LAS MUJERES VÍCTIMAS DE PABLO ESCOBAR G.

Corrían los primeros días de febrero de 1993, cuando el cartel de Medellín inició la más sangrienta persecución contra las mujeres que habían servido, en noches de lujuria, a los lugartenientes de la organización, incluso, al propio Pablo Escobar Gaviria. Los cuerpos de bellas mujeres empezaron a aparecer en carreteras desoladas de Envigado, Medellín, La Estrella, Itagí y Bello, algunas con horribles señales de tortura y otras muertas de múltiples impactos de bala.

Para ese entonces, esas muertes, 19 en total, se convirtieron en un verdadero misterio para los investigadores del Bloque de Búsqueda. Ahora, 12 meses después de la ola de asesinatos, las autoridades saben que el cartel buscaba en ellas información para localizar a sus enemigos o, en algunos casos, como pretexto para no pagar favores recibidos .

EL TIEMPO logró hablar con una de las dos únicas sobrevivientes de la más tenebrosa persecución contra las mujeres de la organización. Este es su testimonio: A Sharon la mataron porque no quiso entregar a un muchacho que ella conocía. Ella se había metido en muchos problemas porque ella era muy calentona, conocía a todos los pillos y era amiga de todos ellos y mantenía en muchos líos.

Una amiga mía me contó que a ella la llamaron a la casa y le dijeron que se vistiera toda de blanco que iba a conocer unos amigos. Ella se fue dizque para la fiesta y no volvió. Fue este año a principios, como en febrero.

La torturaron, le picaron la cara con un cortauñas, toda picada, picada, vuelta nada y ella estaba en embarazo, tenía tres meses. También tenía una niña de nueve. Después que la picaron le dieron como 28 tiros. Eran de una banda de Pablo.

Sharon vivía en un apartamento por ahí por El Poblado y le había tocado salirse del barrio Buenos Aires porque la iban a matar. La amiga que vivía con ella, María, sabe quién la mató. Por eso se perdió.

Eramos como 15 mujeres, nos contactaban, nos decían vamos para una finca y listo, siempre daba con ellos porque no sabíamos para donde quién era. Sharon nos decía: Alístense que vamos pa una finca . Uno iba a ciegas.

A ella la mataron por ahí por Las Palmas porque no quiso llevarlos a ellos a la casa de un señor que ella conocía y era enemigo de Pablo; era un Moncada al que estaban buscando.

Yo los conocí a ellos fue por medio de Sharon, que era hija de Flor, una señora que presentaba muchachas aquí en Medellín y fue muy conocida por todos, pero a ella también la mataron hace como dos años. Entonces la hija quedó presentando a las muchachas.

Pero Sharon se metió en una cantidad de problemas porque andaba contando lo de la banda de Pablo a otras bandas. Ella era muy calentona, contaba todo lo que oía.

A otra pelada, una muchacha que se llamaba Alexandra, también la mataron. Estábamos por allá en una isla como por Capurganá y ella dijo que conocía a un muchacho que resultó ser enemigo de Pablo.

La encerraron en una pieza y ella era con ese desespero que se tenía que ir para Medellín, pero era como para contarle a ese señor que ahí estaban ellos.

Y entonces, la pillaron. Sé que la mataron porque se la llevaron en la lancha y no llegó a Medellín, el caso fue que por la radio oí que ellos conversaron: Lleve la marrana para la finca y mándela para el Bronx .

Como a los cuatro días de haber escuchado eso, le pregunté a uno de ellos que qué era el Bronx, me dijo que era la orden de matar a alguien. Y le dije: Y ustedes como les dicen a las personas que van a matar? . Y dijo: Marranos …

Yo también conocía a ese señor, pero me quedé callada. A los ocho días Tilton y El Flaco se vinieron para acá para Medellín y trajeron cuatro peladas más de la casa de Sharon.

Cangrejos y asfixia Antes de que llegaran esas peladas nos tocó a nosotras tres atender a 16 muchachos a la vez. Fue horrible. Nos hicieron muchas maldades, nos tiraron cangrejos, imagínese que pusieron un columpio de un árbol, del más alto, y Tilton llegaba y lo montaba a uno así, lo voliaban a uno hasta que ya lo vieran vomitando y casi muerta.

Lo agarraban a uno y lo metían al mar de cabeza hasta que ellos se cansaran de reír. Los trabajadores de Pablo eran los más malos, porque los patrones no tanto.

Imagínese que a la amiga mía la cogieron y le llenaron toda la cabeza de sanfor, pega para zapatos, y la mandaron tusada a Medellín. Casi todas las que estuvieron allá están muertas. Sólo quedamos vivas como dos.

Allá en esa isla estuvo Tilton , el hermano de él, Nicolás, el hijo de Roberto Escobar; Juancho, Mario y uno que le decían Mano de Piedra . Estaban comprando armas para Pablo.

La primera vez que fuimos no íbamos sino tres mujeres. Eran como 16 hombres y fue un despelote horrible. En esos días fue cuando el helicóptero en que ellos venían se cayó y se explotó ahí al lado de ellos y se tuvieron que venir. Ellos habían salido del aeropuerto del Olaya.

Cuando llegaron esas cuatro muchachas hubo una que también conocía a Moncada, entonces le dije: No vas a decir nada, no le digas que vos lo conocés, no le digas que yo lo conozco para que nos evitemos problemas .

Pero no le conté que ya habían matado a una muchacha por eso, entonces como ella andaba toda tragada de uno de ellos, le contó que yo lo conocía y que también ella. Ese fue su último día.

Cuando íbamos a salir de esa isla a mí me dijeron: Usted, venga primero con nosotros , yo pensé que me iban a matar o quién sabe qué, pero yo era callada, no decía nada.

Cuando llegué a Medellín cogieron y me dijeron: Dónde vivís vos , yo les dije que me iba sola, y dijeron: No, venga, nosotros la llevamos . Fueron, anotaron el número telefónico, la dirección, todo que porque yo tenía que hablar con Juancho, el hijo de Pablo. Me dejaron allá y desocupé eso allá.

A Tilton lo mataron hace un año en diciembre, cuando andaba con Wilmar por el sector de La Visitación. Pensé, bien muertos, todo lo que nos hicieron allá y no nos dieron plata.

A otras las mataron porque se portaban mal con ellos y cometían cualquier embarrada, o sea no hacer lo que ellos querían, o muchas veces porque les robaban plata. Hay peladas que se buscaron también la muerte por escuchar conversaciones que no debían…

Muchas veces, los trabajadores de Pablo cogían y se lo llevaban a uno a fincas y le decían: Bueno, hp, tenés que comerte estos cinco que hay aquí , peladas que se ranchaban y ahí mismo cogían y las mataban, las tiraban en la carretera, las mataban por matarlas, por ver caer, como dice el cuento.

A una amiga mía le hicieron una cruz de tiros, le metieron un palo por ahí. La encontraron vuelta nada, por la carretera al mar. La torturaron, qué pecado, hay peladas que han sufrido mucho. A esa muchacha la acusaron de que sabía de los enemigos de Pablo. No quedamos sino dos. Yo y La Llorona .

Con Pablo en el billar A mí me llevó a La Catedral Pirri , un muchacho amigo. No nos dijeron nada, nos dejaron pasar sin problemas. Primero me quedé con Pablo un rato, pero después ya lo vi todo callado y me fui con uno de los trabajadores que estaban con él. Nos tocaba estar con todos los que estuvieran, primero era él…

Yo me quedé con él en el billar. Sí (risas), la primera vez en un sofá que había ahí. Fuimos como cuatro mujeres.

Llegamos como a las 8.

Vea, sinceramente ese hombre a mí no me hizo nada. Yo no sé, a la final era como todas las personas, pero cuando las peladas hablaban mal de ellos, la embarraban.

Era como muy callado, como pensante, lo que hacía, lo hacía con preservativo y ya, salía ahí mismo a fumarse cigarrilo con marihuana, por ahí pensativo. Fumaba marihuana, pero no más eso, así como por el día.

Pablo a muchas peladas les regalaba motos o les daba 500 o 600 pesos después, cuando ya se iban a ir. El nunca hablaba de problemas, tocábamos el tema de nosotros, que nos portáramos muy bien, nos decía: No sean mal habladas, por eso es que las matan… .

Es que si uno cogía algo, yo no lo debía contar y voy y lo piconeo en otra parte y empieza a regarse el cuento, entonces es que la matada fija…

El no hablaba de nada de las cosas de él. Uno simplemente iba a lo que iba. Los que eran más groseros eran los trabajadores de él, los que estaban allá en La Catedral.

Es mejor que se hubiera muerto, le hizo daño a mucha gente, todas esas bombas que colocó, todas esas cosas tan horribles. A mí me dio siempre miedo el día que fui hasta La Catedral, pero uno piensa en la plata.

Cuando fui a La Catedral nos quedamos como dos horas, nos dieron de a 300.000 pesos a cada una, pero por ejemplo a las que les regalaban las motos y todo eso eran muchachas como reinas, modelos. Figúrese que una vez le regalaron un carro a una amiga y como a los 20 días se lo mandaron a quitar, era un Renault 9 nuevecito.

La gente dice que es la vida fácil, pero para nosotras ha sido una pesadilla, lo importante es haber salido con vida de ahí…

Publicación
eltiempo.com
Sección
Justicia
Fecha de publicación
12 de diciembre de 1993
Autor
MILLER RUBIO