La masacre de Villatina, un triste recuerdo de Medellín

Jueves 13 de noviembre de 2008 / prensarural.org
“La niña tenía los pies quebrados y no podía correr; del carro le decían matala pues y él le disparó a la niña con un arma grande; luego se montaron en el carro y se fueron”. Ese doloroso recuento lo hizo hace 16 años Martha Elena Toro Álvarez a la Fiscalía General de la Nación al dar cuenta del asesinato de Johanna Mazo Ramírez, de 8 años de edad, una de las nueve víctimas de la masacre del barrio Villatina, ocurrida el 15 de noviembre de 1992, a manos de un comando de policías vestidos de civil adscritos al F-2.

Para recordar lo ocurrido y reclamar justicia, el Grupo Interdisciplinario de Derechos Humanos, programó para este viernes 14 de noviembre en el Parque de El Periodista la conmemoración de 16 años de esa incursión policial.

“Se trata de recordar los niños que fueron asesinados en Villatina y, adicionalmente, se busca recordar todos los niños y jóvenes asesinados en Medellín por acción directa del Estado desde la década de los 90. Al evento lo hemos denominado Que digan mi nombre para que no me olviden”, explicó María Victoria Fallon, directora del Grupo Interdisciplinario de Derechos Humanos.

La conmemoración comenzará a las 4 de la tarde con una eucaristía; luego habrá un par de intervenciones de organizaciones sociales que acompañaron a las familias víctimas de Villatina y se culminará con un homenaje a las familias de las víctimas.

Haciendo memoria

En la memoria de muchas de las familias víctimas de esta incursión policial al barrio Villatina, ubicado en las laderas orientales de la ciudad, aún están frescos los recuerdos de aquella noche, cuando tres vehículos, sin placas, se parquearon en la calle 54 con carrera 17. De ellos se bajaron por lo menos doce hombres, vestidos de civil, algunos de ellos enmascarados, y portando fusiles y revólveres.

Las declaraciones entregadas a las autoridades en esa época revelan que una vez los hombres descendieron de los carros, se dirigieron a la tienda mixta La Cebada, obligaron a los jóvenes que se encontraban en la puerta del establecimiento a tenderse en el piso y luego de reducirlos procedieron a ejecutarlos sin ninguna fórmula de juicio.

En el suelo quedaron tendidos, sin vida, Johnny Alexander Cardona Ramírez, de 17 años; Ricardo Alexander Hernández, de 17 años; Giovanny Alberto Vallejo Restrepo, de 15 años; Oscar Andrés Ortiz Toro, de 17 años; Ángel Alberto Barón Miranda, de 16 años; Marlon Alberto Álvarez, de 17 años y Mauricio Antonio Higuita Ramírez de 22 años. Con vida, pero gravemente heridos, fueron llevados a un centro asistencial, Johanna Mazo Ramírez y Nelson Duban Flórez Villa, de 17 años, donde fallecieron horas después.

Amparo Restrepo de Vallejo le narró a los investigadores de la época que cuando recibió la noticia de que habían matado a su hijo Giovanni Alberto, salió “como loca” al lugar del tiroteo. Cuando acabaron los disparos, encontró a su hijo muerto tendido boca abajo. El dolor le provocó un desmayo.

Esta tragedia también cobijó a Martha Elena Toro Álvarez, madre de Oscar Andrés. Esa noche del 15 de noviembre estaba sentada en la puerta de su casa cuando escuchó una balacera cerca a la esquina donde en ese momento estaba su hijo. El susto la obligó a levantarse de inmediato y correr hasta el lugar de los disparos.

“Cuando yo llegué a la esquina donde estaban los muchachos muertos vi al negro que mató la niña, porque yo lo ví cuando lo hizo, más sin embargo yo cruzo la otra esquina buscando mi hijo y lo vi boca abajo muerto con otros dos compañeros, yo me le tiré encima”, le dijo Martha Elena a los investigadores judiciales.

Las sospechas de la incursión policial comenzaron la misma noche de los hechos. Según lo que establecieron informes judiciales, una de las víctimas, el joven Nelson Duban exclamó dirigiéndose a los asesinos instantes antes de recibir las heridas: “ustedes son Feos (expresión con la que se conocía en esa época a los policías adscritos al F-2)”. Nelson habría reconocido a uno de los agresores, quien podría ser compañero de trabajo de su tío Jairo Flórez, un agente de la Sijín Antioquia asesinado semanas antes.

La versión fue refrendada por uno de los menores sobrevivivientes: “recuerdo que Nelson le dijo al que nos estaba disparando que si quedaba también vivo, él ya sabía quien era porque él, o sea el que estaba disparando, le había matado también al hermano, y les dijo también que ellos trabajaban en el F-2, quiero decir que Nelson ahí mismo lo reconoció. El que nos disparó era morenito, bajito, crespito y tenía bozo, tenía un anillo, tenía camisa café y un pantalón azul como blue jean”.

El ataque armado del comando policial contra los niños y jóvenes que en ese momento estaban en la tienda mixta La Cebada cesó con la llegada de un grupo de soldados adscritos al Ejército Nacional que estaba cerca al lugar, quienes se enfrentaron a los sicarios sin que hubiese bajas ni detenciones. Las pruebas de balística que indican que los proyectiles utilizados en la masacre pertenecían a la Policía Departamental y al Ejército Nacional.

Al respecto, Juan Guillermo Correa Mendoza, en ese entonces cabo segundo del Ejército y quien junto con otros militares contribuyó a repeler a los autores de la masacre, le manifestó a la Fiscalía que los sicarios “parecían personas bien vestidas, bien organizadas y en la forma de operar bien preparadas. Por el material bélico que tenían, fusiles, galil y subametralladoras, las vías de escape que tenían preparadas, se dejaba ver por su preparación que podían ser personas de un organismo de seguridad, es decir, todo lo tenían planeado”.

Por estos hechos, el Estado colombiano reconoció responsabilidad internacional el 2 de enero de 1998 ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA y el 29 de julio de ese mismo año, en Bogotá, pidió perdón públicamente a los familiares de las víctimas y a la sociedad. En cumplimiento de las obligaciones orientadas a la reparación integral y a la recuperación de la Memoria, el Estado entregó el 13 de julio de 2004 el Monumento Los niños de Villatina, que se instaló en el Parque del Periodista, ubicado en el centro de la ciudad.

Si bien el Estado reconoció su responsabilidad ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, lo que nunca se supo fue por qué se dio ese hecho atroz contra los jóvenes de Villatina. No obstante, una lectura de contexto del conflicto urbano que vivía Medellín en esa época permite interpretar que se trató de una venganza indiscriminada de algunos miembros de la Policía Nacional en respuesta a la decisión macabra del narcotraficante Pablo Escobar Gaviria de pagar hasta 2 millones de pesos por el homicidio de agentes y oficiales de esa institución.

Hay bases para pensar que la masacre de Villatina, en la que perdieron la vida varios niños y jóvenes inocentes, no fue el único evento de esa naturaleza que se presentó por entonces en la capital antioqueña.

Sobre la aceptación de la responsabilidad del Estado colombiano, Fallon admitió que sobre este hecho se supo la verdad histórica, se reconoció la participación del Estado a través de agentes de la Policía Nacional y se reparó a la sociedad con el monumento, pero indicó también que hasta el momento hay total impunidad, entre otras razones porque no se condenó a ningún agente de la policía.

“Uno puede dar una explicación contextual de los hechos, histórica si se quiere, pero eso a una mamá no le dice nada del por qué mataron a sus hijos. Por eso en el evento vamos a reclamar que no haya más impunidad”, sentenció Fallon.

Originalmente publicado en6 agosto, 2020 @ 10:14 am