El misterio del etarra que llevó el terror a Colombia

Un miembro de ETA todavía no identificado enseñó a los sicarios del cártel de Medellín a fabricar bombas FLORENCIO DOMÍNGUEZ | SAN SEBASTIÁN / 16 agosto 201514:29
Fuente: diariovasco.com

EDS: NOTE GRAPHIC CONTENT - FILE - Drug Enforcement Agency agent Steve Murphy, in red shirt, poses with the body of Colombian cocaine lord Pablo Escobar after a rooftop gunfight in December 1993 in Colombia. Others in the photo are not identified. U.S. experts played an extensive role in funding and guiding the Colombian authorities who hunted down and killed Escobar, according to an investigation by The Philadelphia Inquirer. (AP Photo/Philadelphia Inquirer, File)

EDS: NOTE GRAPHIC CONTENT – FILE – Drug Enforcement Agency agent Steve Murphy, in red shirt, poses with the body of Colombian cocaine lord Pablo Escobar after a rooftop gunfight in December 1993 in Colombia. Others in the photo are not identified. U.S. experts played an extensive role in funding and guiding the Colombian authorities who hunted down and killed Escobar, according to an investigation by The Philadelphia Inquirer. (AP Photo/Philadelphia Inquirer, File)Miembros de la DEA, junto al cadáver de Escobar en Medellín. / AP

Le llamaban ‘Miguel’ o ‘Miguelito’ y había pertenecido a ETA. En 1988 enseñó a los sicarios del cártel de Medellín a fabricar artefactos explosivos y coches bomba y el uso de mandos a distancia a cambio de 300.000 dólares, pero no se sabe si llegó a disfrutarlos o si, como parece, se convirtió en una víctima más de las miles que causó el capo Pablo Escobar.

La identidad real de ‘Miguel’ no se conoce, pero sí se conocen los efectos demoledores del adiestramiento impartido por el etarra a los narcotraficantes de Escobar. Las bombas del cártel de Medellín provocaron un baño de sangre en Colombia.

La existencia de un etarra que trabajó para Pablo Escobar está confirmada por varias fuentes: lo reveló el jefe de los sicarios del narcotraficante, John Jairo Velasquez, ‘Popeye’, lo confirman miembros de los servicios de información españoles y lo menciona la Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA) de Estados Unidos. Un informe de la DIA al que ha tenido acceso este periódico, fechado en septiembre de 1991, llega a dar los nombres de los miembros de ETA Juan María Oyarbide y Manu Urionabarrenetxea como asesores del cártel de Medellín, pero es poco probable que estos dos etarras, fallecidos en 1989 en un enfrentamiento con la Guardia Civil, hubieran podido viajar el año anterior a Colombia, ya que durante casi todo 1988 estuvieron encuadrados en el comando Araba desarrollando una intensa campaña de atentados. La inteligencia española tuvo noticias a posteriori de la presencia de un etarra con el cártel de Medellín, pero sin llegar a identificarlo.
Las claves

Primer encuentro. Un narco encarcelado en España en 1984 lleva ante Escobar al etarra, «padre del terrorismo en Colombia»

Indicios.El capo pudo descuartizar a ‘Miguel’ al descubrir que también hacía labores para un cártel rival, el de Cali

La mayor parte de los detalles de la historia del etarra se conocen por el testimonio del propio John Jairo Velasquez, culpable confeso de 300 asesinatos directos y de unos 3.000 indirectos, que el pasado año fue puesto en libertad tras haber pasado 23 años de cárcel en Colombia. ‘Popeye’, antes de salir de prisión, ofreció dos versiones sobre la relación del cártel de Medellín con el etarra ‘Miguel’. La primera, aparecida en 2005 en el libro de Astrid Legarda, una periodista colombiana, aseguraba que un miembro del cártel apodado ‘Negro’ había conocido al miembro de ETA en una cárcel de Estados Unidos. Esta versión no se sostenía porque antes de 1988 sólo un etarra había sido detenido en EE UU. Se llamaba Miguel Ángel Uriaguereca, pero se suicidó en 1982 cuando iba a ser deportado. Esta primera explicación dada por ‘Popeye’ no tenía fundamento.

La segunda versión la dio en una entrevista grabada en 2009 con el periodista Hollman Morris y con Federico Arellano como testigo. Arellano era hijo de una víctima del mayor de los atentados cometidos por la gente de Pablo Escobar: la voladura en pleno vuelo de un avión de Avianca que perpetró el cártel con las técnicas de fabricación de bombas que ‘Miguel’ les había enseñado. Fue el más espectacular y sangriento de todos los actos del narcoterrorismo. El cártel creía que en el avión viajaba el candidato a la presidencia César Gaviria, al que quería asesinar. El político se libró porque no había cogido el vuelo, pero las 110 personas que iban a bordo perdieron la vida en el atentado

En la entrevista con Hollman Morris, ‘Popeye’ ofrece otra versión que resulta más verosímil: relata que el contacto con el miembro de ETA lo había conseguido otro destacado miembro del cártel, Jorge Luis Ochoa Vasquez, que fue detenido en Madrid el 15 de noviembre de 1984 junto con el miembro del cártel de Cali Gilberto Rodríguez Orejuela y permaneció encarcelado en España hasta el 13 de julio de 1986. Ochoa estuvo en las cárceles de Carabanchel, Alcalá y Puerto de Santa María. En 1986, la Audiencia Nacional concedió su extradición a Colombia por un asunto menor, a pesar de que también lo reclamaba EE UU por narcotráfico, y fue deportado a su país de origen. Al regreso, cuenta ‘Popeye’, Ochoa «trae un regalo para Pablo Escobar. No le trae un reloj ‘Cartier’, no le trae un diamante, no le trae una reina de belleza, no le trae un caballo: le trae el padre del terrorismo en Colombia, un terrorista de la ETA que traía la tecnología de los carrobomba a control remoto. Y se lo regala a Pablo Escobar».

John Jairo Velasquez contó que Jorge Luis Ochoa, enemigo de ‘Popeye’, conoció al etarra en una cárcel española, creía que en la de Carabanchel. En Alcalá, el narcotraficante coincidió con unos 150 presos de ETA, de los cuales una decena se llamaban Miguel. En Carabanchel fueron unos 60 los etarras que había en prisión al mismo tiempo que Ochoa, dos de ellos con el nombre de Miguel. La mayoría de los ‘migueles’ quedaron en libertad después de 1988 y sólo tres habían sido excarcelados antes, pero no hay forma de establecer su vinculación con Colombia.

El jefe del cártel de Medellín se ilusionó con el «regalo» que le traía de España Jorge Luis Ochoa, según el relato de ‘Popeye’: «Pablo Escobar ese día tuvo una erección de la felicidad que le dio, porque Pablo Escobar era una mente criminal total, lo mismo que yo. Él sabe que con eso va a doblegar la voluntad de los colombianos, porque es terrorismo a gran escala. Aquí ya se habían colocado bombas en Colombia, pero eran con pólvora negra».

En el libro ‘El verdadero Pablo. Sangre, traición y muerte’, en el que Astrid Legarda recoge el testimonio de ‘Popeye’, se refleja el momento del encuentro del etarra con Escobar con estas palabras: «Se dan la mano. En ese apretón de manos está sellada la más sangrienta guerra de la historia del país. Es la llegada, a la República de Colombia, del terrorismo indiscriminado. El destino permite una alianza tenebrosa. Un experto dinamitero, con mente de terrorista, y Pablo Emilio Escobar Gaviria, un narcotraficante sin escrúpulos. Cuando sueltan sus manos ya la suerte está echada para miles de colombianos. Lo que no sabe Miguel es que también acaba de estrechar la mano de su asesino».

La última frase da a entender que el miembro de ETA fue asesinado por el cártel al que sirvió, pero ‘Popeye’ no proporciona más detalles al respecto, ni en el libro de Legarda, ni en la entrevista de Hollman Morris. En otra entrevista, esta realizada con la periodista Salud Hernández Mora, ‘Popeye’ asegura que ‘Miguel’ fue sorprendido prestando servicios para el cártel de Cali, rival del de Medellín, por lo que fue descuartizado y sus restos arrojados al río. Velasquez describe al etarra como «un hombre bien presentado, no usaba desodorante, que para nosotros es muy llamativo, blanco, de 1,72 de estatura, 42 años, gordito, inteligente, muy bien hablado, jovial». También decía que ‘Miguel’ era «ordenado, meticuloso y muy profesional. Nada de mujeres ni bebidas. Actúa como un científico».

Antes de su desaparición, el etarra proporcionó adiestramiento en la fabricación de todo tipo de artefactos a los sicarios de Escobar en la Hacienda Nápoles, la principal propiedad del jefe del cártel de Medellín. En esa finca hicieron estallar el primer coche bomba, un viejo Buick modelo 1965 cargado con cien kilos de dinamita, cuyos restos estuvieron a punto de alcanzar a Escobar y los suyos por haberse colocado demasiado cerca para observar la explosión. El primer atentado real estuvo dirigido contra la estatua que tenía en Medellín el periodista Guillermo Cano, director de El Espectador, que había sido asesinado. Le colocaron un collar bomba que provocó la destrucción del monumento. Fue la primera de las más de 250 bombas que estallaron en el país en otros tantos atentados.