Los problemas que se acabarían si demuelen el edificio Mónaco

Vecinos aseguran que con la construcción de un parque en ese espacio podrían vivir más tranquilos.

Edificio Mónaco

Al edificio Mónaco llegan docenas de turistas para conocer la historia de Pablo Escobar, quien vivió allí con su familia.

Foto:

Esneyder Guitiérrez

Por: Deicy Johana Pareja M.
15 de junio 2017 , 11:10 a.m.

Desde sus balcones y ventanas, vecinos del edificio Mónaco ven docenas de turistas tomándose fotos con la desteñida y oxidada fachada de fondo, exhibiendo el símbolo del cartel de Medellín en los años 80, donde vivió el narcotraficante Pablo Escobar con su familia y explotó el primer carro bomba del país, el 13 de enero de 1988.

Al barrio Santa María de Los Ángeles, ubicado en el barrio El Poblado de Medellín, llegan camionetas llenas de extranjeros que pagan por un ‘narcotour’ para recorrer los lugares de la memoria del capo, entre ellos, la casa donde lo mataron el 2 de diciembre de 1993 en el barrio Los Olivos y el cementerio Jardines Montesacro, donde está enterrado.

Con el anuncio del alcalde Federico Gutiérrez sobre demoler el abandonado Mónaco para construir un parque en memoria de las víctimas del narcotráfico, los residentes esperan que se acaben los ‘narcoturs’ en el barrio y que se vaya el fantasma de Pablo Escobar, que los ha perseguido por décadas.

Cada que hay grupos de turistas parados al frente del Mónaco, guías les narran que hace casi 30 años, el cártel de Cali explotó 80 kilos de dinamita allí, con el fin de matar al capo y a su familia, hecho que aunque no cumplió su objetivo dejó tres muertos, 10 heridos y la destrucción de cuatro cuadras a la redonda.

Los vidrios de las ventanas salieron disparados, las puertas y las escalas se cayeron a pedacitos

Álvaro Vélez, vecino del lugar, relató que ese 13 de enero, mientras dormía, algo lo estrujó muy fuerte. “Los vidrios de las ventanas salieron disparados, las puertas y las escalas se cayeron a pedacitos, un closet que se desprendió por poco le cae encima a mi bebé de 3 años, quien se salvó de milagro”, añadió.

Él al igual que sus vecinos se fue del barrio por seis meses porque las viviendas quedaron inhabitables, volvieron y desde ese momento empezó la pesadilla de estar cerca a la propiedad del jefe del cartel de Medellín.

Antes del atentado, Pablo Escobar estaba en el Congreso. “Entonces vivíamos tranquilos. Él hacía fiestas de cumpleaños para sus hijos, iban grupos a tocar el violín, ponían globos y serpentinas azules, pero luego de la bomba vino la zozobra”, recordó Vélez.

En los años 90, cuando el Consejo Nacional de Estupefacientes hizo extinción de dominio a la propiedad, esta fue ocupada por la Fiscalía, pero el 19 de febrero del 2000, criminales detonaron una bomba en la portería, esta vez con 40 kilos de explosivos para atentar contra funcionarios del Cuerpo técnico de Investigación (CTI).

Desde entonces, el edificio pasó de mano en mano, fue utilizado por dos compañías bananeras, usado para marroquinería, luego para una sede de salud prepagada, un bufete de abogados y también funcionó un centro de recuperación para adictos de la droga.

Edificio Mónaco

Vecinos del edificio Mónaco todos los días ven docenas de turistas tomándose fotos con la desteñida y oxidada fachada

Foto:

Deicy Johana Pareja M. /EL TIEMPO

En 2015 hubo una polémica porque la administración de Aníbal Gaviria propuso instalar allí los servicios de inteligencia de la Sipol, las oficinas del 123 y la Secretaría de Seguridad a lo que se opusieron todos los vecinos, argumentando que repetirían las bombas.

Construir allí un parque les da esperanzas porque se solucionarían todos los problemas de las personas que viven al lado ese símbolo del narcoterrorismo. “Todos los días llegan personas a idolatrarlo, a recordarlo como un ‘dios’ y hasta a rezarle. Si el Mónaco desaparece, se esfuma la memoria del capo, podríamos vivir más tranquilos”, dijo Darío Moreno, también vecino.

El mismo alcalde de Medellín aseguró que la historia la cuentan quienes sacan provecho económico de los ‘narcotours’ y que estos lugares son símbolos para quienes vienen a ver qué fue lo que pasó con Pablo Escobar y convierten los escenarios en espacios de tributo a estas personas que hicieron tanto mal.

Precisamente, Dorely Restrepo Lopera, administradora del edificio Bahía Blanca, contiguo al Mónaco, dijo que es muy difícil ver llegar grupos de personas con morbo a tomarse fotos con ese edificio, símbolo de violencia y la muerte.

Si el Mónaco desaparece, se esfuma la memoria del capo, podríamos vivir más tranquilos

El Mónaco estuvo valorado en 5.000 millones de pesos, cuenta con 34 parqueaderos, 12 apartamentos, dos piscinas y una cancha de tenis. Pero hoy todo está oxidado y en ruinas, las paredes tienen humedades y las piscinas son un nido de zancudos que incomodan a los habitantes de Santa María.

Ella contó que por años, habitantes del sector pagaron el mantenimiento de esa propiedad para que no afectara el barrio ni a los residentes.

“No solo es difícil la llegada de tantos turistas que mantienen vivo a Pablo Escobar sino también tener que lidiar con la estigmatización y problemas de salubridad”, afirmó Restrepo.

Con el parque, ellos esperan que haya un pulmón verde en el sector y que si llegan turistas, que sea para conocer la historia de las víctimas: militares, policías, jueces, políticos y civiles que nada tenían que ver con esa guerra de los carteles de la droga, no para inmortalizar al capo.

DEICY JOHANA PAREJA M.
Redactora de EL TIEMPO
Medellín