Hijo de Pablo Escobar reitera que el capo se suicidó

No es fácil ser el hijo de Pablo Escobar Gaviria. La muerte del narcotraficante hace 21 años no trajo paz al entonces adolescente Juan Pablo Escobar, sino que marcó el inicio de una etapa más difícil: la de convertirse en Sebastián Marroquín Santos. Con una nueva identidad que lo desvinculaba ante la ley del criminal más sangriento de la historia colombiana, el primogénito tuvo que aprender a conciliar la imagen de su padre con aquella faceta delictual. Y ese proceso sigue en marcha hasta hoy.

Durante los últimos 15 años, Sebastián Marroquín se ha dedicado a promover la paz en su país a través de conferencias y seminarios. También develó su pasado en el documental “Pecados de mi padre” (2009). Pero faltaba algo: un documento que le permitiera ofrecer disculpas a las víctimas de su progenitor.

Ese manifiesto de perdón finalmente llegó este año en forma de su libro.Se trata de “Pablo Escobar, mi padre. Las historias que no deberíamos saber” (Editorial Planeta. $12.000), donde expresa, desde un inicio, su intención de disminuir los resentimientos albergados desde la época del imperio narco creado por el delincuente.

“Pido perdón públicamente a todas las víctimas de mi padre, sin excepciones; me duele en el alma profundamente que hayan sufrido los embates de una violencia indiscriminada y sin par en la que cayeron muchos inocentes. A todas estas almas les digo que hoy busco honrar la memoria de cada una de ellas, desde el fondo de la mía. Este libro estará escrito con lágrimas, pero sin rencores. Sin ánimos de denuncia, ni revanchismos y sin escusas para promover la violencia ni mucho menos para hacer apología del delito”, dice al inicio del libro publicado este mes, y que firma bajo su nombre de nacimiento.

‘Hemos sido encarcelados, perseguidos, exiliados y sufrido cientos de intentos de asesinato y secuestro, no por nuestros actos sino por los de mi padre”, dice el colombiano radicado en Buenos Aires
El colombiano radicado en Argentina explica a Emol que pidió perdón porque “siempre he sentido la obligación moral de hacerlo. Nunca me sentí orgulloso de la violencia que ejercía mi padre de manera indiscriminada en muchas ocasiones”.

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De acuerdo con Escobar –quien en los próximos días lanzará su libro ‘Pablo Escobar mi padre’, en el que cuenta detalles de las vivencias junto al capo– frecuentemente sostenía conversaciones con el narco, en los que él le reiterabaque no se dejaría capturar con vida.
“Fue mi padre quien decidió quitarse la vida. Yo hablé mucho con mi padre sobre el tema del suicidio (…) muchas veces me contó que en su pistola tenía 15 disparos: 14 para sus enemigos y uno para él”, reveló Juan Pablo Escobar en diálogo con W Radio.

El hijo del capo señaló que el mayor temor del narcotraficante más buscado del mundo era “no lograr el suicidio” y prefería esa opción antes que ser capturado por las autoridades colombianas. Aunque Escobar reconoció que el capo recibió dos disparos en el chaleco antibalas (que lograron derribarlo), no le quitaron la vida.

En un intercambio de correos electrónicos con este medio, el conferencista de 37 años enfatiza que el perdón es “una oportunidad para liberarnos del odio y evitar así que se perpetúe el dolor que han causado los victimarios. Perdonar es sanador para todos y ello no implica ningún olvido sino mantener plena conciencia de que una prioridad de los seres humanos debe ser la convivencia pacífica, el diálogo y la reconciliación, así como el derecho a la verdad que es al que están accediendo a través de mi libro”.

Y esa “verdad” revela muchas informaciones que hasta ahora se desconocían sobre su padre. Detalles de su muerte, de cómo los agentes antidrogas de Estados Unidos (DEA) lograron dar con su paradero, e íntimos recuerdos familiares son parte del relato.

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Sebastián Marroquín firmó el libro bajo el nombre tenía antes de la muerte de su padre, Juan Pablo Escobar.
Si bien el libro da cuenta de los crímenes del fundador del cartel de Medellín, Marroquín recalca: “No nacemos para juzgar a nuestros padres sino para amarlos incondicionalmente. En vida de él eso hice, pero ese amor irrestricto nunca me impidió criticarlo fuerte y frontalmente por su violencia”.

Una traición familiar que no perdona
La publicación revela detalles de la traición que sufrió su padre por parte de quienes fueron socios. Uno de ellos fue su tío Roberto, quien se convirtió en informante de la DEA y entregó información que facilitó la captura del narcotraficante. En su libro Marroquín cuenta, por primera vez, los detalles del tenso quiebre con su familia paterna.

“Callé esa triste verdad por dos décadas. Mantener el silencio absoluto por un día más me habría convertido en cómplice de su perfidia y deslealtad absoluta. Todo lo que ellos poseen se lo deben a mi padre y sólo fue con traición, alevosía y premeditación que le retribuyeron sus buenos actos. Mi padre fue la oveja negra de la familia, pero ellos por lejos son mucho más oscuros aún de lo que las palabras de mi libro puedan describirlos. No estoy orgulloso de esa historia familiar”, dice.

“Quisiera que todo hubiera sido positivo entre nosotros. Pero ellos solo aman el dinero, los valores familiares jamás les importaron. Vendieron a su propio hermano, aquel que les dio todo. La historia de Caín y Abel parece un cuento de hadas al lado de esos macabros personajes. Yo nunca negocié mi lealtad pues era absoluta hacia mi padre. Estuve dispuesto a morir por esos valores familiares que deben trascender cualquier violencia. Me crié en una cultura que reza: ‘Honrarás padre y madre’”.

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– Al comenzar el libro, usted dice “Soy un ser humano que espera ser recordado por sus actos y no por los de su padre”. ¿Usted siente que aún debe luchar constantemente con ese prejuicio? -“Hemos sido encarcelados, perseguidos, exiliados y sufrido cientos de intentos de asesinato y secuestro, no por nuestros actos sino por los de mi padre. A la sociedad, a la humanidad, a la ley, les cuesta muchísimo trabajo reconocernos como individuos y siempre se nos ha juzgado por el ADN.

Hay un claro rechazo, desconfianza prematura y prejuicios frente a nuestras acciones de bien. Aunque no puedo generalizar, pues sería caer en el mismo error que una buena parte de la sociedad cae. También hay muchas personas que nos quieren, respetan y protegen. Siento que una parte de la sociedad comienza a cambiar sus errados conceptos sobre nosotros y apenas nos dan la posibilidad de ser escuchados, nos incluyen, pues la discriminación es también una incitación a la ilegalidad. Yo soy mis actos, el pasado de mi padre no me define como persona”.

– Si pudiera hablar con Pablo una vez más… ¿Qué le gustaría decirle? -“Que lo amo incondicionalmente. Igual y más que antes. Para toda la eternidad. No soy su juez, porque soy su parte”
Emol/Agencias

Originalmente publicado en29 enero, 2015 @ 2:07 pm

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