Hipopótamos y cocaína


A la deriva. Son animales que quedaron casi libres después de la caída de narco colombiano Pablo Escobar, que los mantenía en su finca. Se han reproducido y suponen un problema para la población.

La hipopótama Vanessa es alimentada con zanahorias en la hacienda Nápoles.

Doradal, Colombia.- Que un hipopótamo se pasee en plena calle es totalmente normal en Doradal. Los vemos muy a menudo, afirma María Isabel Pamplona, que trabaja en la recepción de un hotel de este pueblecito en el noroeste de Colombia. Aunque la mayoría de las veces no se acercan al centro, es frecuente verlos por las calles aledañas o incluso en el campo de fútbol. Que hayan acabado aquí se debe a un único hombre: Pablo Escobar.

A los hipopótamos les gustan especialmente el río y un lago que hay cerca de esta localidad situada a unos 170 kilómetros por autopista de Medellín. Durante los años 70 y 80, Doradal fue el legendario refugio del cártel de Medellín liderado por Escobar, que controlaba el multimillonario tráfico de drogas con Estados Unidos. Y la cocaína es precisamente la clave de que estos mamíferos africanos campen aquí a sus anchas.

Los animales provienen de la Hacienda Nápoles, la antigua finca de alrededor de 3.000 hectáreas que poseía Escobar. Allí, el capo mandó construir en estilo colonial una plaza de toros, una pista para los aviones del tráfico de drogas y un zoológico privado con centenares de animales exóticos, entre ellos tigres y elefantes.

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Actualmente, el lugar es un parque turístico en cuya entrada se puede ver todavía el primer avión utilizado por Escobar para transportar cocaína. También aquí tuvieron lugar asesinatos a la vista de todos, incluidos ahogamientos en la piscina. Se calcula que el cártel de Medellín está detrás de al menos 6.000 asesinatos, según declaraciones de sus propios integrantes.

Escobar adquirió para su hacienda tres machos de hipopótamo y una hembra en un zoo californiano. Cuando en 1993 falleció abatido por los agentes de un cuerpo especial, la hacienda estaba ya medio abandonada y muchos animales morían de hambre, eran robados o revendidos. Tras años de abandono, se intentó aprovechar el mito en torno a Escobar y convertir el lugar en atracción turística.

Aunque la dirección del parque turístico elude informar al respecto, los guías cuentan que los animales de los tiempos de Escobar eran más impresionantes. Con la excepción de los llamados hipopótamos de la cocaína, que se acostumbraron rápidamente al cálido clima y se reprodujeron a pasos agigantados. En un par de años, podrían llegar a 70, cuenta David Echeverri, de la organización ambientalista Cornare.

Con el objetivo de buscar alimento o conquistar territorio para sus crías, los hipopótamos abandonan una y otra vez el terreno del parque. Para ellos, las verjas no suponen obstáculo alguno. La hembra Vanessa, por ejemplo, tiene todo un estanque para ella. Fue expulsada de la manada y se alimenta de las zanahorias que le dan los turistas. Su manso comportamiento contribuye a que los vecinos crean que los hipopótamos son inofensivos.

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“No nos dan miedo, jamás han atacado a nadie”, cuenta el camarero Héctor Giraldo. “Están acostumbrados a la gente”. Sin embargo, esa impresión no podría ser más errónea: los hipopótamos figuran entre los animales más agresivos, sobre todo cuando tienen crías o luchan por conquistar un territorio. Según cuentan los lugareños, se han llegado a ver a decenas de kilómetros de la Hacienda Nápoles.

Las autoridades han lanzado varias advertencias a la población sobre el peligro de los hipopótamos, como apunta el diario “El Colombiano”. Y es que sus frecuentes salidas de la hacienda aumentan la probabilidad de un ataque, explica Echeverri. Además, sus escapadas también suponen un riesgo para el equilibrio ecológico, añade, pues son una especie invasiva que puede acabar desplazando a otras autóctonas.

Una opción para evitarlo es mantener un control de nacimientos. Así, Echeverri cuenta que entre 2011 y 2013 se esterilizó a cuatro machos, pero se trata de una práctica cara y a menudo son necesarios meses para capturar a los animales. Además, el objetivo es que los animales de la hacienda tengan más facilidades para conseguir alimento, de modo que no quieran escapar. Y, por si lo intentan, la verja ha de ser más estable.

Por último, cuenta el experto, es posible que algunos de estos hipopótamos de la cocaína encuentren un nuevo hogar.

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“Estamos en contacto con zoológicos extranjeros que quizá acojan hipopótamos”, señala. “En Uruguay, México y otros países hay interés”.

Sinikka Tarvainen