La Etapa Dorada del Narcotráfico (1980-1984)

Durante los años finales de la década de los 70, y hasta pasada la mitad de la década de los 80, podemos hablar de una época dorada para los narcotraficantes. Se origen como figuras señeras e influyentes de la sociedad, son adorados por sus convecinos, son ricos, y son respetados.

Pueden sobornar a cualquier ente que se interponga en su camino, y a los que no pueden sobornar, los eliminan. En este perio será el Cártel de Medellín el monopolizador, del narcotráfico de cocaína desde Colombia.

Este monopolio tiene su comienzo con una acción relacionada con otro de los problemas endémicos de Colombia: La guerrilla. La conflictividad social colombiana es un tema de estudio ampliamente revisado por la historiografía americanista, y cuyas consecuencias aún sigue viviendo el pueblo colombiano. Una medida que tuvo su importancia en esta época fue la acción del presidente J. Turbay de dar un Estatuto de Seguridad para la defensa de los intereses del país ante los principales enemigos internos: Narcotraficantes (En este momento, 1978, se está viviendo el proceso de retirada de los marimberos para dejar paso a los traquetos) y las guerrillas, en ese momento muy fatigadas por la presión militar, pero que recuperarán fuerzas pese a que “este sector (el narcotráfico) permaneció inmune a la represión (…), mientras que la guerrilla izquierdista apandaba con todo el peso de la represión”

En el caso del Cártel de Medellín, su primitiva formación conocida por la opinión pública lo fue bajo las siglas de MAS, que ocultan el lema de “Muerte a Secuestradores” , en referencia a los guerrilleros del M-19. Este grupo guerrillero urbano, caracterizado por acciones audaces que les reportaban una gran popularidad, habían cometido la imprudencia de buscar financiación mediante la extorsión y el chantaje a los cada vez más poderosos capos de la droga del país, y de esta forma secuestraron a una de las hermanas Ochoa Vásquez y pidieron rescate.

En esta situación es cuando Escobar convoca, en las afueras de Medellín, a todos los grandes y medianos capos del narcotráfico nacionales para pactar crear un grupo armado con el que presionar a la guerrilla y a la par asegurar su propia seguridad y la de sus familiares. Se llegó al acuerdo de financiar al MAS, cuyo vocero, Carlos Lehder, era uno de los transportistas de cocaína más importantes del país, mientras durará el secuestro de la Ochoa. A posteriori se llegó al de pactar un acuerdo que sentaría las bases del Cártel de Medellín, fijando precios, rutas, áreas de influencia…

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El MAS inauguró una época de terror paramilitar contra todo aquel que se incluyera dentro de las izquierdas. No eran el primer grupo en realizar acciones violentas destinadas a minar la capacidad militar y de acción de la guerrilla, pero sí eranlos primeros en hacerlo a una escala tan grande. Como dice el profesor C. Sixirei “[…] al mismo tiempo (Que se organizaba el M-19) se reorganizaban grupos paramilitares de extrema derecha”, dentro de lo que se conocerán como “autodefensas campesinas”.
Estas nacen a partir de una ley de 1968 que permitía a los campesinos el crear grupos de defensa rurales con los cuales defenderse de los abusos y requisas de las guerrillas izquierdistas de influencia cubana que abundaban por las selvas y regiones montañosas del país.

La relación de estas autodefensas, que fueron virando casi de inmediato hacía un paramilitarismo de ultraderecha, se irá asociando poco a poco con la actividad de los narcotraficantes cuando sus intereses se volvieron comunes. Y en este lento viraje de asociación cobrará peso la figura de uno de los más importantes socios del Cártel de Medellín: Gonzalo Rodríguez Gacha, alías “El Mexicano”; que se transformó en “Ministro de Guerra” del Cártel, debido a sus contactos y su afinidad con los paramilitares, su gran riqueza, y su preocupación por la seguridad de sus fincas y laboratorios. Su relación será especialmente importante con los hermanos Castaño Gil, que posteriormente comandarán las Autodefensas Unidas de Colombia, y al grupo de narcoterrorismo y paramilitarismo Los Pepes.

Finalmente, el M-19 acabó por pactar con el MAS y liberar a Martha Nieves Ochoa, pero el precio que pagó fue altísimo. No solo fueron ejecutados gran número de líderes y guerrilleros de este movimiento, que había absorbido a finales de los 70 a los frustrados y derrotados miembros de otras guerrillas de índole selvática; si no que el MAS había iniciado una verdadera campaña de terror contra todos los representantes de la izquierda colombiana, que fueron asesinados sin clemencia por miembros del MAS con la aquiescencia, si no con la plena colaboración, de las fuerzas de seguridad y los grupos de autodefensas. Esto marca para los narcotraficantes un punto de inflexión en su evolución.

Están en su tope de popularidad, y financian grandes obras sociales, canchas de fútbol, iglesias… Son adorados por sus paisanos, que de votamente les sirven y mueren (Y también matan) por ellos, ya que se convierten en héroes populares. Pueden financiarse pequeños ejércitos con los que plantar cara a rivales de toda índole. Y se han hecho con el control no solo de los laboratorios y procesos necesarios para conseguir la cocaína, sino también de las rutas de transporte a Estados Unidos, y de las redes de distribución en este país. Esto último no lo habían logrado ni tan siquiera en sus mejores tiempos los grandes marimberos del país.

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El propio Pablo Escobar busca entrar en política, y para ello no se le ocurre mejor plan que entrar en la competición electoral dentro de un nuevo movimiento político progresista que estaba revolviendo la escena política colombiana: El Nuevo Liberalismo de Juan Carlos Galán. Este popular político tenía un combativo discurso en contra del narcotráfico y la corrupción política, y por ello mismo había despertado la admiración del aletargado electorado colombiano, harto del bipartidismo oligárquico reinante hasta entonces. Pero Galán, fiel a sus propios principios, expulsó a Escobar de sus listas.

Esto no fue problema para Escobar, que se introdujo, dentro del Movimiento de Renovación Nacional, en las filas de liberalismo tradicional; y consiguió puesto como suplente en la Cámara de Representantes (1982). Pero la época dorada del narcotráfico, en la que todo era ostentación, derroche, admiración y clamor popular; tenía sus horas contadas. La presión de ciertos sectores de la oligarquía, amenazados por el irredentismo y la riqueza de los narcotraficantes, junto con la honradez promovida por reducidos sectores de la política (Cabe destacar a Galán y los políticos del Nuevo Liberalismo), harán que se comience un movimiento de desprestigio público de los narcos. Primero, estos movimientos serán relativamente discretos, y no llegarán a tocar a la opinión pública; pero poco a poco las tornas van volviéndose para los poco discretos narcos del Cártel de Medellín, especialmente contra Pablo Escobar; mientras que los más discretos dirigentes del Cártel de Cali supieron ocultar mejor sus pecados mediante el uso de sobornos y la infiltración en las altas esferas.

En esto destacará la actuación del ministro de justicia Rodrigo Lara Bonilla. Este será el primero en denunciar públicamente, en la Cámara de Representantes. Por otro lado, el diario El Espectador sacará un amplio reportaje sobre sobornos y dineros en caliente en la política colombiana, que pondrá en entredicho al capo. Escobar no era hombre que perdonara una afrenta, y el sentirse traicionado de esa manera por lo que él consideraba “oligarcas” le afectó en lo más hondo. Perdió, en octubre de 1983, su inmunidad como parlamentario, pero aun así inició una dura campaña de desprestigio contra Lara Bonilla. Este tuvo que admitir que su familia había recibido dineros en caliente de un narcotraficante, aunque provenían de un negocio ganadero legal. Por otro lado, desde su puesto en el gobierno, Lara Bonilla organizó una importante operación de decomiso contra los laboratorios de la Selva del Yarí, conocidos como “Tranquilandia” , en los cuales se le decomisó una enorme cantidad de cocaína, amén de aviones, helicópteros, armas… La importancia de esta operación será tal que Rodrigo Lara, jurista e hijo del ministro de justicia, afirmará que “el descubrimiento de Tranquilandia será el inicio de la tragedia nacional que se abrirá después para Colombia”.

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Amén de eso, acusó de complicidad con las FARC a Escobar. En el momento, la principal obsesión del gobierno colombiano, presidido por el conservador Betancur, era eliminar a las guerrillas por un lado, y solidificar el Tratado de Extradición por otro. Para luchar contra esto último, los narcotraficantes se habían unido en la asociación de “Los Extraditables”. Esta no sería tan masiva en lo que se refiere a miembros como lo sería en su momento el MAS, pero sentará un corpus ideológico en que los principales narcotraficantes de Medellín se verán reflejados. Su lema se haría prontamente conocido: “Preferimos una tumba en Colombia que una celda en EE.UU.”. Y su principal vocero público será una de las cabezas del Cártel de Medellín: Carlos Lehder, el gran transportista de cocaína, que contralaba varios periódicos y emisoras de radio y ya había ejercido de vocero del MAS.

Tomado del documento:
Conflicto social en Colombia: Pablo Escobar y el Cártel de Cali
por Arturo Real

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