ZAPATA: EL TRAFICANTE ESOTÉRICO DEL CARTEL

El 4 de octubre de 1988 Jacob Harich descendió de un avión que seis horas antes había cubierto un vuelo entre Orlando (Florida) y el aeropuerto internacional Eldorado de Bogotá. Harich era para ese entonces uno de los principales accionistas de la Chemie Researchs and Manufacturing Company, compañía que pretendía adquirir un colombiano esotérico que se identificó como Camilo Zapata Vásquez.

Por: MILLER RUBIO /ELTIEMPO.COM
28 de noviembre de 1993, 05:00 am

Harich había viajado a Bogotá en compañía de Wolfrom Quintero y permaneció, desde el 4 hasta 9 de octubre, en un lujoso castillo que el comprador tenía en las afueras de Bogotá. El negocio, al parecer, nunca se finiquitó, pues no apareció en el registro de las propiedades de Zapata conocidas por el Bloque de Búsqueda en los últimos 3 meses.

Cinco meses después, el 20 de junio de ese año, Zapata cambió su nombre inicial, Camilo Arturo, por el de Juan Camilo. Y se sumió en la clandestinidad.

Zapata, que para ese entonces controlaba la compañía de químicos Kil, buscaba ampliar su poder económico hacia Estados Unidos para establecer un canal de suministro de la materia prima para el negocio: insumos químicos.

Al lado de José Gonzalo Rodríguez Gacha, El Mexicano , Zapata había acuñado desde 1980 una inmensa fortuna que en la última década fue penetrando 180 compañías de diversa razón social para lavar dinero producto de los embarques de cocaína al exterior.

Por eso los agentes del Bloque lo consideraron hasta el viernes pasado, cuando cayó abatido por la Policía en Medellín, uno de los traficantes más poderosos de la organización del cartel de Medellín.

Hay pocos detalles sobre la personalidad de Zapata, pero las autoridades sostienen que durante años pagó gruesas sumas de dinero a una pitonisa, conocida como Alicia por ayuda del más allá . Algo equivalente hizo respecto de otra docena de brujos.

La persecución oficial contra Zapata se intensificó particularmente en 1989 pero escapó en varias oportunidades a los allanamientos que practicaron agentes de la Dirección de Policía Judicial e Investigación (Dijin), y soldados de la XIII Brigada en Bogotá.

El caso Ochoa Las autoridades creen que Zapata realizó una severa purga dentro de sus servidores, después de los frustrados allanamientos. Y es que, según fuentes de la Policía, cada uno de los quince empleados del castillo Marroquín fue secuestrado y asesinado, como una retaliación de Zapata por presunta filtración de información.
Sólo Jorge Darío Ochoa, empleado de El Castillo, sobrevivió a la venganza inicial de Zapata en 1989, pero después Ochoa fue asesinado. El crimen ocurrió el 28 de mayo de 1991.

Ese homicidio se constituyó en el punto de partida de la investigación que la Fiscalía General de la Nación venía adelantando contra Zapata.

Las autoridades afirman que, entre el 19 de marzo y el 18 de abril de 1990, Zapata coordinó varios embarques de drogas consiguiendo, a través de una modesta agencia de viajes, vuelos hacia Curazao, Rio de Janeirio, Miami, Panamá, Lancarna y Chipre.

La propiedad quizá más conocida de Zapata, un castillo rodeado por un semi conjunto residencial, con estación de servicio, motel, discoteca, boutique, criadero de caballos y una capilla, estaba virtualmente abandonada y en venta.

Según una cinta en poder de las autoridades, Zapata había fijado a la propiedad un precio de cincuenta mil millones de pesos.
La Policía, que ubicó a Zapata el viernes en la finca La Florida, en Copacabana (Antioquia), cree que en los últimos dos años Zapata había extendido su negocio hasta Chipre, donde tenía una empresa de manufacturas.
Zapata habría administrado e invertido sus recursos a través de Inversiones Zapata Vásquez y la hacienda Aguas Calientes, esta última de propiedad de El Mexicano .

Las autoridades creen que hubo dinero de Zapata en 180 negocios, entre ellos, la hacienda San Jorge, en Restrepo (Meta); una compañía marítima, varias agencias de seguros, y en firmas de explotación de esmeraldas. Era uno de los hombres más ricos de Colombia , dijo a EL TIEMPO una fuente del Bloque. Aún más, Zapata había intentado adquirir en 1988 la firma constructora Pinski y Asociados, cuando estuvo en quiebra, pero la transacción no se realizó.

Actualmente, las autoridades investigan varias cuentas de banco de Zapata en los bancos Cafetero (en donde tenía la cuenta 270 990229), Crédito y Comercio, Estado, Ganadero, Mercantil, Industrial, Occidente y Granahorrar.

Zapata, según un documento hallado durante la operación del pasado jueves, estaba consolidando una licitación para asumir el control de un importante sector de las comunicaciones.

Esta vez no le llegó la ayuda del más allá , dijo ayer un oficial de Policía al referirse a la acción que terminó con la muerte de Zapata. Desde el miércoles, el Bloque de Busquedad le había pisado los talones en cinco allanamientos.

Qué hacía en Medellín? La Fiscalía y el Bloque tienen sólo una respuesta. Zapata seguía coordinando importantes embarques de cocaína del cartel, aparentemente suministrada por los traficantes de Pablo Escobar.

Blandón era rehabilitado El asesinato de Guillermo Blandón, testigo de excepción en un proceso contra Pablo Escobar Gaviria, frenó un programa de microempresas en las comunas de Medellín para capacitar y resocializar sicarios.

Blandón, asesinado el pasado viernes en la calle 124 con carrera 31, en el norte de Bogotá, era el principal gestor del programa y se había rehabilitado, dijeron ayer fuentes de la Fiscalía.

Los voceros revelaron que Blandón estaba efectuando en Bogotá gestiones para conseguir que entidades oficiales o particulares patrocinaran el programa.

En ese empeño lo acompañaban algunos de los principales líderes de bandas de sicarios de Medellín. Según Blandón, las microempresas eran el único instrumento para sacar de la delincuencia a los jóvenes de las comunas.

Las mismas fuentes revelaron que Blandón comenzó a trabajar con Escobar desde 1982 y en compañía de él envió cerca de 1.000 kilos de cocaína a los mercados de Houston (Estados Unidos).

cerca de 1.000 kilos de cocaína. Además, era el hombre encargado de controlar el ingreso al país de las ganacias que dejaba el tráfico de droga.

La información de los organismos de seguridad indica que Blandón no sólo era uno de los hombres más cercanos a Escobar sino que conocía las intimidades del cartel de Medellín.

Tras permanecer al lado de Escobar por casi 10 años, Blandón se sometió a la Justicia y comenzó a colaborar con la Fiscalía y aportar datos importantes sobre las operaciones del capo y sus hombres, a tal punto que llegó a ser catalogado como uno de los más importantes testigos de cargo contra el jefe del cartel de Medellín.

En diversas oportunidades el organismo investigador le ofreció incluirlo en el Programa de Protección de Víctimas y Testigos, oferta que rechazó, según él, porque conocía suficientemente el cartel y sabía cómo ocultarse.

Algunos de los miembros del cartel de Medellín recluidos en la cárcel de Máxima Seguridad de Itagí señalaron a Blandón de ser uno de los integrantes de la organización Perseguidos por Pablo Escobar (Pepes), pero ese cargo nunca pudo ser probado.