ESCOBAR: LA HORA FINAL

Fecha de publicación28 de febrero de 1993
La Entrega o la muerte. Son las únicas opciones que, en palabras de expertos, le quedan a Pablo Escobar Gaviria, el jefe del Cartel de Medellín. Por qué? Porque en los últimos 220 días la estructura criminal controlada por Escobar se ha derrumbado poco a poco, como un castillo de naipes.

Ese paulatino desmoronamiento de la enorme estructura montada por el capo a lo largo de la última década es a juicio de investigadores de la Fiscalía General de la Nación y el Bloque de Búsqueda el resultado de múltiples factores que terminaron por minar el poder del Cartel.

En los últimos ocho meses, después de su fuga de La Catedral, los frentes que manipulaba Escobar en materia jurídica, política y militar han sufrido serios reveses.

No era así antes de su precipitada evasión. Durante los 406 días de reclusión, Escobar se encargó de reorganizar el Cartel, debilitado militarmente en la guerra contra el Gobierno de Virgilio Barco.

La organización había sufrido la pérdida de José Gonzalo Rodríguez Gacha, El Mexicano ; Gustavo de Jesús Gaviria Rivero primo de Escobar; Jhon Arias Tascón, Pinina , y David Ricardo Prisco Lopera, dos de los hombres más importantes del Cartel en la ejecución de acciones criminales.

Expertos consultados por EL TIEMPO indican que desde el interior del penal de Envigado, Escobar reorganizó por completo su maquinaria: Las finanzas eran manejadas por las familias Moncada y Galeano; el ala terrorista en receso ante un eventual ataque a su prisión estaba en manos de Brances Muñoz Mosquera Tyson ; el frente jurídico, a cargo de un pool de prestigiosos abogados; y el político, manipulado por algunos dirigentes que le debían favores pasados.

Además, dicen los investigadores, desde su cómoda oficina en la cárcel, Escobar logró articular un complejo sistema de comunicaciones con el exterior, compuesto por una emisora de frecuencias VHF, un sistema de buscapersonas para mensajes cifrados, ocho teléfonos móviles y la línea telefónica de la prisión.

Las tropas que ocuparon la prisión al día siguiente de su fuga hallaron plenas pruebas de ello: registros de llamadas hechas desde La Catedral a ciudades como Boston, Miami, Masachusetss y Nueva York (Estados Unidos) y Madrid (España).

Es decir, y lo comprueban los recibos, diariamente Escobar activaba sus enlaces con sus socios en el mercado negro de las drogas de EE.UU. y Europa.

El control total del penal llevó a Escobar, según afirman fuentes del Bloque de Búsqueda, a incurrir en un exceso de confianza que a la postre desencadenaría los hechos que condujeron a la fuga del capo y sus lugartenientes. La limpieza de casa Ocurrió en los primeros días de julio de 1992.


Fernando Galeano Berrío, uno de los socios y jefe financiero del Cartel, se reunió con su hermano Mario y los hermanos Julio y Gerardo Moncada y les informó que habían desaparecido diez millones de dólares (7.200 millones de pesos), producto de las operaciones de narcotráfico del mes de junio.

El dinero desapareció de una caleta oculta en una residencia del barrio San Pío de Itagí.

Sin titubeos, Galeano sindicó del robo a un hombre conocido como Titi , identificado seis meses después como Jhon Jairo Posada Valencia, luego de su captura por las autoridades en el barrio El Poblado de Medellín.

Titi era solo uno de los pistoleros que desde la calle controlaba los trabajitos de los sicarios y se encargaba de cobrar las cuentas del Patrón .

En esa reunión con sus socios, Galeano les dijo que dos días después se reuniría con Escobar en la cárcel para aclarar lo ocurrido.

El 3 de julio reveló para ese entonces un delator Fernando Galeano fue hasta La Catedral para hablar con Escobar con la presencia de Titi .

Después de la masiva evasión, la Fiscalía General de la Nación halló pruebas contundentes que indican que ese día Galeano fue asesinado y luego sepultado en una fosa al lado de su conductor, un hombre conocido como El Capi .

De acuerdo con las pruebas recopiladas por fiscales regionales, Escobar ordenó el robo del dinero y la eliminación de Galeano porque consideró que sus socios lo habían dejado solo en su lucha contra la extradición y se habían adueñado del negocio después de su entrega.

Lo que ocurrió después fue una persecución a los gerentes financieros del Cartel, en una purga dirigida por Arete , Tyson , El Zarco , Chopo y Comanche , los hombres de confianza de Escobar.

Y la estrategia utilizada fue la de secuestrar a los contadores de los Moncada y los Galeano, para obligarlos a llamar a sus jefes y luego culminar el trabajo.

Las autoridades saben que esa purga interna produjo, entre el 1 y el 8 de julio de 1992, la muerte de cincuenta hombres, entre contadores y traficantes. Fueron salvajemente torturados para obtener la información financiera que ellos conocían.

Por otra parte, decenas de propiedades de los socios de Escobar pasaron a manos de testaferros de la organización.

Lo que Escobar no calculó en concepto de los expertos fue que en adelante se iba a desatar una guerra que en los ocho meses siguientes le costaría la vida a sus principales hombres y colocaría a su familia en el blanco de sus enemigos. Palabra de mujer Luego de la fuga de La Catedral, el delincuente se desplazó al municipio de Caldas, justamente detrás de los terrenos de la cárcel. Allí, el grupo de fugitivos se dividió en dos. Escobar tomó un rumbo y su hermano Roberto se fue al lado contrario.

Dos días después, tras abandonar la finca donde estaban refugiados, Escobar envió el primer mensaje planteando algunas exigencias para regresar a prisión: la misma cárcel y vigilancia de fuerzas especiales de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Pero lo que el narcotraficante no sabía era que para ese entonces mediados y finales de julio sus enemigos, entre éstos los pesos pesados del narcotráfico en el Valle, empezaban a poner en marcha una estrategia para provocar la guerra.

Así, el 5 de agosto, en una acción de provocación atribuida al Cartel de Cali, estalló un carro-bomba en el centro comercial Monterrey de Medellín.

Al mismo tiempo, una mujer asumió la responsabilidad de emprender la guerra, a nombre de las familias Moncada y Galeano, contra Escobar.

El Gobierno, en la otra orilla, dio paso a la creación del Bloque de Búsqueda, un organismo integrado por la Policía y las Fuerzas Especiales del Ejército, que recibió la única misión de localizar a Escobar y sus hombres.

Escobar, no obstante, intentó por diversos medios condicionar su entrega. Primero fue en una comunicación telefónica con tres periodistas. Luego con el gerente del metro de Medellín y recientemente a través de tres políticos antioqueños con la mediación del Procurador Regional de Antioquia.

Pero el Gobierno fue aún más inflexible ante el condicionamiento que Escobar quería darle a una nueva entrega. Y respondió con contundencia.

El 12 de agosto, por primera vez en la historia de la lucha contra las drogas, el Estado ofreció mil millones de pesos por la información que permitiera localizar a Escobar.

Sumultáneamente, el presidente estadounidense, George Bush, que se alistaba para las elecciones de diciembre, se vinculó a la campaña con dos millones de dólares.

El sistema de delación empezó a arrojar resultados más pronto de lo que el mismo Gobierno se imaginaba. Viaje a la capital Entre tanto, Escobar acudió de nuevo al sacerdote eudista Rafael García Herreros, el hombre que había intervenido en la primera entrega y a través de él planteó un nuevo sometimiento.

Los siguientes pasos indicaron que la estrategia marchaba en esa dirección: Jorge Eduardo Avendaño Arango, Tato , se entregó en la Fiscalía Regional de Antioquia, el martes 15 de septiembre.

No obstante, la presión del Bloque de Búsqueda sobre la organización se intensificó hasta tal punto que el capo decidió plantear la guerra.

Me han informado que por orden suya se están haciendo seguimientos a dos muchachas (novias) que tienen relación con nosotros (…) Si se presentan desapariciones de mis seres queridos no tendré contemplaciones , le dijo en una carta al director de la Dijin, general Luis Enrique Montenegro Rincón.

La búsqueda se intensificó. Entre julio y septiembre el Bloque de Búsqueda realizó 700 operaciones en sectores urbanos y rurales de Envigado y el Valle de Aburrá.

Solo en El Poblado se efectuaron 112 allanamientos, entre ellos el exclusivo hotel Poblado Plaza.

El rastreo, con base en los delatores, se realizó en predios de Segovia, Cimitarra, Puerto Parra, Puerto Boyacá, Puerto Triunfo, Doradal, El Retiro, La Estrella, Envigado, El Trianón y La Paz.

Escobar optó entonces por intensificar la presión sobre el Gobierno mediante una campaña de amenazas terroristas.

El 26 de septiembre, un informe de inteligencia dijo: una fuente que tiene acceso a las actividades del Cartel de Medellín afirma que hace 15 días llegaron a Santafe de Bogotá varios grupos de sicarios, contratados por Pablo Escobar, con el fin de cumplir planes terroristas de trascendencia nacional en la capital de la República . Los otros capos En Medellín, las retaliaciones de Escobar cubrieron a los agentes del servicio de inteligencia de la Policía, encargados de manejar el engranaje del sistema de delaciones implantado por el Gobierno.

Un informe reveló entonces que Escobar ha fijado el precio de cinco millones de pesos para el sicario que asesine a un agente y una cifra que se puede duplicar y hasta triplicar si el asesinado es de una jerarquía superior .

El desarrollo de ese plan, según informes de las autoridades, corría por cuenta de Luis Carlos Molina Yepes, José Fernando Posada Fierro y Gustavo Upegui, conocidos hombres del Cartel.

Los hechos sucedían de manera casi simultánea. En el plano jurídico, el Estado, a través de la Fiscalía Regional de Medellín, se encargó de poner la primera piedra de la que sería la avanzada legal contra la organización.

Así, fue dictado auto de detención contra Escobar y sus nueve lugartenientes por los delitos de fuga de presos y secuestro extorsivo.

A finales de septiembre el sistema de delaciones obtuvo el primer resultado concreto. Un informante reveló el lugar donde permanecía uno de los principales hombres de la guardia personal de la familia del capo.

Sergio Alfonso Ramírez Ortiz, conocido en el bajo mundo del Cartel como El Pájaro , disparó contra el sargento Eder Ariza Lancheros, durante el allanamiento al edificio Mompox, en El Poblado de Medellín.

Usted nos responde por lo que le pase a él , le dijo telefónicamente Juan Pablo, hijo de Escobar, al procurador Regional de Antioquia.

En adelante, señaló un informe de inteligencia, Escobar empezaba a ser vulnerable porque El Pájaro sabía con certeza de los movimientos de Escobar y su familia.

Desde que se produjo la captura dijo un informe fechado el 30 de septiembre distintos informantes manifestaron a las unidades de inteligencia que la preocupación por la seguridad de los prófugos se había multiplicado al punto que podía calificarse como paranoica .

Instruidos por su defendido, en septiembre y octubre el pool de abogados de Escobar hizo nuevos contactos con diversos sectores de la capital antioqueña para culminar el segundo sometimiento a la Justicia.

Pero en ese frente también surgió un revés. El 30 de septiembre el principal abogado de Escobar, Santiago Uribe, fue comprometido en el hallazgo de casetes con las conversaciones telefónicas de la Jueza Miriam Rocío Vélez, asesinada el 18 de septiembre por pistoleros.


También encontraron una carta del capo en el que, complacido, decía: santidad (…) creo que nos hicieron un favor porque ella estaba aspirando al Tribunal y habría sido muy difícil que actuara en derecho . Tiempo de delatar A pesar de que la situación era difícil para los prófugos de La Catedral, Escobar aún mantenía en firme su determinación de regresar a prisión. Solo aguardaba, según un documento, el término de la investigación que una comisión del Senado realizaba por la fuga y las elecciones de Estados Unidos.

Así las cosas, el jueves 8 de octubre, justamente cuando una comisión del Senado visitó al presidente César Gaviria, dentro de la investigación por la fuga, tres de sus hombres se sometieron nuevamente a la Justicia: John Jairo Velásquez Vásquez, Popeye ; Otoniel González Franco, Otto ; y Roberto Escobar Gaviria, El Osito , su hermano.

En el fondo dijo un informe de esa fecha era una estrategia de Escobar encaminada a aliviar la presión que sobre el Gobierno ejercen sectores de oposición contrarios a la aplicación de la política de sometimiento a la Justicia .

Para Escobar era primordial que esa política se mantuviera vigente. Y la reforzó el 13 de octubre con la entrega de Gustavo González Florez Tavo . Dos días después se sometió Juan Carlos Aguilar Gallego El Mugre .

Lo que ignoraba Escobar, dijeron las fuentes consultadas por este diario, era que la precipitada entrega de sus hombres había sido generada por la presión del Bloque de Búsqueda.

La situación empezaba a complicarse porque los lugartenientes del capo estaban dispersos y las autoridades tenían en la delación una herramienta eficaz.

Este mecanismo era alimentado por las familias Galeano y Moncada, que conocían las intrincadas redes de sicarios que en Antioquia estaban al servicio del Cartel.

En donde estaba, estaba muy aburrido y estaba muy bloqueado; tú vieras… culebras como un hp (…) y uno duerma mal en una puta pieza , le dijo Otto a una mujer en la cárcel de Itagí, 16 días después de su segunda entrega. Guillotina a Cuchilla Pero los enemigos más próximos a Escobar no se quedaron en el simple suministro de información. También empezaron a actuar. Y se inició el asesinato sistemático de los hombres cercanos a la organización.

El 16 de octubre, poco después de su entrega, fueron asesinados los guardaespaldas de El Mugre .

Escobar, en un intento por bajar la presión en su contra, señaló a la Policía en una carta enviada al Fiscal General de la Nación.

Si continúan las desapariciones causadas por Unase y la Dijin dijo en su mensaje significa que ya no nos queda otra alternativa que la de responder a la violencia, porque no nos vamos a quedar con los brazos cruzados esperando que nos asesinen. Lo mismo nos da tener un sumario que 20 o 50 .

En el fondo no era más que una soterrada declaratoria de guerra. Escobar no escribió el mensaje de su puño y letra, pero agregó que si fuera necesario también estaría dispuesto en cualquier momento a colocarle mi huella y mi firma .

Para los investigadores el punto culminante del debilitamiento militar de Escobar se inició el 28 de octubre del año pasado, cuando el Bloque de Búsqueda dio muerte a Tyson , el hombre que el capo había mantenido al margen de su estrategia de sometimiento a la Justicia, con la única misión de controlar el brazo armado del Cartel.

Los expertos afirman que esa pérdida empujó a Escobar a la guerra.

Y acudió a una vieja arma que en el pasado le dio buenos resultados: la muerte de policías.

En los dos meses siguientes a la muerte de Tyson fueron asesinados 58 agentes secretos a manos de bandas de sicarios controladas por Carlos Mario Castaño Molina, El Chopo ; Carlos Alzate Urquijo, Arete y el prófugo Jhony Rivera Acosta, El Palomo .

Mientras caían policías en las calles de Medellín y sus municipios cercanos, en noviembre el frente jurídico de Escobar sufrió un nuevo impase después de que el Bloque de Búsqueda retuvo al abogado Roberto Uribe.

Al mismo tiempo, las capturas de Alejandro Arrieta Polanía, Boliqueso , y Romel Alexis Muñoz Mosquera, hermano de Tyson y La Quica , significaron la filtración de importante información sobre los movimientos de Escobar.

Y en el campo financiero, el Cartel fue golpeado por los Galeano y los Moncada, quienes secuestraron a Guillermo Zuluaga Cuchilla , el hombre que al parecer manejaba la titulación de las propiedades que Escobar les quitó a sus socios.

Aún se desconoce el paradero de Cuchilla , por lo que las autoridades presumen que fue asesinado. Se prende la mecha lenta La muerte del sacerdote Rafael García Herreros, el 24 de ese mes, fue dolorosa para el capo que, además, empezó a quedarse sin interlocutores válidos para retornar a prisión.

La ayuda al Bloque de Búsqueda era cada vez más efectiva. El sistema de delaciones arrojó nuevos resultados el viernes 27 de noviembre, cuando Jhonny Rivera, El Palomo fue localizado en una casa del barrio Calatrava de Itagí.


Escobar respondió. Primero fue la explosión de un carro-bomba, el 3 de diciembre de 1992, en el estadio de Medellín al término de un encuentro de fútbol entre Nacional y Júnior. Una patrulla de la Policía fue dinamitada y diez agentes murieron.

En los días siguientes estallaron otros nueve coches-bomba en esa ciudad.

Los investigadores encontraron que los automotores tenían una característica particular: ninguno fue dotado con los sofisticados mecanismos utilizados por el Cartel entre 1989 y 1990. Todos detonaron por el sistema común de mecha lenta.

Por esa razón las autoridades presumen que el Cartel había actuado con precipitud y ya no tenía a su servicio a los expertos en acondicionar los vehículos.

Aunque la estrategia terrorista conseguía el objetivo de aterrorizar, la entrega de información a las autoridades hizo que el ala militar del Cartel recibiera golpes todos los días.

Así, neutralizar la credibilidad del servicio de inteligencia del Bloque de Búsqueda y desestimular a los delatores, se convirtió en prioridad de Escobar.

Entonces optó por ejecutar personalmente algunas acciones militares en un intento por demostrar que no estaba derrotado y para infundirles ánimo a los hombres que todavía hacían parte de su aparato militar.

Escobar, de acuerdo con informes obtenidos por el Bloque de Búsqueda dirigió, al lado de Titi y otros veinte hombres, la destrucción de una casa que el capitán de la Policía, Fernando Posada Hoyos, utilizaba como fachada para operar contra la organización.

La osada acción ocurrió el 20 de diciembre.

En los días siguientes, Escobar estuvo al frente de dos retenes que unos treinta hombres suyos montaron en la vía a Las Palmas. Buscaban atraer patrullas del Cuerpo Elite para dinamitarlas.

No funcionó, pero en la retina de sus hombres quedó el hecho de que El Patrón , uno de los hombres más buscados del planeta, se hubiera atrevido a desafiar a sus persecutores.

Pero pocos días después, el 30 de diciembre, se produjo el tercer golpe importante contra Escobar. Titi , el hombre que sabía lo ocurrido en La Catedral y desde entonces permanecía a su lado, cayó en manos de las autoridades por intermedio de un delator.

Los fiscales sin rostro que indagatoriaron a Titi se sorprendieron por el enorme conocimiento que el delincuente tenía de la organización.

Titi reveló todo lo que sabía. Contó la historia de Cuchilla y las intimidades de los múltiples crímenes que el Cartel había ejecutado entre 1988 cuando ingresó a la organización hasta ahora.

Los golpes al Cartel continuaron con toda intensidad y ya en la primera quincena de enero había perdido a Juan Carlos Ospina Alvarez, Enchufe y a Víctor Giovanny Granados, El Zarco , presuntos pistoleros. También fue descubierta una base terrorista en la finca Calandaima, situada en El Poblado.

El 15 de enero, en una abierta declaratoria de guerra, Escobar afirmó estar en condiciones de agrupar un comando llamado Antioquia Rebelde, para que el Gobierno le diera un tratamiento como delincuente político.

En su mensaje, enviado al fiscal Gustavo De Greiff, el narcotraficante aceptó por primera vez que perdió el frente jurídico y que Bloque de Búsqueda había conseguido diezmar su brazo armado.

Mis abogados han sido allanados, saqueados, encarcelados y amenazados (…) para mostrarlos como delincuentes terroristas (…) no queda otra alternativa diferente a la de descartar la lucha jurídica y emprender y asumir una lucha armada y organizada .

De inmediato el Gobierno rechazó la posición del capo y la calificó de falso ropaje político . El rechazo total Escobar, afirmaron fuentes oficiales, no tenía otra vía que desatar la guerra contra el Estado. Pero no calculó que sus enemigos ya tenían en marcha un plan de exterminio.

Entonces el capo quiso presionar aún más.

El 21 de enero, terroristas, presuntamente liderados por Carlos Alzate Urquijo, Arete , hicieron estallar un carro-bomba con 80 kilos de dinamita en la calle 72 con carrera 7a.

La Policía, no obstante, logró un éxito. Los terroristas fueron detenidos la misma noche de la explosión. 1.500 kilos de dinamita fueron decomisados en el procedimiento.

El autor intelectual: ese señor Escobar , les dijo a sus interrogadores de la Policía uno de los terroristas que aceptó cooperar con la Justicia.

Sinembargo, Escobar aún mantenía en sus planes la posibilidad de entrega.

Así lo manifestó el 26 de enero de este año en una carta enviada a los senadores Alvaro Villegas Moreno y Alvaro Uribe Vélez y al procurador regional de Antioquia, Iván Velásquez.

En el mensaje condicionó su entrega al retiro de los comandantes de Policía de Envigado e Itagí y a la creación de una guardia de prisiones integrada por miembros de la FAC, la Armada o un organismo internacional y el agrupamiento de sesenta de sus hombres en una sola prisión.

Sin olvidar su vieja disputa con la Policía, Escobar aprovechó de nuevo para acusarla aplicar los mismos sistemas que sus pistoleros emplearon tiempo atrás en la ejecución de los Galeano y los Moncada.

Algunos de los familiares y amigos de quienes se sometieron de nuevo a la Justicia dijo Escobar fueron secuestrados y conducidos a la Escuela de Policía Carlos Holguín para ser mutilados o sometidos a inhumanas torturas, tales como taladros en las rodillas o en los oídos y sopletes en los testículos .

El Gobierno que desde el día de la fuga fue tajante en afirmar que no había lugar a una negociación volvió a decirle al delincuente que estaba dispuesto a combatirlo a cualquier precio.

No obstante, la Procuraduría se mostró dispuesta a investigar las denuncias del delincuente.

Pero regresó el terrorismo. Veinte personas murieron y setenta quedaron heridas al explotar un carro bomba en el corazón de Bogotá.

La opinión condenó el ataque del Cartel contra personas inermes que pasaban por el lugar.

Esa era la arma con que contaba Escobar para doblegar al Estado.

El sabe dice un investigador que el terrorismo genera una presión de la comunidad hacia el Gobierno, pero esta vez ocurrió diferente. La gente se volvió más solidaria .


En el fondo esta apreciación se tradujo en una condena unánime a la muerte de niños y adultos como consecuencia de un acto terrorista. En la calle se hicieron frecuentes comentarios como ruego a Dios que a los hijos de Escobar no les pase lo mismo .

Esa queja de la población se tradujo en la conformación de un nuevo grupo criminal que el primero de febrero dinamitó una casa campestre de propiedad de la madre de Escobar, Hermilda Gaviria y un edificio en donde reside María Victoria Henao, La Tata , esposa de Escobar.

Agrupados en Perseguidos por Pablo Escobar , (Pepes), muchos cazadores de recompensas, sicarios a sueldo y ex paramilitares respondieron los ataques con la misma arma: la dinamita. Lazos familiares Para los investigadores de la Policía los atentados eran una clara advertencia a Escobar: ahora sus familiares estaban en la mira de sus enemigos.

Detrás de los Pepes estaría, según han revelado diversas fuentes gubernamentales, Fidel Castaño, el jefe de numerosos grupos de justicia privada que operan en el departamento de Córdoba y el Urabá antioqueño.

Mientras la guerra se abría paso entre el Cartel y los Pepes , el Gobierno optó por subir a cinco mil millones de pesos la recompensa por Escobar.

Y las delaciones también continuaban. Leonardo Rivera Rincón, Leo , lugarteniente de Arete , murió el viernes 5 de febrero en un enfrentamiento con el Bloque de Búsqueda. Cinco días después otro hombre, todavía no identificado, cayó a manos de los Pepes .

Los mensajes sobre la persecución a la familia de Escobar se hicieron más claros el 11 de febrero. Siete motociclistas, todos amigos de Juan Pablo Escobar, el hijo del capo, fueron asesinados en El Retiro. Entre estos hombres cayó, además, uno de los enlaces del Cartel.

En esa semana también fueron asesinados por los Pepes el comerciante Gustavo Adolfo Posada Ortiz, sindicado de hacer parte del Cartel y Rodrigo Arrieta Polanía, hermano de Alejandro Arrieta Polania, Boliqueso .

Un informante le dijo al Gobierno que Escobar tenía intacto su sistema de comunicaciones y que intentaba reorganizar la guerra.

Por esa razón fue suspendido el servicio de buscapersonas en Antioquia durante un mes. Así, estaba en marcha una estrategia para aislar al capo.

La persecución de los Pepes , afirman los investigadores, se encaminó entonces a golpear objetos muy apreciados por Escobar. Su valiosa colección de autos, la fábrica de cerámicas de su cuñada y los apartamentos y fincas de su familia, fueron blanco de la acción dinamitera.

Ante el asedio y la posibilidad de que su familia fuera alcanzada por sus enemigos, Escobar se vio precisado a ordenar que su familia saliera precipitadamente del país.

Con la cooperación de agentes del DAS el capo había logrado borrar de las pantallas el destino final de sus hijos, en un intento por evitar la persecución de los Pepes .

La crisis interna del Cartel pareció llegar a un punto crítico el pasado 18 de febrero cuando Arete uno de los hombres de confianza de Escobar se entregó a la Justicia sin su consentimiento.

Y lo hizo ante el temor de que el Bloque de Búsqueda lo ubicara tras la muerte de Carlos Mario Ossa Salazar, El Canoso , su más inmediato colaborador y quien le servía de enlace con Escobar.

Al mismo tiempo, arreciaron los ataques de los Pepes contra los bienes del capo en El Peñol, Envigado y los barrios El Poblado y Los Conquistadores de Medellín.

Escobar sigue vivo. Y eso, según sus perseguidores, es lo que cuenta…

Publicacióneltiempo.com
SecciónOtros
Fecha de publicación28 de febrero de 1993

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