Así pasó su último cumpleaños Pablo Escobar

Humillado, acorralado y deprimido: así pasó su último cumpleaños Pablo Escobar

La llamada de sus hijos el 1 de diciembre para felicitarlo en su cumpleaños 43 fue rastreada por la Policía y la CIA y se convirtió en su sentencia de muerte.

Por: Las2orillas diciembre 01, 2021

Humillado, acorralado y deprimido: así pasó su último cumpleaños Pablo Escobar

El 15 de noviembre de 1993 Pablo Escobar dio el último paso hacia su final: junto a El Limón, el último guardaespaldas que le quedaba de un ejército completamente desmantelado, y una prima que oficiaba como empleada doméstica, se fue a vivir a Los Olivos, un barrio de clase media cerca al estadio Atanasio Girardot. Desafiante Escobar, con 30 kilos de más, unas entradas artificiales, se hacía pasar por taxista y todos los días salía hacia el centro. A veces incluso se bajaba a tomar un helado y a ver a las muchachas pasar por Junín. Aunque ya no le quedaban demasiadas cartas por jugar, la gente creía que era imposible que la predicción que hizo en televisión nacional el astrólogo Mauricio Puerta, de que el capo moriría antes del 31 de diciembre de 1993, es que Pablo Escobar parecía bendecido por el niño Jesús de Atocha y se hacía invisibles ante los Pepes, sus más temibles enemigos.

Sin embargo, el 30 de noviembre, el hombre más buscado del mundo decidió guardar su auto en el garaje y no volverlo a sacar jamás. Su esposa, Maria Victoria Henao y sus dos hijos acababan de ser rechazados por el gobierno alemán y su único refugio sería una suite en el último piso del Hotel Tequendama. Pablo Escobar, deprimido, agobiado por la gastritis, decidió abandonar cualquier tipo de prudencia y comunicarse constantemente con su familia. El día de su cumpleaños, el 1 de diciembre, abusó de esa comunicación y se quedó durante varios minutos hablando con Juan Pablo y Manuela. Entonces no sabía que un avión espía, cuidadosamente diseñado por la CIA, sobrevolaba su casa y que ya tenían detectado dos manzanas en donde seguro el capo podría estar.

En la noche del 1 de diciembre no encontraba consuelo ni siquiera en los porros que fumaba con fruición. Con desgano mandó a su prima a que comprara una torta de chocolate. Acompañado de El Limón y de una desganada canción de Happy Birthday Pablo pensaba en su futuro. Empezaba a creer que podría huir del cerco que le montaron sus enemigos e internarse en la selva en donde sería el contador de las FARC. Desde su más temprana juventud se creyó un hombre de izquierda y nunca ocultó su simpatía por grupos como el M-19 a pesar de que los combatió y mató a varios de sus integrantes cuando creó el grupo paramilitar MAS (Muerte a Secuestradores). La última alegría de su vida la tuvo en la madrugada cuando Herminda Gaviria, su mamá, desafió todos los controles y espías y llegó a la puerta de su casa en el barrio Los Olivos a darle de regalo un magro pedazo de torta y los saludos de su familia acorralada en el Tequendama. Escobar sabía que vendrían horas cruciales y la preparó para el final. Le dio un abrazo y la despidió diciéndole que era una mujer valiente y que estaba orgulloso de ella, según contó el Osito años después. Herminda se fue llorando.

Después vendría el desenlace. Escobar hablando más de la cuenta con su hijo, desesperado. Los Pepes y el Bloque de búsqueda entrando a la casa de los Olivos y luego el balazo en el tejado. Los pies descalzos, la barriga prominente, la barba espesa. Toda Colombia viendo en televisión cómo bajaban su cadáver y Doña Herminda corriendo hasta la casa, aguantando las lágrimas para no darle el gusto a los que odiaban a su hijo de verla llorar.

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Originalmente publicado en1 diciembre, 2021 @ 8:54 pm

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