El jefe de sicarios de Escobar: “Era un Dios, como Maradona”

popeye1A meses de haber quedado en libertad, Jhon Jairo “Popeye” Velásquez habló con MDZ y contó cómo era “el patrón del mal”. Involucrado en 250 crímenes, dijo haber cumplido su deuda con la Justicia. “Soy un hombre bueno, pero me tocó ser asesino”, lanzó. Entrevista imperdible.
por Conte, Montiveros y Bustos / www.mdzol.com / 9 de Agosto de 2015 | 06:40

Quienes se sumaron al boom de la serie “Escobar, el patrón del mal” lo conocen como “el marino”, aunque su verdadero apodo es “Popeye” y su nombre, Jhon Jairo Velásquez. Así se hizo mundialmente famoso el jefe de sicarios del narcotraficante más famoso de la historia, Pablo Escobar, quien el año pasado recuperó su libertad.


No duda en presentarse como un asesino a sueldo, ni en admitir su participación activa en 250 crímenes, ni en haber planificado el atentado al vuelo de Avianca que acabó con la vida de cientos de personas a fines de los ’90, entre otros delitos. Afirma haber pagado su deuda con la Justicia y, además, asegura haber dejado atrás su macabro pasado.

Compara a Escobar con Maradona -“Para mí ver la figura de Escobar era como ver a Dios, como cuando un argentino ve a Maradona”- y sintetiza su personalidad: “Escobar no lloraba, no mostraba sus emociones. Se sonreía, no se reía a carcajadas. Tenía una personalidad de hierro, era un monstruo, que miraba a la gente de frente”.

-¿Cómo llegó a ser la mano derecha de Pablo Escobar?

-Yo ingresé a la Marina, donde tomé el sobrenombre de Popeye. Después entré a la Policía y me retiré porque era muy complejo estudiar allí y si uno perdía una materia no ascendía a oficial. Me fui y el destino me llevó a Escobar. Me han gustado las armas, la acción, la adrenalina y, por eso, tomé las armas e integré el ejército de asesinos de Escobar para impedir la extradición de colombianos a Estados Unidos. Tumbamos la extradición y después pasé 22 años y 3 meses en las cárceles de Colombia.


-Participó activamente en 250 asesinatos

-Fue una guerra en Medellín: combate con la Policía Nacional, donde murieron 540 policías, más de 2.100 hombres de Escobar cayeron en las calles, amigos míos, también cayó un candidato a la presidencia, Luis Carlos Galán, un ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, otro ministro de Justicia que se había ido a Budapest fue baleado, hubo 250 bombas en el país. La guerra fue brutal. Hoy se vive una guerra entre el Estado y las FARC. El narcotráfico está vivo. Esto no debió haber ocurrido, acá hablamos de más de 50 mil muertos. Yo reconocí mi participación en 250 muertes. La guerra fue brutal para muchos inocentes.

-¿Cómo se puede justificar una pelea de este nivel? ¿Por qué luchaba?

-Primero, por Pablo Escobar, un buen patrón. Nunca le vi el miedo en los ojos. Luchábamos para que no extraditaran colombianos a Estados Unidos. En aquel momento, ser extraditado a una cárcel de Estados Unidos era ir a un calabozo y no ver la luz, hoy las cosas han cambiado. El problema fue la droga, el combustible de todas las guerras. Cuando muere Escobar, la pasta de coca se traía de afuera, pero hoy Colombia está sembrada de matas de coca.

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-¿Cuándo empezó a traficarse cocaína en Colombia?

-Colombia empezó en los ’70 con la cocaína cuando en Estados Unidos no sabían qué era. Yo he visto que en Argentina ya está el narcotráfico, con extorsiones, traficantes. En Colombia yo estoy apartado, pero primero era Pablo Escobar, después los paramilitares. Hay existe tráfico a Estados Unidos, a Europa, a toda Latinoamérica y hasta a Australia.


-En este programa, el expresidente Andrés Pastrana contó que se entrevistó con usted en la cárcel

-El doctor Pastrana era un objetivo porque atacamos la clase política, que hace las leyes. Queríamos que llamaran a Constituyente para cambiar la Constitución. Yo lo secuestré cuando era candidato a alcalde de Bogotá. Lo entregué a otro grupo para que lo tenga, pero cometen errores, interviene la Policía y lo rescatan. A la mañana, yo con un comando ataco al procurador José María Córdoba en Medellín, donde mueren dos escoltas de él y un hombre mío. Después de que la Policía rescató a Pastrana, yo ejecuté al procurador para bajar el triunfalismo del Gobierno.

-¿Cómo era su vida como mano derecha de Escobar?

-Para mí ver la figura de Escobar era como ver a Dios, como cuando un argentino ve a Maradona. Una vez me rescató en helicóptero de la cárcel. Era un gran hombre. Cuando me hirieron una vez él me visitó en mi casa. Era un gran líder.

-¿Sigue enemistado con la familia de Escobar, la cual vive en Argentina?

-Yo hago un acercamiento con el señor Sebastián Marroquín (Juan Pablo Escobar, hijo de Pablo, se cambió el nombre) por el respeto del alma de Escobar. La historia de él es muy interesante porque es el hijo de Escobar. La historia de ellos es muy importante. Yo tengo la historia desde la parte militar, pero no familiar. Yo estuve con Pablo 13 meses en la cárcel La Catedral, me fugué con él.


-¿Cómo fue la estadía en La Catedral?

-Era un cárcel entre comillas, era una casa que se llamaba La Catedral. Pablo Escobar la hizo construir con el doctor Jorge Mesa, alcalde de Envigado. Todo fue concertado con el Gobierno. Subían las figuras del país porque nosotros ya estábamos en el marco de la Justicia. Pablo Escobar llevó canchas de fútbol a las comunas, regaló barrios enteros, quería hacer un trabajo político para coger las bases para la mafia, él no era un santo.

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-¿Qué semejanza encuentra entre el Chapo Guzmán y Escobar?

-Soy un apasionado por el mundo de la mafia y el Chapo Guzmán me parece un hombre guapo. Un señor que se ha fugado dos veces de cárceles de máximo seguridad. Mírele nomás la mirada: el Chapo Guzmán es un asesino poderoso, un gran líder. Pero no es capaz de enfrentar al Estado mexicano, no tiene la fuerza. No creo que vuelva a nacer en el mundo un bandido como Pablo Escobar que enfrente al Estado. Enfrentar al Estado es muy delicado. Al señor Guzmán le di 18 meses en libertad. Dejó en ridículo a México, como nosotros cuando escapamos de La Catedral. La bolsa bajó, la reputación del presidente quedó por el suelo.

-Cuando ustedes estuvieron en La Catedral y después se fugaron, el presidente era César Gaviria, a quien ustedes quisieron cuando era candidato. Le pusieron una bomba al avión pero Gaviria no se subió.


-Cuando nosotros matamos a (Luis) Galán, Juan Manuel Galán (su hijo) le entregó las banderas del nuevo liberalismo a Gaviria, quien también enarbola la bandera de la extradición de colombianos y se convierte en objetivo del Cartel de Medellín. Cuando iba la caravana rumbo al aeropuerto, su jefe de seguridad tuvo una corazonada y no lo dejó abordar y el avión despegó sin el candidato y explotó en el aire. El coronel que lo custodiaba me lo comentó a mí cuando estuvo a cargo de La Catedral. Gaviria recuperó su prestigio cuando murió Escobar.

-¿Usted era un hombre bueno o un hombre malo?

-Yo soy un hombre bueno, pero me ha tocado la guerra y mi profesión era asesino profesional. Si entro a un ascensor con una señorita ni la miro, pago mis cuentas, respeto las señales de tránsito, no me embriago. Estuve en una guerra y pagué con 23 años de cárcel. Estuve en una cárcel con 44 grados a la sombra. Se me dio la oportunidad de estudiar, un sistema penitenciario que crece a pesar de las dificultades. Me cambiaron mi forma de pensar y de actuar.

-¿Se arrepiente de algo?

-En la guerra perdí amigos, familia, ellos le cortaban la cabeza, y nosotros a nuestros enemigos. Me arrepiento de la muerte de Galán, de las bombas, donde murieron niños.

-¿Teme por su vida?

-Colombia es un país muy peligroso pero ha avanzado. Yo me encuentro con la Policía y es diferente. La clase política es muy compleja, es la misma de cuando estaba Escobar. El problema es la corrupción. Yo por mi vida no temo porque ya estoy muerto, tengo 53 años y se me puede parar el corazón de un momento a otro. Sigo reconociendo mis crímenes, soy la memoria histórica del Cartel de Medellín.

-¿De qué vive?

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-Tengo recursos limitados, pero tengo dónde vivir, mi carro, vivo de mis libros y busco oportunidades en el cine, documentales. Acabo de escribir “Sobreviviendo a Pablo Escobar”, que muy pronto llegaría a Argentina, pero hay un problema: ya no se puede importar libros, se está convirtiendo en Venezuela y es triste. Para llevar un libro hay que imprimirlo allí, y como no importan, la tinta y papel son caros.

-¿Si hoy le ofrecieran dinero por matar, lo haría?

-No me hace falta matar. Estoy buscando una oportunidad que me dé la sociedad. Ya no anhelo nada de lo que no pueda conseguir. He aprendido muchas cosas, tengo muy buena salud, disfruto saliendo a caminar. Cosas que la gente no ve, yo sí.


-¿Qué fue de la fortuna que acumuló el Cartel de Medellín?

-Pablo Escobar fue un hombre muy rico, acumulaba riqueza, pero para pelear. La fortuna se fue en la guerra, es costosísima. Valió más de 500 millones de dólares. A los bandidos hay que pagarles en efectivo.

-¿Ha tenido la posibilidad de hablar con los familiares de sus víctimas, como el hijo de Rodrigo Lara Bonilla (exministro de Justicia)?

-Es senador, nunca me ha atacado a mí. Yo he tenido el valor de decir quién estuvo involucrado en la muerte de su padre. Hay un exfuncionario preso por mi testimonio. He pedido perdón a las víctimas, pero los humanos nunca perdonan, por eso la paz en Colombia es muy difícil. El pueblo quiere que las FARC paguen con sesenta años de cárcel. Las FARC no pueden pagar un solo día de cárcel, tienen que ver la forma de armar su partido político. Las FARC no son bobos, son estudiosos, come libros. En el año ’85 nació la Unión Patriótica, de la guerrilla colombiana, que fue exterminada por los paramilitares y el Estado colombiano. Así mataron a dos candidatos a presidente, diputados, senadores, alcaldes.

-¿La serie “Escobar, el Patrón del Mal” demuestra lo que realmente pasó?

-La serie es muy buena, el actor habla igualitico a Escobar. Ellos cambian los nombres para no pagar derechos a nosotros. Pero esa serie la hicieron las víctimas de Escobar y  tiene el 40% de verdad, el resto es ficción. Es muy buena, pero tratan de ridiculizar a Escobar cuando lo muestran llorando en una clínica, por ejemplo. Pablo Escobar no lloraba, no mostraba sus emociones, se sonreía, no se reía a carcajadas. Tenía una personalidad de hierro, era un monstruo, que miraba a la gente de frente.




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