Relatos de un hijo de pablo escobar

César Medina / Especial para LISTÍN DIARIO
Ciudad de Panamá
relatos-de-un-hijo-de-pablo-escobar.jpegLleva el nombre de su padre, Pablo, aunque para sobrevivir al asedio de su pasado se hace llamar Sebastián No busca santificar a su papá pero desmitifica el fratricidio colombiano de la guerra contra las drogas desde hace cuatro décadas con miles de muertos y fortunas sin cuantificar en manos desconocidas.

Es el hijo de Pablo Escobar Gaviria, que tiene ahora 38 años, pero tenía 16 en 1993 cuando la DEA interceptó una llamada entre ellos dos para “ubicar y dar de baja” al legendario narcotraficante que le declaró la guerra al mundo e inundó de cocaína a los Estados Unidos.

Juan Pablo o Sebastián– como prefiere que le llamen, asegura que su padre se suicidó de un tiro en la cabeza antes de dejarse apresar por el “Bloque de Búsqueda” que le pisaba los talones desde que las agencias norteamericanas contra el crimen lo declararon “enemigo público número uno”, un rango que hasta entonces sólo había ocupado Al Capone en los años treinta.

Como paradoja del destino, la imagen de Pablo Escobar cobra vigencia a los 22 años de su muerte con el debate sobre el fracaso de una lucha que él vaticinó estaba perdida de antemano por tratarse de un drama social centrifugado por la economía más poderosa del mundo: la norteamericana.

“ A mi papá se le acusaba de ser dueño del 80 por ciento del mercado de la cocaína; al día siguiente (de matarlo), no faltó droga; luego se desmanteló el Cartel de Cali ¿y faltó droga? No faltó ni un solo gramo Y así nos tienen desde hace cuarenta años: un negocio floreciente”, dice el hijo de Escobar en una impactante entrevista publicada esta misma semana en el diario La Prensa, de Panamá.

El libro de sus memorias
Una de las firmas editoriales más prestigiosas de Hispanoamérica, Editorial Planeta, ha publicado con abundante expectación el libro “Pablo Escobar, Mi Padre”, las memorias del único hijo varón del capo colombiano que en la ocasión adopta su verdadero nombre como atractivo de librería.

Mujeriego empedernido como casi todos los líderes de los bajos fondos de la mafia, Escobar Gaviria no tuvo otras descendencias fuera de su matrimonio con su novia de infancia, María Victoria Henao, con quien procreó, además de Juan Pablo, a Manuela, siete años menor.

La periodista Flor Mizrachi Angel, del diario La Prensa, cuestionó a Pablo Escobar Henao sobre la infancia ostentosa que vivió junto a su madre y su hermana durante el reinado de su padre

“¿Qué te faltó?”, le preguntó de forma inteligente, y él le respondió:

-Me faltó libertad; teníamos todo sin ser dueños de nada. Teníamos para comprar el supermercado, pero no podíamos salir a comprar un kilo de arroz; era mucho peor que ser pobres, porque llegó un momento– viviendo en la clandestinidad–, en que para sobrevivir teníamos que hervir sopas podridas”

Las historias de camino sobre la enorme fortuna y excentricidades de Escobar– considerado por la revista Forbes entre los cinco hombres más ricos del mundo en 1990–, han llegado a decir que durante su huida de la “cárcel” de La Catedral del barrio Envigado de Medellín en 1992, hizo una fogata con dos millones de dólares en billetes de veinte para atenuar el frío de la selva en medio de espasmos febriles.

Esa versión nunca ha sido documentada aunque sí repetida infinidad de veces en publicaciones de todo tipo y hasta por cadenas de televisión norteamericanas del prestigio de History Channel.

El drama de “Manuelita”
Pablo Escobar Gaviria es reconocido hasta por sus peores enemigos como un padre amoroso que sentía especial predilección por “Manuelita”– su hija menor–, desde que una poderosa bomba que buscaba matarlo derribó el edificio que habitaba junto a su familia causándole graves heridas a la niña entonces de tres años: le reventó el tímpano izquierdo y le dejó lesiones de audición permanentes. Él había salido momentos antes.

Después de la muerte de su padre en 1993, Manuela Escobar Henao ha vivido en bajo perfil y sólo se conoce una foto suya tomada en familia hace una década. Actualmente tiene 31 años y es una bella mujer residente en Buenos Aires, pero traumada y con graves problemas de sociabilidad y adaptación bajo el nombre de Juana Manuela Marroquín Santos. Es la forma de ocultar su verdadera identidad.

La familia pasó a residir a Argentina con personalidades supuestas y se adaptó a la sociedad porteña; “Juana” y “Sebastián” fueron a la escuela y su madre María Victoria pasó a llamarse Isabel Santos, personalidad con la que volvió a unirse en pareja con un argentino que quiso sacar provecho de su situación.

Cuando las autoridades argentinas finalmente descubrieron que se trataba de la familia de Escobar Gaviria, apresaron por 15 meses a Pablo Junior y a su madre y los procesaron por falsedad de documentos públicos, lavado de activos y otros cargos graves Como ironías del destino, Escobar Gaviria nunca pasó tanto tiempo entre rejas.

La niña, entonces menor de edad, sufrió “bullying” de sus compañeros de escuela cuando se enteraron que era la hija del conocido capo de las drogas. Fue expulsada y terminó la educación básica en su casa con maestros privados.

Finalmente, madre e hijo fueron liberados y lograron regularizar residencia en la capital argentina Pero “Manuelita” ha permanecido siempre de incógnita, rehúye la prensa y jamás ha concedido entrevistas ni dejado fotografiarse por los medios que la procuran como invaluable atracción de lectoría.

¿Y la fortuna dónde está?
Para vivir con un mínimo de comodidad– pero con resaltante modestia, por no decir pobreza–, la viuda y los dos hijos de Pablo Escobar Gaviria debieron recibir algún dinero del Estado colombiano en resarcimiento de los daños sufridos durante su persecución a principios de la década de los noventa.

La fortuna inmensa que logró acumular Escobar fue decomisada por las autoridades, y la que tenía oculta al momento de su muerte, debió ser “entregada” a los jefes del grupo “Los Pepe’s”– las siglas de “Perseguidos por Pablo Escobar”–, bajo amenaza de desaparecer a toda la familia del mapa…

La suma entregada a “Los Pepe’s”– en dinero en efectivo, propiedades como autos, fincas y residencias–, se cuantifica en 150 millones de dólares. Pero hay quienes dicen que aún hay muchos millones “encaletados” cuya posesión se ignora a 22 años de la muerte del más audaz y osado narcotraficante que ha conocido la historia.

“MI PROFESIÓN ES SER BANDIDO”
Uno de los recuerdos memorables del hijo de Pablo Escobar fue cuando siendo muy jovencito preguntó a su padre: ¿Por qué nosotros tenemos tanto dinero, Papá? Y él le respondió: “Porque mi profesión es ser bandido”.

Desde que tiene uso de razón, el miedo, la soledad, la persecución, el exilio, la tristeza, la depresión, han sido sus compañeros de vida.

“… Por eso no quiero ver ni tener dinero manchado de sangre”.

¿Qué sensación puede sentir un hijo del narcotraficante más temido de la historia?

“-Un sabor muy amargo, el sabor del estigma…”

La prensa sensacionalista, en particular las grandes cadenas de televisión que comercian con programación basura, han convertido a Pablo Escobar “en un ícono pop”, según su hijo

“ Y en su afán por presentarlo como el peor bandido de la historia de la humanidad, lo que único que han logrado es hacer que muchos otros lo imitenÖ O sea, les salió el tiro por la culata”.