Cuando mi padre, Pablo Escobar, quiso secuestrar a Chabeli Iglesias


pablo_escobarNo todo está dicho sobre la vida de uno de los narcotraficantes más poderosos
Pablo Escobar junto a su hijo.
ALBERTO DOMÍNGUEZ Actualizado: 12/04/2015 09:45/ www.elmundo.es
“Nosotros no queremos hablar en estos momentos. Pero eso sí, al que lo mató… Yo solo voy a matar a esos hijoputas, yo solo los mato…”.

Esa fue la reacción en caliente de Juan Pablo Escobar con 16 años, que pasadas las tres de la tarde del 2 de diciembre de 1993 recibía la llamada de una periodista que le confirmaba la muerte de su padre. El cuerpo sin vida de Pablo Escobar, el poderoso narcotraficante colombiano, yacía en el tejado de una casa en Los Olivos, en la ciudad de Medellín (Colombia).
Un dolorido Juan Pablo juró venganza. Horas después optó por el retracto y con el paso de los años por diferenciarse de la imagen de su padre. “Pude haberme convertido en Pablo Escobar 2.0, pero me convertí en el arquitecto, en el diseñador, en el conferencista y ahora en el escritor Sebastián Marroquín”, dice.


Más de 20 años han pasado y Juan Pablo, de 38, que cambió su identidad por Juan Sebastián Marroquín Santos desde 1993, decidió retratar la vida íntima de Escobar, el personaje del cual se han rodado películas, documentales -incluido Pecados de mi padre, en el que su hijo es el protagonista-, series que han traspasado fronteras y escrito infinidad de artículos y libros, pero que nunca antes estuvo en la pluma de su hijo.

El próximo miércoles, 15 de abril, Juan Pablo estará en Madrid, lo hará después de que su libro Pablo Escobar, mi padre (Editorial Península) salga a la venta el martes en toda España. Un territorio que no fue ajeno a las andanzas y aficiones del extinto jefe del cártel de Medellín, tal y como lo detallan las memorias de su primogénito y que Crónica trae en adelanto exclusivo.

En su libro, Juan Pablo Escobar revela detalles íntimos de la ostentosa vida familiar de los Escobar Henao, de los actos criminales de su padre y también reabre el debate sobre las circunstancias que determinaron la muerte del capo del narcotráfico en Colombia. El autor reafirma la versión -ya conocida- de que su padre no murió abatido por los disparos de los agentes que participaron en el operativo policial sino que, al verse acorralado y estando herido, se quitó la vida con un disparo que ingresó por la sien derecha.

El autor fundamenta la versión del suicidio en el informe de la necropsia realizada al cadáver del narcotraficante el mismo día de su muerte. En el documento consta que un disparo ingresó por el oído derecho, a lo que Juan Pablo agrega en sus memorias una de las frases lapidarias que solía repetir su padre: “A mí nunca en la gran puta vida me van a atrapar vivo”.

A continuación, los episodios españoles del mayor capo del narcotráfico colombiano que rememora su hijo.

El querido ‘rock and roll’ del Surrealista salvador Dalí

“Antes de prenderle fuego a la vivienda, los hombres de Castaño bajaron del techo una de las obras de arte más preciadas de mi madre: la pintura Rock and Roll del genio español Salvador Dalí. El óleo no era grande, pero su valor sí. Esa es la misma obra que Castaño ofreció devolverle a mi madre después de la muerte de mi padre, cuando buscábamos la paz con los cárteles del narcotráfico.


-Señora, yo tengo un Dalí suyo, el Rock and Roll, que vale más de tres millones de dólares; se lo devuelvo para que cuadre con esta gente -dijo Castaño, seguramente cumpliendo órdenes de su hermano Fidel, que ya había prometido el retorno de la obra.

-No, Carlos, no se preocupe por devolver ese cuadro; yo le hago llegar los certificados originales, quédese con él -respondió mi madre casi instintivamente, ante la mirada sorprendida de los capos”.

[La familia Escobar Henao tuvo en su poder una colección de arte “original y apreciable”, según lo estableció un galerista -que se identificó falsamente como Fernando- en 1983, en una entrevista concedida al diario local El Colombiano. El experto fue invitado al hogar de la familia por la esposa del capo, María Victoria Henao. Después de la visita, el galerista aseguró haber constatado cuatro grabados y un dibujo del artista figuerense, además de diferentes obras del también exponente del surrealismo, Joan Miró. Las obras de Miró, afirmó el galerista, adornaban incluso el baño del hogar de los Escobar Henao, en la ciudad de Medellín. El relato de la familia apuntaba a que los cuadros fueron adquiridos directamente del artista nacido en Palma de Mallorca, recuerda el experto. Unos peritos de la Dirección Nacional de Estupefacientes, la desaparecida entidad encargada en el país suramericano de gestionar los bienes de propiedad de los narcotraficantes, certificaron en 2004 que 11 obras de propiedad de Escobar, entre ellas un Dalí, no eran originales. El Rock and Roll estuvo en poder de los hermanos Fidel y Carlos Castaño, jefes de bandas paramilitares en Colombia que murieron asesinados el 6 de enero de 1994 y el 16 de abril de 2004 respectivamente, desconociéndose el paradero de la obra adjudicada a Dalí. La capacidad económica de Escobar favoreció su afición por el arte. El pintor y escultor colombiano Francisco Antonio Cano fue su artista predilecto e intentó obtener toda su obra. La galería personal del capo incluyó obras de artistas como Enrique Grau y Fernando Botero, así como piezas adjudicadas a Picasso, elaboradas por el malagueño en 1938].

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Astados de Cáceres para torear en la macarena de Medellín

“Las penurias de los habitantes de Moravia conmovieron de tal manera a mi padre que se propuso sacarlos de allí y regalarles casa gratis. Así nació Medellín sin Tugurios. Su plan consistía en construir 500 viviendas y llegar a 5.000 unidades habitacionales en los siguientes 24 meses.


Luego se propuso recolectar fondos para financiar la construcción de viviendas y organizó una corrida de toros en la plaza de la Macarena. El cartel del acto muestra que mi padre se la jugó a fondo para llenar el escenario: trajo los toros en avión desde Madrid, España, de la ganadería Los Guateles; contrató a los reconocidos toreros Pepe Cáceres y César Rincón e invitó a los rejoneadores Dayro Chica, Fabio Ochoa, Andrés Vélez y Alberto Uribe; también invitó a la reina y virreina de la belleza de Colombia de 1982, Julie Pauline Sáenz y Rocío Luna, entre otras beldades elegidas en el concurso nacional de Cartagena.

Toreros, rejoneadores y reinas asistieron de manera desinteresada porque la ciudadanía observaba que Medellín sin Tugurios había empezado a solucionar el drama de quienes lo perdieron todo en Moravia”.

[El domingo 13 de marzo de 1983, Pablo Escobar, rodeado de los entonces parlamentarios colombianos Alberto Santofimio y Jairo Ortega y su familia, además de los asistentes que colmaron toda la sillería disponible en el coso taurino de la ciudad colombiana de Medellín, disfrutaron de cuatro toros de la prestigiosa ganadería ubicada en el municipio de Aliseda, en la provincia de Cáceres. Los astados, que fueron enfrentados por los renombrados matadores locales Pepe Cáceres y César Rincón, defraudaron en su presentación ante el público asistente, según las reseñas de la época que recoge la Corporación Plaza de Toros La Macarena].

El etarra que les enseñó a preparar coches bomba

“El uso de coches bomba en ataques terroristas también tuvo su epicentro en Nápoles. Ocurrió cuando mi padre acudió a los servicios de Chucho, un experto en explosivos que se especializó en Cali con un integrante de un grupo terrorista español, al que Gilberto Rodríguez Orejuela conoció cuando estuvo detenido en Madrid.

En realidad, nunca entendimos por qué razón el capo del cártel de Cali trajo al español si en aquella época los Rodríguez y mi padre eran amigos y no tenían rivalidades; el mercado de la cocaína en Estados Unidos era enorme y cada uno tenía una zona propia para traficar”.

Chucho había aprendido diversas técnicas para detonar vehículos cargados con dinamita y cómo dirigir la onda explosiva hacia un lugar determinado. Al principio, según comentaron los muchachos, fueron tantas las veces que la pista de aterrizaje de Nápoles fue usada para los ensayos -con coches robados, claro- que debieron hacerse con mucho cuidado por el riesgo de las detonaciones”.

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[EL TEXTO DE JUAN PABLO ESCOBAR NO entra en detalles sobre la identidad del hombre pero las informaciones disponibles indican que era Miguelito. Ése era el apodo con el que los hombres del capo colombiano se referían al etarra que viajó en 1986 desde España para asesorarlos en la explosión de coches bomba activados a control remoto. John Jairo Velásquez Vásquez, Popeye, jefe de sicarios del cartel de Medellín, reconoció que ese no era el nombre real del español, al que describió como “un hombre bien presentado, no usaba desodorante >-por lo cual llamaba la atención-, blanco, de 1,72 de estatura, 42 años, gordito, inteligente, muy bien hablado, jovial”. Con la técnica aprendida a Miguelito, Escobar sembró el terror en las principales ciudades colombianas a finales de los años 80 y principios de los 90. Con un vehículo cargado con 1.000 kilos de dinamita amoniacal ocasionó la muerte de 63 personas en el edificio del Departamento Administrativo de Seguridad, el antiguo servicio de inteligencia estatal colombiano, el 6 de diciembre de 1989. Dos meses antes, el 2 de septiembre, sus hombres destruyeron la sede del diario de circulación nacional El Espectador. El periplo de Miguelito en Colombia no terminaría bien: fue descuartizado por el personal de Escobar al descubrirse que también estaba instruyendo en técnicas de terrorismo a miembros pertenecientes al cártel de Cali, según relata Popeye].

Su pasión por la balada española y un show de Julio Iglesias en Cali

“Era 1970 y Pablo se deleitaba con los ritmos alegres y contagiosos de las orquestas Billo’s Caracas Boys, Los Graduados y la recién creada banda de Fruko y sus Tesos; también le gustaba escuchar a Piero, Joan Manuel Serrat, Camilo Sesto, Julio Iglesias, Miguel Bosé, Raphael, Sandro, Elio Roca, Nino Bravo y, su ídolo, Leonardo Fabio.

La Copa Renault fue trasladada a Cali un fin de semana y mi padre y todo su equipo se hospedaron en el hotel Intercontinental, donde justo se encontraba el cantante español Julio Iglesias, quien esa noche de sábado se presentaba en la discoteca Los Años Locos. Mi padre compró más de 100 entradas e invitó a sus rivales”.


[CUANDO JULIO IGLESIAS Y ESCOBAR coincidieron en la discoteca de la ciudad de Cali en 1979, el nombre del narcotraficante salía en la prensa no por sus acciones delictivas, sino por sus primeros y únicos pasos como corredor de autos deportivos. Para ese año, el artista madrileño ya había publicado 10 discos, siendo Emociones y As Vezes tu, As Vezes Eu los más recientes, de 1978. Pero esa no sería la única vez que el capo y Julio Iglesias estuvieron cerca. Así lo reportó el semanario colombiano Semana en mayo de 1995, cuando aseguró conocer de una grabación telefónica entre Escobar y el cantante en la que Iglesias le pedía asesoría al narco para liberar a su padre, secuestrado el 29 de diciembre de 1981 por ETA. Julio Iglesias negaría posteriormente la veracidad de esa conversación].

A ver el triunfo de Felipe González con zapatos traídos de nueva York

“Semanas después de regresar de Brasil, mi padre recibió un encargo de la Cámara de Representantes: integrar la comitiva oficial que presenciaría la jornada electoral que elegiría al nuevo jefe de Gobierno en España. Viajó el 25 de octubre con Alberto Santofimio y Jairo Ortega en la primera clase del vuelo de Avianca que hacía la ruta Bogotá-San Juan-Madrid. Tres días después se produjo el arrollador triunfo de Felipe González, candidato del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), quien habría de gobernar 14 años, hasta 1996.

Mi padre se veía contento y, con mi madre, preparó la maleta con la misma ropa de siempre, pero incluyó algo distinto: unos zapatos que le trajeron de Nueva York que tenían un tacón oculto y lo hacían parecer un poco más alto».

[LA NOCHE DEL 28 DE OCTUBRE DE 1982, en una de las ventanas del Hotel Palace de Madrid, los socialistas Felipe González y Alfonso Guerra se daban el apretón de manos que marcaba el final de la Transición en España. No muy lejos, en una de las salas del mismo hotel, esa misma noche, Pablo Escobar -en ese entonces elegido como congresista suplente en el Parlamento del país suramericano y conocido como un exitoso empresario- ocupó mesa junto al torero madrileño Luis Miguel Dominguín y otros personajes de la política en Colombia. El periodista colombiano Juan José Hoyos recrea en su crónica Un fin de semana con Pablo Escobar que la policía española conocía de la estadía del capo colombiano en el hotel ubicado en el número 7 de la Plaza de las Cortes, de la capital española. “Por este motivo, fuerzas especiales allanaron el edificio y detuvieron por un rato a varios asustados congresistas del Partido Conservador -una agrupación política en Colombia -, que se habían acostado temprano. Los senadores, ya vestidos de pijamas, fueron requisados minuciosamente junto con sus equipajes. Mientras tanto Pablo Escobar tomaba champaña con varios amigos y periodistas colombianos en la suite presidencial adonde los había invitado Felipe González”, narra Hoyos en su relato. Otro periodista colombiano, Gonzalo Guillén, enviado especial a Madrid por la agencia de noticias Colprensa para cubrir la jornada electoral del 28 de octubre, contó en su libro Los confidentes de Pablo Escobar que entrevistó durante 15 minutos a Felipe González gracias a que el narcotraficante lo introdujo a él. “Doctor, le presento a un ilustre periodista colombiano”, recuerda Guillén sobre la forma en la que el entonces parlamentario suplente se dirigió al expresidente socialista. “Felipe González fue cortés y era evidente que no sabía quién era Escobar en medio de la marejada de gente que quería estrecharle la mano”].

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Pablo Escobar, en el Hotel Palace de Madrid en 1982Pablo Escobar, en el Hotel Palace de Madrid en 1982.
El plan frustrado de capturar a Chabeli en Miami y llevarla a Colombia


“En forma paralela a su letal estrategia de secuestrar para intimidar, quería conseguir dinero a toda costa para financiar la guerra contra el Estado y el cartel de Cali, que empezaba a demandar más y más recursos. Según me contaron los muchachos tiempo después, mi padre organizó dos grupos para raptar en Miami a Chabeli Iglesias-hija del cantante español Julio Iglesias-y en Nueva York a uno de los hijos del magnate industrial Julio Mario Santodomingo. La idea era traer a los secuestrados a Colombia en un vuelo privado desde Miami, pero el plan nunca se consumó”.

[LOS HECHOS QUE PRECISA EL HIJO DE Pablo Escobar en su escrito podrían estar situados en el tiempo a finales de los años 80 y principios de los 90, cuando el secuestro se convirtió en su forma de amedrentar a la sociedad y conseguir patrocinio para sus actividades criminales. Después del secuestro de su abuelo Julio Iglesias Puga, Chabeli Iglesias, una adolescente de 14 años en ese entonces, fue trasladada en 1985 por decisión de Julio Iglesias a Miami (Florida) en los Estados Unidos, junto a sus hermanos Julio Iglesias Jr. y Enrique. Por esas fechas, en 1988, el narcotraficante colombiano empezaba a mostrar su faceta como secuestrador de personajes públicos para financiar su actividad, al tomar como rehén a quien fuera presidente del país suramericano entre 1998 y 2002, Andrés Pastrana, el 13 de enero de 1988. Posteriormente, Escobar continuaría con la ejecución de secuestros y el 19 de septiembre de 1990 retuvo al entonces jefe de redacción del diario nacional El Tiempo, Francisco Santos Calderón, siendo Chabeli Iglesias, la hija de Julio nacida en Estoril (Portugal), uno de los personajes entre sus objetivos criminales].

Pablo Escobar, mi padre (Editorial Península), de Juan Pablo Escobar