manejar aviones y esto le permitía conocer y crear muchas rutas para el transporte de drogas. La doble moral también lo representaba, quienes lo conocieron aseguran que se creía un “Robin Hood” colombiano. No se sabe en cifras exactas cuánta gente murió por orden de Lehder, pero es seguro que fue grande el dolor que le causó al país, además deinundar las calles colombianas y estadounidenses de cocaína. En la actualidad cumple una condena en Estados Unidos, hace poco envió una carta al presidente, solicitándole intercediera por él, pues quiere regresar a Colombia a morir. Sigue haciendo gala a la frase “Es mejor una tumba en Colombia que una cárcel en Estados Unidos.

Cano y Reyes, muertos en su ley

Alfonso Cano fue tal vez uno de los integrantes de las Farc con más prontuario académico, considerado un ideólogo político, llegó a ser el máximo líder del grupo guerrillero. Abatido por las fuerzas militares colombianas el 4 de noviembre de 2011. Guillermo León Saénz Vargas, era su nombre antes de enfilarse en la guerrilla. La operación en la que murió se llamó “Operación Odiseo”.Fue un duro golpe para las Farc, pero no fue un impedimento para que se iniciara un proceso de paz con el estado. Durante los últimos diez años han sido varios los integrantes de las Farc que han sido asesinados por el ejército. Entre ellos, Alias Raúl Reyes.

Luis Edgar Devia Silva era su nombre correcto, se hacía llamar “Raúl Reyes” y fue durante muchos años la voz de las FARC hacia el pueblo y el estado colombiano. En el gobierno de Álvaro Uribe Vélez y siendo Juan Manuel Santos, Ministro de Defensa, se dio de baja Raúl Reyes en territorio ecuatoriano; lo que despertó malestar entre Colombia y Ecuador por la violación del derecho internacional y la soberanía.

El sueño militar

Las selvas colombianas no solo arropan vegetación y animales, por ellas durante muchos años la guerrilla y el ejército han jugado al gato y al ratón. Sangre ha corrido por los ríos y cuerpos han quedado a la intemperie. En ese juego de buscas y encontrar, de encontrar y disparar, en el año 2005 un grupo de soldados que buscaban a los tres norteamericanos secuestrados por las FARC, caminaban por la zona selvática de La Macarena encontraron un campamento abandonado: no habían personas, no habían armas, no había droga, lo que había era dinero, más que todo el que ellos se habían ganado durante toda su vida. Dinero que no devolvieron, y que los llevó a pagar cárcel y devolver lo que no se habían gastado. Encontraron La Guaca, una historia que ha dado hasta para películas. Hoy todos están libres, el sueño se les diluyó.

Paramilitares

Durante la década del 70, el pueblo colombiano cada vez se sentía más atacado por la guerrilla, esto llevo a la creación de grupos al margen de la ley, para combatirlos. Pero el remedio salió más caro que la enfermedad, fueron muchos años los que la población civil no sabía de quién esconderse: de la guerrilla o de los paramilitares, ambos han usado el terrorismo, las masacres, el miedo para lograr sus objetivos .Hoy en día a pesar que durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez se desmovilizaron, siguen teniendo poder y muchos de los que hicieron parte de ese proceso de dejación de armas, volvieron a ellas, crendo las Bacrim. Nuevamente usando el miedo como arma para conseguir territorios donde el negocio de las drogas sea solo de ellos. Como podemos ver la historia colombiana que en muchos escenarios se ha vestido de gloria, ha izado la bandera o entonado el himno con orgullo y tezón, también ha sido conocida por momentos tan turbios como dolorosos. Pero ha sido eso, ese estar entre grises, ese vivir el dolor, encarnarlo y urgar en él, lo que también ha forjado el carácter de los colombianos.

Es claro que en muchas personas la indiferencia sigue existiendo. La historia colombiana como los ríos sigue un cauce, está en desarrollo y es obligación de nosotros no repetir las barbaries que han empañado a tantas generaciones. Muchas personas murieron sin conocer un país en paz. Hoy la guerra no puede ser la opción. El fantasma del narcotráfico, el conflicto armado, el paramilitarismo, la muerte a periodistas, no tienen porqué seguir desahuciando las esperanzas de un país en paz. Tal vez, si lo logramos, alguien podría pensar en Antonio Nariño, y decirle: “Mi general, para informarle que la patria ya no es boba”.

Publicada por
JHONWI HURTADO