Escobar entra en el negocio de las drogas

Sólo hasta el 11 de Junio de 1976 cayó por primera vez un cargamento de droga de Escobar. El operativo empezó en Ipiales (Nariño), donde unos agentes del DAS captaron el momento en que la droga era camuflada en las llantas de un camión. Pero no los detuvieron allí, dejaron que siguieran hasta Medellín y en la capital antioqueña aprehendieron tanto al conductor como a su ayudante. Los agentes del DAS se dejaron sobornar por los detenidos para llegar a los cabecillas de la banda, y así fue como apareció Pablo Escobar, acompañado de Gustavo Gaviria y su cuñado Mario Henao.

El capo ofreció US$5.000 a los agentes para que los dejaran ir, pero fueron capturados. Años después, Escobar cobraría esta afrenta asesinando a dos de los agentes que participaron en el operativo y al director del DAS en Medellín.Apenas meses antes de su captura, el 29 de marzo de 1976, Pablo Escobar se había casado con Victoria Eugenia Henao, de quien se había enamorado tres años atrás y a quien conocía desde muy joven, cuando vivía en el barrio La Paz. Eran vecinos.

La boda se realizó porque a la abuela de la novia no le parecía prudente ni bien visto que una niña de 15 años anduviera así no más, sin ningún compromiso, con un hombre de 27. Del matrimonio resultaron dos hijos, Juan Pablo y Manuela, adoración de Pablo Escobar durante toda su vida. Para ellos, ya siendo un próspero narcotraficante, compró el edificio Mónaco, en el exclusivo sector de El Poblado, que sus enemigos del

narcotráfico volaron años después, en un atentado con carro bomba perpetrado en enero de 1988. A Pablo Escobar le gustaba tener propiedades porque esa era su forma de demostrar a los ricos de Medellín que él también podía ser parte del círculo de la alta sociedad, y que, aunque no lo aceptaran abiertamente, él era más rico y poderoso que ellos.

Una de esas propiedades fue la hacienda Nápoles que construyó sobre un terreno de su propiedad en el municipio de Puerto Triunfo. Era una tierra prospera y hermosa, de grandes extensiones y rodeada de mucha naturaleza, como le gustaba al capo. En la entrada de la hacienda mandó colocar una avioneta que, según se decía, era la que había utilizado para enviar su primer cargamento de droga a los Estados Unidos. Durante muchos años, la ubicación de la familia del capo pasó inadvertida para las autoridades. Sólo cuando ocurrió el atentado se descubrió que además de los apartamentos para su familia, en el edificio Mónaco se guardaba parte del fortín de Pablo Escobar.

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El periodista José Guillermo Herrera, quien trabajó en el periódico El Espectador en esta época, así describió lo que encontraron las autoridades en enero de 1988: “El Mónaco no era el edificio que pudiera imaginarse para albergar a la familia del hombre más rico del país. Era una torre de ocho plantas, con balcones espaciosos y de barandas metálicas pintadas de rojo, todo forrado en mármol. Nada deslumbrante por fuera pero adentro el deslumbramiento era total.

Quienes pudieron ingresar a los sótanos, chocaron con la colección de carros más exuberante: Ford, Chrisler y hasta una vieja carroza de las utilizadas para las diligencias en el Oeste estadounidense estaban ahí, levantadas sobre gatos en el museo más exótico posible… El deslumbramiento había llegado con la vista de la belleza y el brillo de los autos y motos de colección, con la galería privada en la que Botero, Grau y Van Gogh exhiben algo de lo mejor de sí y, aún con las tallas de manos por nadie identificadas, y con la exposición del cristal hecho lámparas…”.2 La hacienda Nápoles fue otro sueño hecho realidad y se convirtió en su lugar de descanso preferido, a donde frecuentemente lo iban a visitar sus familiares, amigos y hasta diversos personajes de la vida pública. Además era el sitio donde se formaban
1El Patrón, vida y muerte de Pablo Escobar. Cañón Luis
2El verdadero Pablo; sangre, traición y muerte. Las confesiones de Popeye. Astrid Legarda

Fiestas descomunales, donde nunca faltaban la diversión, el trago y la buena comida. Allí, en esa tierra de abundancia y belleza, construyó un zoológico que con los años se volvería famoso y que estaba lleno de cientos de especies exóticas que el capo había mandado traer de diferentes partes del mundo para su complacencia y la de sus visitantes.

El periodista antioqueño Juan José Hoyos describió en su crónica “Un fin de semana con Pablo Escobar” las excentricidades del lugar y el trabajo que le llevó a Pablo Escobar conseguir su anhelado zoológico: “Después de comprar la enorme propiedad, situada entre Doradal y Puerto Triunfo, casi a orillas del río Magdalena, empezó a plantar en sus tierras centenares de árboles, construyó decenas de lagos y pobló el valle del río con miles de conejos comprados en las llanuras de Córdoba y traídos hasta la hacienda en helicópteros. Igual que con los conejos, Pablo Escobar consiguió un ejército de trabajadores para plantar palmas y árboles exóticos por el borde de todas las carreteras de la hacienda.

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Él mismo, durante muchos meses, dirigió la tarea de poblar su tierra con canguros de Australia, dromedarios del Sahara, elefantes de la India, jirafas e hipopótamos del África, búfalos de las praderas de Estados Unidos, vacas de las tierras altas de Escocia y llamas y vicuñas del Perú. Cuando el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) se los decomisaba, por no tener licencia sanitaria, Escobar enviaba un amigo a los remates. Allí los compraba de nuevo y los llevaba de regreso a la finca en menos de una semana.

Durante varios años, Pablo Escobar dirigió personalmente las tareas de domesticar todas las aves, obligándolas con sus trabajadores a treparse a los árboles por las tardes cuando caía el sol. Por ejemplo, a un canguro le enseñó a jugar fútbol y mandó a traer desde Miami, en un avión, a un delfín solitario envuelto en bolsas plásticas llenas de agua y amarrado con sábanas para evitar que se hiciera daño tratando de soltarse”. Y es que a Escobar siempre le gustó la naturaleza y la vida de campo que disfrutó cuando era niño.

Él mismo decía que no quería olvidar la vida de pobre y las difíciles situaciones económicas por las que atravesó junto a su familia. Tal vez por eso desarrolló un sentido social que lo diferenciaría de los otros narcotraficantes de la época y lo llevó a invertir grandes cantidades de dinero en obras para ayudar a las personas de escasos recursos. Con esa actividad constituyó un discurso social alrededor de la pobreza en Medellín que lo llevó a construir mil viviendas en el barrio Moravia, para

18mejorar las condiciones de vida de quienes vivían en el sector, organizando comités en pro de la realización de proyectos comunitarios e inaugurando aproximadamente cien canchas de fútbol en algunos barrios de la ciudad.3Los hermanos Fabio, Jorge Luis y Juan David Ochoa Vásquez, hijos del conocido caballista y ganadero antioqueño Fabio Ochoa Restrepo, entraron al negocio del trafico de drogas después de que el hijo mayor, Jorge Luis, viajara a Miami y le consiguiera coca a un profesor, por medio de un traficante colombiano. Con este pequeño negocio ganó su primera comisión, pero se sintió inconforme porque se dio cuenta de que quienes verdaderamente ganaban dinero eran aquellos que comercializaban la droga.

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Así que regresó a Colombia y se inició en el negocio, convirtiéndolo en la profesión de la familia. Su principal socio era el mismo Pablo Escobar Gaviria.El fútbol fue siempre su pasión y quería darle a los jóvenes lugares seguros y adecuados para practicar este deporte. Pero no solo le interesaba el balompié, también el periodismo. Entonces empezó a difundir sus ideas a través del periódico Medellín Cívico, que dirigía su tío Hernando Gaviria, pero que financiaba el capo.

A través de esta publicación, Escobar comenzó a ganar popularidad entre las clases bajas de Medellín, pues se mostraba como el hombre rico que pensaba en los pobres y realizaba obras y actos en pro de sus necesidades. Una faceta filantrópica en momentos en que ya tenía el negocio del narcotráfico dominado, era un reconocido narco y tenia prósperos negocios con otros narcotraficantes reconocidos en la región como El Clan Ochoa y El Mexicano

Por: Lady Marcela Osorio Granados

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