La antigua mansión de Pablo Escobar


La mansión de descanso que tenía el famoso narcotraficante Pablo Escobar, fundador y líder del cártel de Medellín, en una de las zonas más exclusivas entre playas de ensueño, arrecifes de coral y aguas azules del mar Caribe, es ahora un hotel de lujo de cinco estrellas colmado de obras de arte.
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Casa Malca, como se llama ahora, abrió con nueve habitaciones hace tres años y ahora ha aumentado a 35 suites repartidas a lo largo de 180 metros de una playa idílica, que supera cualquier expectativa hacia esa ansiada búsqueda de paz. Una paz que, además, es fácil encontrar donde está situada, en Tulum, al sudeste de México, un lugar mágico impregnado de los misterios de la cultura maya.

Esta antigua mansión fue rescatada y transformada en lo que es por el reputado galerista coleccionista de arte contemporáneo de Nueva York Lio Malca, quien ha llenado el hotel de algunos de sus objetos de arte más preciados, fiel a su compromiso vital al considerar que el arte debe ser compartido para su contemplación y disfrute colectivo.

Entre esas piezas destacan las del mítico Jean-Michel Basquiat, un afroamericano que, tras la estela de Andy Warhol y con su muerte prematura antes de cumplir los 30 años, disparó a cifras astronómicas el valor de sus obras. También hay objetos de Kaws, un exponente del pop art conocido por sus diseños y esculturas gigantescas que se inspiran en personajes populares como Snoopy o Bob Esponja.

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Nada más entrar, el vestíbulo ya está presidido por pinturas, esculturas y muebles únicos. También las habitaciones y el bar, al que se accede por una escalera de caracol y que tiene una generosa terraza desde la que se disfruta también del maravilloso entorno tropical.

En sus paredes, la reproducción de una obra de Keith Haring, uno de los grafiteros más reverenciados de los ochenta, que también murió prematuramente con 31 años.

Para seguir curioseando, bajo el hotel hay un túnel que recorre y conecta todo el complejo. Dicen que es un vestigio de los tiempos de Escobar, cuando utilizaba esta villa como lugar de vacaciones para desconectar, pero bien preparado para no ser sorprendido. Cara y cruz de lugares que contemplan la ironía de los aconteceres en su derredor. Sabiduría del paso del tiempo. Un lujo, vaya.

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