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Pablo Escobar y la explosión de la narco ficción

27/08/2015 – 20:29h – Netflix estrena Narcos, una nueva serie sobre el nacimiento del cartel de Medellín y del imperio de terror con el que Pablo Escobar logró convertirse en uno de los hombres más ricos del planeta en los años 80

Narcos, vida y obra de Pablo Escobar

Narcos, vida y obra de Pablo Escobar

 

Pablo Escobar, un malo de Batman

El inminente aterrizaje de Netflix en España el próximo octubre llevará consigo una de sus últimas producciones propias. Narcos se enmarca en la estrategia de la compañía norteamericana para expandir su negocio a otras latitudes (ahora mismo presente en 50 países y el objetivo es ampliar hasta 200 a finales del 2016). Los primeros andamios fueron las producciones internacionales Sense8 y Marco Polo y su  primera producción original en castellano, la comedia futbolera Club de Cuervos, estrenada el pasado 7 de agosto.

A pesar de la destacada presencia del idioma de Cervantes, Narcos tiene más vocación internacional que la mejicana Club de cuervos. Centrada en la figura más reconocible del mundo del narcotráfico y el crimen, incluye actores de Brasil (Wagner Moura), México, Chile (Pedro Pascal, conocido por su papel de Oberyn en Juego de Tronos), Colombia, Argentina (Alberto Ammann) y Estados Unidos (Boyd Holbrook). Además está grabada en Bogotá, Medellín y otras partes de Colombia. Como Traffic, está rodada en dos idiomas y un punto de vista narrativo que cabalga entre dos mundos: el colombiano y el norteamericano.

Producida y dirigida en los dos primeros episodios por el documentalista José Padilha, Narcos se reparte en diez episodios centrados en el ascenso de Pablo Escobar durante los años 70 y 80, cuando valiéndose del narcoterrorismo afianzó un imperio de la droga con el que abastecer de cocaína a los Estados Unidos y Europa. En el otro bando, se relatan los intentos de las fuerzas especiales colombianas, el gobierno y la DEA (la agencia del departamento de justicia de los Estados Unidos dedicada a la lucha del contrabando y el consumo de drogas) de poner fin al período más violento y turbulento de la historia reciente de Colombia.

Narrada en una voz en off desde el presente -la de Steve Murphy, interpretado por Boyd Holbrook (Perdida)- Narcos repasa con ínfimo detalle todos los episodios de la batalla sin cuartel que libraron Escobar y el cartel de Medellín contra el gobierno colombiano y sus fuerzas de orden respaldadas por Washington DC.

Narcos: El cártel de Medellín

Narcos: El cártel de Medellín

Escobar y ETA

Desde el principio, Narcos se desmarca desde el inicio con un meticuloso trabajo de documentación, aderezado con abundante material de archivo: noticiarios, prensa, fotografías y otros documentos que sintonizan con la etapa documentalista de Padilha. Una prueba cercana a ese enfoque más documental es un fragmento del sexto capítulo en el que se destapa la conexión de la organización de Pablo Escobar con la banda terrorista ETA. El enlace ocurre gracias a un especialista en explosivos que sería pieza clave en el devastador atentado de Avianca, en el que murieron los 107 tripulantes del avión donde supuestamente debía viajar el por entonces candidato a la presidencia de Colombia, César Gaviria.

También destaca por el estilo y el tono de una cuidada superproducción. Ya en la primera toma de contacto la voz en off y la imagen congelada recuerdan a Scorsese, pero tampoco resulta complicado hallar huellas de Blow, la película de Ted Demme que ya se centraba en el contacto del cartel de Medellín en el Sur de los Estados Unidos, y otros clásicos como Scarface, Ciudad de Dios o series recientes como Gomorra.

De hecho la línea temática utilizada para hacer avanzar los arcos de los personajes principales, Pablo Escobar y su antagonista norteamericano en la DEA, se mueve alrededor de la fina línea que separa el bien y el mal en circunstancias extremas, especialmente para los agentes y fuerzas militares que la traspasan con tal de poner fin a la oleada de terror de los narcos. Un tema similar al que el propio Padilha recurrió en Tropa de Élite, donde describía los brutales métodos utilizados por el batallón de las operaciones especiales brasileñas para combatir el crimen de las favelas de Río de Janeiro.

Narcos, vida y obra de Pablo Escobar

El narco es el nuevo serial killer

El drama criminal de Netflix no es el primer acercamiento a la famosa figura de Escobar. Cine, literatura, televisión, documentales y música han dibujado sus respectivos retratos del mortífero zar de la cocaína asesinado en 1993. Antes de que el brasileño Wagner Moura aprendiera español en tiempo récord para poder reproducir el habla pausada y severa del narco colombiano, Benicio del Toro había hecho lo propio en Escobar: paraíso perdido, thriller dirigido por Andre Di Stefano y estrenado el pasado año en nuestras salas. Anteriormente la propia televisión colombiana, Caracol Televisión, había producido Escobar, el patron del mal (2012), exitosos serial basado en la biografía La parábola de Pablo de Alonso Salazar.

La lista desborda cuando añadimos bibliografía y documentales: The True Story of Killing Pablo (2002), Los tiempos de Pablo Escobar (2012), Los archivos privados de Pablo Escobar (2004), Pablo, ángel o demonio (2007), o Pecados de mi padre (2009), son solo parte del extenso recorrido en la no ficción.

Aunque el capo del cartel de Medellín no es la única figura que ha dado pie a relatos enmarcados en la ficción y la no ficción. Su homólogo contemporáneo en el México actual, el Chapo Guzmán, sigue en paradero desconocido pero será el protagonista de El varón de la droga, una narco-novela escrita por Andrés López para Univision. Un género boyante en las televisiones latinas como demuestra también las narco-novelas dedicadas a Rodríguez Gacha (uno de los narcotraficantes más temidos del cartel de Medellín, interpretado por Luis Guzmán en el producto de Netflix), los hermanos Orejuela (jefes del cartel de Cali) o Griselda Blanco (socia del cartel de Medellín en Miami).

Desde el campo del documental, destacan Narcocultura, centrado en la cultura narco y Tierra de cárteles, alrededor de las autodefensas de Michoacán. Las dos capturan la crudeza, el dolor y la semilla de odio que brota en las tierras salpicadas por la sangre, el dolor y la desazón que impone la presencia del narco.

El escritor Don Winslow es otro de los que pone el foco, en su caso desde la ficción, en los paisajes teñidos de rojo a uno y otro lado de la frontera estadounidense con México. Los Reyes de lo Cool, El poder del perro, Salvajes y El cártel, que planea adaptar al cine el director Ridley Scott, componen el grueso de una obra que recoge el impacto del negocio de la droga en ambos lados de la frontera. Todas ellas muestras visibles de que las historias sangrientas de los narcos siguen siendo una valiosa fuente de inspiración. Si Narcos cumple con los objetivos marcados por Netflix, la serie se desplazaría hacia otros reconocidos capos y sus imperios de la droga, sería cuestión de tiempo que el chapo Guzmán tuviera su temporada en la plataforma de VoD.

Originalmente publicado en21 julio, 2020 @ 10:56 am

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Juan Ramón Matta Ballesteros: Narco hondureño socio de Escobar

Juan Ramón Matta Ballesteros (Tegucigalpa, M.D.C., Honduras, 12 de enero de 1945) también conocido como Ramón Matta, Juan Ramón Matta del Pozo, y Juan Ramón Matta López, es un excapo de la droga que tuvo vínculos con el Cartel de Medellín por medio de Griselda Blanco y Pablo Escobar y el Cartel de Guadalajara por medio de Miguel Ángel Felix Gallardo.

Fue el principal responsable de la conexión colombo-mexicana entre el Cartel de Medellín, Cartel de Cali y Cartel de Guadalajara suministrando el transporte aéreo de más del 60% de la droga que ingresaba a territorio de Estados Unidos. Los E.E.U.U habían permitido y alentado en secreto el flujo de cocaína a través de América Central, cuando sabían que los dineros provenientes de la venta de drogas ayudarían a la lucha de los rebeldes para derrocar el régimen izquierdista en Nicaragua. El gobierno estadounidense había frustrado diferentes esfuerzos de la DEA por arrestar a Juan Ramón Matta Ballesteros, pues éste transportaba cocaína a México y, de regreso, provisiones militares a los insurgentes contras. La CIA y el Ministerio de Justicia llegaron a cerrar la oficina de la DEA en Tegucigalpa en 1983 con el fin de proteger la operación de Matta Ballesteros. Agentes de la DEA se refirieron a Matta Ballasteros y a Setco, su aerolínea protegida por la CIA, como clave para la “explosión” de la cocaína que se trasladó a través de México hacia los Estados Unidos en la segunda mitad de la década de 1980.

En abril de 1988, en allanamiento a su propia casa en la ciudad de Tegucigalpa fue secuestrado por Alguaciles de los Estados Unidos, y enviado a los Estados Unidos para ser juzgado y condenado por el secuestro y asesinato de Enrique Camarena Salazar, así como por otros cargos, se presume que su secuestro pudo ser causada por traición de Miguel Ángel Felix Gallardo para apoderarse de las rutas que poseía y quitarse presión de la DEA por el asesinato de Enrique Camarena Salazar.

Matta está cumpliendo 12 condenas a cadena perpetua en el ADX Florence, un centro penitenciario de máxima seguridad cerca de la localidad de Florence, Estado de Colorado.

El 7 de diciembre de 2018 Estados Unidos retiró los cargos del asesinato de Enrique «KIKI» Camarena Salazar por lo cual se espera que obtenga una rebaja de sentencia o su salida de la cárcel y regreso a su país natal Honduras.

Fortuna y bienes

Según la revista Forbes en un estudio hecho en 1987, Matta llegó a tener una fortuna valorada en $2.000 millones de dólares, Matta, como muchos otros narcotraficantes regalaba dinero y comida a los más pobres de Honduras y Colombia; llegó a tener tanto dinero que ofreció pagar la deuda externa de su país, Honduras pero el Presidente, José Azcona del Hoyo se negó. Matta llegó a exportar el 65% de cocaína desde Colombia hacia España, país en el que residió por varios años, donde hizo una alianza con dos capos de los Carteles de droga más grandes de Colombia, en el caso del Cartel de Cali, con Gilberto Rodríguez Orejuela y en el caso del Cartel de Medellín, con Jorge Luis Ochoa en el cual eran socios.

En Honduras, Matta-Ballesteros fue protegido y ayudado por colaboradores hondureños y altos mandos militares que le facilitaron traspaso de droga e impunidad de ser juzgado en Honduras. Estos colaboradores incluyen el Coronel Reyes Sánchez; Coronel Leónidas Torres Arias, el director de la “G2” servicio de inteligencia que era el equivalente de la CIA en Honduras; el Teniente Coronel Juan Ángel Barahona, Jefe de Interpol; y el Coronel Armando Calidonio, miembro de la difunta Dirección Nacional de Investigación – DIN, una unidad especial de investigación. Este último, fue padre del alcalde de San Pedro Sula – Armando Calidonio.

A Matta se le confiscaron más de 45 propiedades en Medellín, Colombia, por orden de extradición y cargo de implicación con el Cartel de Medellín, liderado por Pablo Escobar, en el cual fue de sus principales socios en el extranjero en Países como España, México y según la DEA el Cartel y sus socios tenían planeado montar un proyecto en Honduras, país de origen del capo.

La fortuna de Matta creció cuando promovió el tráfico de droga desde Colombia hacia España, y cuando importó droga desde España hacia California, Estados Unidos.

Arresto de la DEA en 1973

La DEA había arrestado a Matta en 1973 en el Aeropuerto Internacional de Dulles en las afueras de Washington, DC con 54 libras (24 kg) de cocaína. Después de escapar de la prisión federal en la Base de la Fuerza Aérea Eglin en Florida, donde había estado cumpliendo una condena de tres años por violaciones de pasaportes y entrada ilegal a los Estados Unidos, Matta fue ampliamente conocido como uno de los narcotraficantes claves en el establecimiento de el «Trampolín mexicano» – el transporte de cocaína desde Colombia, Cartel de Medellín a los Estados Unidos a través de la organización de Miguel Ángel Félix Gallardo con sede en Guadalajara, México.
Implicación con los Contras

Según un informe de inteligencia de la DEA en 1978, Matta se había convertido en socio de negocios con el general Policarpo Paz García, y había financiado directamente en Honduras a un «Capo de cocaína» que llevó al poder a Paz. Se cree que a partir de esta relación, Matta se involucró en el Grupo Paramilitar nicaragüense conocido como «Los Contras».

De acuerdo con las «Selecciones del Informe del Comité del Senado sobre Drogas, Aplicación de la Ley y Política Exterior presidido por el senador John F. Kerry», «la compañía aérea hondureña SETCO», fue la principal empresa utilizada por La Contra en Honduras para transportar suministros y personal para la FDN que transportaba al menos un millón de rondas de munición, comida, uniformes y otros pertrechos militares para La Contra desde 1983 hasta 1985.

SETCO recibió fondos para las operaciones de abastecimiento de Los Contra de las cuentas de contrapartida establecidos por Oliver North » en un informe de 1983 de la Aduana de Estados Unidos. La Investigación encontró que «SETCO significa Servicios Turistas Comandante Ejecutivos y está dirigida por Juan Matta-Ballesteros, un violador de clase I de la DEA.» El mismo informe señala que de acuerdo con la Administración de Control de Drogas, «La empresa de aviación SETCO es una sociedad formada por hombres de negocios norteamericanos que están lidiando con Matta y con narcóticos de contrabando a Estados Unidos.

«Matta había sido identificado por la DEA en 1985 como el miembro más importante de un consorcio para mover una parte importante (tal vez un tercio o más de la mitad) de toda la cocaína traficada desde Colombia a Estados Unidos. La DEA también cree que Matta estaba detrás del secuestro de un agente de la DEA en México, Enrique Camarena Salazar, quien fue torturado y asesinado.

Desde entonces se ha conocido en las postrimerías del caso Irán-Contra que el teniente coronel Oliver North había creado las cuentas bancarias a través de las cuales SETCO cobraría por sus servicios a los militares de Estados Unidos. El 9 de julio de 1984 hay una entrada en el diario Norte de los Estados, en escritura propia de Oliver North: «quería un avión para ir a Bolivia a recoger pasta, quiero un avión para recoger 1.500 kilos.» El 12 de julio de 1985 una entrada dice, «$ 14 millones para financiar (armas) provenía del negocio de las drogas». 9 de agosto de 1985: «En Honduras un DC-9 que se usa para tramos hacia Nueva Orleans probablemente está siendo utilizada para el narcotráfico dentro de Estados Unidos. «Es fácil ver que cuando la oficina local de la DEA en Tegucigalpa, Honduras comenzó a moverse contra Matta en 1983, fue cerrada.

El informe llegó a la conclusión de que «La relación colombo-mexicano, desarrollado por Juan Ramón Matta Ballesteros, un hondureño con estrechos vínculos con el Cartel de Medellín, condujo a una explosión de cargamentos de cocaína a través de México, con las incautaciones de cocaína en ese país, en un aumento de 2,3 toneladas en 1985 a 9,3 toneladas en 1987.»

El detonante que lo alejó de la alianza Colombo-mexicana, fue un avión el cual llevaba armas y municiones milita a la contra nicaragüense que se precipitó y dejó expuesta a la cia. Se presume que Miguel Ángel Feliz Gallardo usó ese detonante para dar información que llevó a la detención y secuestro de Juan Matta-Ballesteros en Tegucigalpa, apoderándose de las rutas que le pertenecían a Juan Matta-Ballesterosa cambio de librarse de la presión ejercida por la DEA por el asesinato de Camarena.

Detención y condena

Matta fue detenido en 1986 en Colombia, pero compró su salida de la cárcel con un soborno de $2 millones de dólares y regresó a Honduras.

En marzo de 1988, las consecuencias políticas de la Irán-Contra habían devastado el apoyo político en Washington para la guerra de Los Contras, y comenzó a restablecerse. En abril de 1988, Matta, después de haber agotado su utilidad, fue sacado de su casa de Tegucigalpa, por unos Alguaciles de los Estados Unidos, y fue enviado a la Estados Unidos para ser juzgado.

Matta Ballesteros alegó que en el camino a los EE. UU., en la base militar de Palmerola fue interrogado bajo tortura (quemado repetidamente con una pistola eléctrica de alta tensión). Más tarde fue trasladado en avión a República Dominicana, donde fue arrestado oficialmente por una orden pendiente de 1971. A partir de ahí, fue remitido a la Penitenciaría de Estados Unidos Marion. Después de su secuestro hasta 2.000 manifestantes salieron a las calles de Tegucigalpa. Los diplomáticos de Estados Unidos en Honduras dijeron que los disturbios no fueron en apoyo al Sr. Matta, sino como protesta por el secuestro de un ciudadano hondureño por cargos penales presentados por gobiernos extranjeros, una violación directa de la Constitución de ese país. Sin embargo, muchos dijeron que era porque Matta era muy querido y era visto como un «Robin Hood» en la nación Centroamericana. Al final, unas 6 personas perdieron la vida y el anexo de la Embajada de los Estados Unidos en Honduras fue quemado en señal de protesta.

Matta ha impugnado su detención en 1988 por motivos de violación. Sin embargo, la Corte de Apelaciones de Estados Unidos para el Noveno Circuito rechazó su caso. Ellos encontraron que «las circunstancias que rodearon el secuestro Matta-Ballesteros, a la vez inquietante para nosotros y buscamos realizar de ninguna manera a tolerar …» no violó la doctrina Ker-Frisbie. Sin embargo, el juez Noonan escribió «que los secuestradores, más que una banda de fanáticos, eran agentes policiales de los Estados Unidos lo cual duplica el horror de su actividad. Si los agentes de la potencia más poderosa en la tierra son sospechosos de secuestro por parte de la autoridad legal – o más bien, en obediencia a la autoridad superior en el departamento ejecutivo, se ven obligados a secuestrar – la libertad de las personas en todo el mundo está a merced de una decisión tomada por un funcionario del Departamento de Justicia. »

Del mismo modo, el secuestro de Matta fue seguido por el del mexicano Humberto Álvarez Machain acusado de complicidad, como Matta, en el caso Camarena. Machain luchó su caso, sobre la ilegalidad del secuestro, ganó y fue devuelto a México.

Al igual que otros narcotraficantes notables en el caso Camarena, como Rafael Caro Quintero, Ernesto Fonseca Carrillo y Miguel Ángel Félix Gallardo, Matta fue condenado finalmente como uno de los autores intelectuales, del secuestro, tortura y asesinato del agente de la DEA, Enrique Camarena Salazar en Guadalajara, México. Además, Matta fue declarado culpable de operar una importación y distribución de cocaína en Van Nuys, California.

Matta está cumpliendo 12 condenas a cadena perpetua en el ADX Florence, un Centro Penitenciario de super máxima seguridad cerca de la localidad de Florence, en el estado de Colorado.

El 7 de diciembre de 2018 Estados Unidos retiró los cargos del asesinato de Enrique «KIKI» Camarena Salazar por lo cual se espera que obtenga una rebaja de sentencia o su salida de la cárcel y regreso a su país natal Honduras.

Vida empresarial

A principios de 1980, Matta se había vuelto extremadamente rico y miles de personas trabajaban en sus empresas tanto en Honduras como en Colombia (además de SETCO Airlines). Matta también tenía inversiones en café, tabaco, especias, ganado y explotaciones lecheras y fundó varias empresas agrícolas y de la construcción en Honduras. Un tribunal de apelaciones de Estados Unidos estima que Matta y Miguel Ángel Félix Gallardo hacían más de $ 5 millones por semana a partir de su actividad de tráfico de drogas solamente, y estas empresas ayudaron a Matta a blanquear gran parte de estas ganancias ilícitas. En 1982, agentes de la DEA informaron que Matta había pagado 50 millones de dólares para Bolivia y otros funcionarios latinoamericanos para proteger sus operaciones de narcotráfico contra el acoso policial.

Incautación de propiedades en 2014

El día 31 de julio de 2014, por medio de un operativo organizado en conjunto con la Fuerza Tigre de la Policía Nacional de Honduras, la Unidad de Privación de Dominio de la Fiscalía Especial contra el Crimen Organizado (FESCCO) y la Oficina Administradora de Bienes Incautados (OABI) se hizo un allanamiento de más de 15 propiedades pertenecientes al excapo Ramón Matta Ballesteros, las cuales estaban distribuidas en varias zonas exclusivas de Tegucigalpa, además de una enorme finca en San Esteban, Olancho. Cabe destacar que ninguna de estas propiedades estaban a nombre del capo, sino de sus familiares, entre ellos sus hijos. En la misma propiedad de la que fue sacado en 1988 se encontraban viviendo sus hijos y la seguridad de la residencia era liderada por un ciudadano colombiano, presuntamente familiar de la exesposa de Ramón Matta, Nancy Marlene Vázquez y por ende familiar de los hijos de Ramón Matta Ballesteros.

Originalmente publicado en22 julio, 2020 @ 9:18 pm

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Los insólitos comienzos en el delito del niño Pablo Escobar

  Adriana Chica García / 14/10/2018 05:50
Robo de naranjas y falsificación de diplomas escolares: los insólitos comienzos en el delito del niño Pablo Escobar. Antes de convertirse en el narcotraficante más grande de Colombia, el jefe del Cartel de Medellín se las ingenió desde pequeño para desarrollar curiosos negocios lícitos e ilícito. (más…)

Originalmente publicado en7 noviembre, 2020 @ 5:02 pm

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miembros del cartel de medellin

Miembros del Cartel de Medellín

Socios del Cartel
Pablo Emilio Escobar Gaviria: alias El Patrón: la cabeza principal de todos los atentados y el terror que provocó al pueblo colombiano con centenares de muertos en toda la historia entre ellos la muerte del Ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla.

Otros magistrados y jueces como: Abdiel Arias Ribera, Hernando Baquero Borda, Tulio Manuel Castro entre otros.

Periodistas como: Guillermo Cano director y propietario del periódico El Espectador, Jorge Enrique Pulido Sierra director del noticiero Mundo Visión y propietario de la programadora Jorge Enrique Pulido Televisión.

Atentados contra empresas importantes como Drogas La Rebaja propiedad de los Hermanos Rodríguez Orejuela, el vuelo de Avianca donde murieron todos sus ocupantes, este atentado iba dirigido al candidato presidencial Cesar Gaviria quien se salvó ser la víctima del vuelo en que viajaba.

Las instalaciones del edificio del DAS donde murieron y quedaron heridos varios trabajadores incluyendo al general Miguel Maza Márquez a quien se le hicieran cerca de dos atentados que en los cuales salvó su vida, el asesinato del candidato presidencial Luis Carlos Galán, las bombas a civiles y establecimientos comerciales etc.

El secuestro de varios periodistas como: Maruja Pachón, Azucena Lievano y Orlando Acevedo Periodistas del Noticiero Criptón, dos extranjeros y las muertes de Marina Montoya y Diana Turbay en cautiverio.

También del entonces candidato a la alcaldía de Bogotá Andrés Pastrana (liberado) y del Procurador General Carlos Mauro Hoyos muerto en cautiverio, el asesinato de Enrique Low Murtra, las muertes de varios policías etc.  Escobar se entrega el 14 de junio de 1991 a la justicia para ingresar a la cárcel «La Catedral» en Envigado en compañía de su hermano, sus sicarios y lugartenientes dejando aun lado la guerra.

Luego delinque desde la cárcel ordenando homicidios como el de Henrry De Jesús Perez líder de las autodefensas muerto a su servicio y la muerte de sus socios Galeano y Moncada en la cárcel.

Se fuga de la prisión el 19 de julio de 1992, en ese  momento parecía quedarse solo.

Esta vez la  organización parecia llegar a su fin, ademas para ese momento ya padecía de problemas gastricos y estaba abandonado por su esposa e hijos, su única compañía eran su madre su hermana y su escolta Alvaro De Jesús Agudelo «Limón».

En ese momento escapó del operativo la policía en Aguas Frías por fallas de radiometria, murió con su escolta Alvaro De Jesús Agudelo el 2 de diciembre de 1993 en su casa de Medellín tratando de evitar ser extraditado y escapando de la justicia.

Se le acusaba por el mayor número de homicidios y atentados que registraban en la historia del país.
Gonzalo Rodríguez Gacha, el líder militar del Cartel de Medellín.

Gonzalo Rodríguez Gacha:
alias El Mexicano: nacido en Pacho (Cundinamarca) se convirtió en el principal aliado y sostén de Escobar durante la guerra emprendida contra el Estado colombiano.

Fue el «Ministro de Guerra» del cártel de Medellín y hacia 1989 tenía 1000 hombres en armas en el centro del país. controlaba una organización autónoma asociada a Escobar.

Sus sicarios, alrededor de 70 fueron los encargados de matar a Luis Carlos Galán. Tras el cruento bombardeo al edificio del DAS en Bogotá, que dejó 70 muertos y 500 heridos, se convirtió en el criminal más buscado del país.

Traicionado por un lugarteniente suyo, murió el 15 de diciembre de 1989 en Tolú durante la Operación Apocalipsis junto a su hijo y 5 de sus hombres.

Se le acusa de al menos 2000 homicidios. Después de su muerte, al mando del Cartel de Bogotá, entró Luis Murcia alias Martelo, que fue capturado tiempo después.

Carlos Lehder: alias El Loco: oriundo de Armenia (Quindío) y reconocido por sus excentricidades, abrió innumerables rutas de tráfico de narcóticos en el Caribe gracias a sus contactos en EE.UU.

Capturado en febrero de 1987, fue inmediatamente extraditado y condenado a cadena perpetua pero su pena fue reducida por declarar contra Manuel Antonio Noriega. Es el narcotraficante del Cártel de Medellín, de más alto rango preso en Norteamérica.

Gustavo de Jesús Gaviria Rivero: alias León: primo de Escobar y su mano derecha, acompañó su carrera delictiva desde el principio.

Encargado de las finanzas del cártel, pasó a ser el segundo hombre del ente narcoterrorista tras la muerte de Rodríguez Gacha.

Murió en Medellín durante un operativo, al enfrentarse a tiros con la policía el 12 de agosto de 1990. En el momento de su muerte se hallaba solo y en compañía de su familia.

Jorge Luis Ochoa: perteneciente al clan de los Ochoa, fue el más importante de sus hermanos dentro de la organización criminal. Reconocido criador de caballos se convirtió en el número 2 a la muerte de Gaviria Rivero. Se rindió el 15 de enero de 1991 como parte de la política de sometimiento a la justicia del gobierno de César Gaviria.

Mario Henao Vallejo: alias Paco: cuñado de Pablo Escobar. Pedido en extradición, era quien controlaba todos los negocios del «Patrón» en el Magdalena Medio junto a su primo Hernan Dario Henao «HH». Dada su relación familiar con el capo, era bastante cercano a la cúpula del Cartel de Medellín.

Murió en un operativo realizado el 23 de noviembre de 1989 en la finca El oro del municipio de Puerto Triunfo, cuando se pretendía capturar a Escobar y a uno de los hermanos Ochoa.


Juan David Ochoa: el mayor de los hermanos Ochoa. Se sometió a la justicia el 16 de febrero de 1991. Murió el 25 de julio de 2013 en la ciudad de Medellín victima de un infarto.

Juan Matta-Ballesteros: alias El Negro: nacido en Tegucigalpa, Honduras, gran amigo de Pablo y alto socio del cartel fue uno de los pocos miembros del cartel de Medellín que era extranjero.

Era el contacto de los narcotraficantes colombianos con los mexicanos. Fue arrestado en 1988 y más tarde extraditado. Cumple una condena a cadena Perpetua.

Fabio Ochoa Vásquez: el menor del clan, fue el primero en someterse a los decretos de rebaja de penas el 18 de diciembre de 1990. Posteriormente sería extraditado en 2001, al incumplir sus acuerdos con el Gobierno colombiano.

Luis Fernando Gaviria Gómez: alias Abraham: primo hermano de Pablo Emilio Escobar Gaviria, también conocido dentro de la organización como César.

Tenía la función de enviar cocaína al exterior y coordinar las acciones de tipo militar, desde la muerte del también primo de el capo, Gustavo de Jesús Gaviria Rivero.

Muerto el 23 de octubre de 1990 en la finca Manantial, vereda La Mosca, jurisdicción del Guarne (Antioquia), en medio de la Operación Apocalipsis III. Junto a él, y enfrentando medio centenar de policías, murió su conductor Nicolás Calle.

Griselda Blanco: alias La Reina De La Coca: nacida en Santa Marta de donde se trasladaría posteriormente a Medellín, se convirtió en uno de los primeros grandes capos del tráfico de drogas en la década de los setenta.

Asociada a Escobar se mudó a Miami, desde donde coordinó el envío de toneladas de cocaína.

Fue arrestada por la DEA el 20 de febrero de 1985 y condenada a 16 años de cárcel. Asesinada por sicarios que le dispararon dos tiros en la cabeza el 3 de septiembre de 2012 cuando salía de una carnicería en el barrio Belén de la ciudad de Medellín. Era el único miembro del cartel de Medellin que era mujer.

José Rafael Abello Silva: alias El Mono Abello: el séptimo dentro del organigrama del Cartel y principal narco de la costa colombiana. Capturado en un restaurante de Bogotá el 11 de octubre de 1989, fue posteriormente extraditado. Liberado en 2007.

Gilberto Rendón Hurtado: el número 8 dentro del Cartel de Medellín. Fiel socio y segundo hombre en la organización de Rodríguez Gacha. Murió con su jefe durante la Operación Apocalipsis. Heredó sus estructuras criminales a su hermano Alirio de Jesús Rendón Hurtado El Cebollero.

Gilberto Molina Moreno: magnate boyacense de las esmeraldas, aliado cercano de «El mexicano» que se hizo a su sombra. Entró más tarde en conflicto con Rodríguez Gacha por el control de varias rutas del narcotráfico y de la zona esmeraldífera del centro del país. Terminaría asesinado por 25 sicarios de su ex-socio, en una finca de Sasaima en febrero de 1989.

Fernando Galeano Berrio: Alias» El Negro» encargado de los negocios del Cartel de Medellín tras la entrega de Escobar y de sus principales lugartenientes del ala militar en 1991. Se convirtió en uno de los principales socios del capo controlando el área financiera de la organización narcoterrorista. Pero terminó siendo asesinado por orden del «Patrón» dentro de la catedral en julio de 1992.

George Jung: Único socio norteamericano del Cartel. Experto traficante de marihuana en los años 70 y luego de cocaina a principios de los 80 gracias a su sociedad con Carlos Lehder, a quien conoció durante su primera estancia en prisión y quien a su vez lo pondría en contacto con Pablo Escobar (de quien se volvería un amigo personal).

 

A pesar de que Lehder lo traicionó, Jung mantuvo sus negocios con Escobar al punto de facturar 100 millones de dólares al año. Capturado en Massachusetts en 1987 fue liberado posteriormente, para luego ser recapturado al ser delatado al intentar volver al tráfico de estuperfacientes.

En ese momento al declarar contra Carlos Lehder a la sazón recién extraditado es liberado nuevamente. Finalmente fue apresado en México en 1994 con 796 Kg de cocaína en su poder. Fallidamente trató de salir bajo fianza, pero fue sentenciado a 30 años de prisión. Salió libre el 2 de junio de 2014.

Gerardo Kiko y William Moncada Cuartas: junto a los Galeano se convirtieron en los principales socios del Cartel tras la entrega de Escobar, que les confió el manejo del ala económica de su organización. Compartieron la suerte de sus aliados en julio de 1992.

Roberto Escobar Gaviria: alias El Osito: hermano de El Patrón, ingresó desde temprano en las actividades delictivas de este, pero manejó un perfil más bien bajo durante este periodo. Se entregó el 7 de octubre de 1992 a las autoridades. Mientras estaba en prisión, fue víctima de una explosión de una carta bomba enviada por los Pepes que lo dejó parcialmente ciego y sordo.

 

Evaristo Porras Ardila: Socio y amigo de Pablo Escobar vendedor de pasta de coca era el responsable del famoso cheque falso que le impusó a Lara Bonilla para que firmara antes de que fuera asesinado el 30 de abril de 1984.

También fue quien ordenó el crimen de uno de los periodistas del periódico El Espectador en Leticia Roberto Camacho Prada ocurrido el 16 de julio de 1986 quien le tomaba fotos para publicarlas por todo el país en sus vínculos con «El patrón», luego es capturado en San Andrés Islas el 15 de diciembre de 1987 termina en prisión y en la ruina luego de cumplir su larga condena.
Era jefe del Cartel del Amazonas. Falleció el 3 de marzo de 2010 en Bogotá victima de un paro cardíaco.

Jaime Gaviria: Primo, confidente y relacionista público de Escobar.

Paramilitares al servicio del Cartel

Fidel Castaño Gil: alias Rambo: comandante de los grupos paramilitares de Antioquia y Córdoba, entró en contacto con Escobar a través de Rodríguez Gacha, conocido por su anti-comunismo.

Responsable de innumerables masacres y atentados contra la Unión Patriótica y miembros de todos los partidos de izquierda, se alió con el Cartel de Medellín a cambio de ayuda financiera para su organización.

Tras la muerte de los Galeano y Moncada (sus socios) entró en conflicto con Pablo Escobar, creando Los PEPES junto a su hermano Carlos y al Cartel de Cali. Murió en combates contra la guerrilla del EPL en 1994, no obstante se cree que su muerte fue fraguada por su hermano Carlos.

Carlos Castaño Gil: hermano de Fidel y Vicente participó activamente primero en la campaña de exterminio contra la izquierda y luego en Los PEPES. A la muerte de Rambo, quedó al frente de la autodefensas. Fue asesinado en 2004 por su hermano Vicente Castaño El Profe.

Henry de Jesús Pérez: al mando de los paramilitares del Magdalena Medio, se alió con Rodríguez Gacha en la década de los ochenta a cambio de financiación y armas. Participó en la campaña que emprendió «El Mexicano» contra la Unión Patriótica.

A la muerte de este, se enemistó con Pablo Escobar y entró en guerra con el Cartel de Medellín al lado de Henry Pabón. Cientos de sicarios, paramilitares y civiles murieron en los continuos ataques de lado y lado. Finalmente fue asesinado a mediados de 1991 durante la fiesta de la Virgen del Carmen en Puerto Boyacá.

Originalmente publicado en3 noviembre, 2020 @ 8:09 am

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“Reina de la coca” murió como vivió: a bala

LUNES, 10 DE SEPTIEMBRE DE 2012 07:48

ESCRITO POR NOTILLANO 2012-09-10.
Griselda Blanco, una de las fundadoras del negocio de las drogas y del Cartel de Medellín, llevó una vida de película, llena de crimen, vicio y lujos.

Ocho hombres jóvenes cargaron en hombros el ataúd de Griselda Blanco desde el altar del templo de Jardines Montesacro hasta el sitio del campo donde sería sepultada.
Muchachos vestidos con bluyines, largas camisas negras y tenis, y rapados como soldados. Algunos con su cabeza cubierta con cachucha y gafas negras para ocultar sus ojos llorosos.

Eran parientes y amigos de la “Reina de la Cocaína”, vecinos del Barrio Antioquia. “¡La buena, tía! ¡La buena!”, decían mientras atravesaban el campo sembrado de lápidas. Uno de ellos golpeaba, como si fuera un tambor, el ataúd dorado y metálico. Quería despertar a la mujer que yacía dentro. Esa, a la que llamaban “tía”, de un metro y medio de estatura,

Con 75 kilos de peso, tez trigueña y cara interminable, que tartamudeaba al hablar. La mujer que había nacido en un barrio marginal de Santa Marta, el 15 de febrero de 1943 y cerró su vida el 3 de septiembre de 2012, al salir de una carnicería de Belén, tras pagar 300 mil pesos en carne.

Después de caminar 100 pasos, se detuvieron ante los músicos de un mariachi, quienes tenían tras de sí la fosa abierta. Sin esperar que algunas personas acabaran de llegar, hicieron sonar guitarras, trompetas y violín para entonar Amor eterno, canción en cuya letra cambiaron la palabra Acapulco por “este punto”.

Eran los últimos minutos de luz de un día soleado. Volaron alcaravanes emitiendo su sonido. Empleados de la funeraria San Vicente alistaron el soporte de ruedas para descargar el féretro, pero uno de los muchachos ordenó: “cuando se acabe este disco, la descargamos”.

Decenas de adolescentes deambulaban por el camposanto. Uno de ellos tenía en la mano una garrafa de aguardiente casi vacía. Mientras escuchaban el mariachi -“te quiero, lo digo como un lamento, como un quejido que el viento se lleva por donde quiera”-, como corresponde en estos momentos en que destacan lo bueno, nadie parecía recordar que esa “tía” era reconocida por el resto de la humanidad como una de las pioneras del negocio del narcotráfico, sindicada de más de 240 crímenes, entre ellos, los de tres de sus esposos.

Ni siquiera los más viejos de la familia -a uno de ellos, dueño de generosa panza, tocado con boina vasca y bastón, le pusieron silla de plástico en media manga para que aguantara sentado la serenata-, tenían en cuenta que ella, siendo apenas una niña, ayudaba a la subsistencia doméstica con pequeños robos de carteras. Y que, venida a Medellín con su madre, Ana, mujer prostituta, alcohólica y drogadicta, había sido víctima de abuso sexual por parte de padrastros temporales. La prostitución no le resultó extraña.

¿Habría recordado alguno, mientras lagrimeaba oyendo al vocalista cantar “eres mi hermano del alma, realmente el amigo”, que a los 11 años, ya en el barrio Antioquia de Medellín, en compañía de amigos, perpetró el secuestro de un niño de 10 años por quien pediría rescate? ¿Y que en vez de eso le propinó un tiro entre las cejas, azuzada por sus pequeños compinches? Dicen que así incursionó esta mujer en el crimen y fue formando cayo en su espíritu.

Una niña gritaba: “¡mi abuelita!”. Seguramente nadie, mientras la escuchaba, recordó que esa mujer, a los 13 años, se enamoró de Carlos Trujillo, alias “Pestañitas”, delincuente dedicado a la falsificación de documentos para viajeros a Estados Unidos.

Eran tiempos en los cuales en Medellín había Consulado de ese país, ubicado en un edificio de Junín con La Playa. Pero se movían tanto las oficinas piratas que, al decir de personas cercanas a los mafiosos de esa época, más que el consulado, “parecían sucursales de la Embajada, por la cantidad de personas a las que les concedían visa y pasaporte”.

Con Trujillo tuvo tres hijos: Dixon, Uber Sneider y Osvaldo. Algunos afirman que ella mató a Carlos Trujillo, a comienzos de los años 70 por líos de negocios.

A LAS DROGAS
Fue con el siguiente marido, Alberto Bravo, que Griselda comenzó a traficar con cocaína. Cuando descubrió que este negocio era tan lucrativo cerró su “embajada”. La pareja viajó a Estados Unidos, se estableció en Queens y pronto convirtió la Gran Manzana en una capital de vicio.

Al principio, ella contrató muchachas en Colombia para que llevaran pequeñas cantidades de cocaína, pero a mediados de ese decenio ya contrataba a pilotos para llevar sus avionetas cargadas con grandes cargas de droga.

Fabio Castillo, en su libro Los jinetes de la cocaína, de 1987, solo la menciona dos veces y en el mismo párrafo: “el juez John Canella condenó a Francisco Adriano Armedo Sarmiento, Edgar Restrepo Botero, León Vélez y los hermanos Libardo y Carmen Gil, quienes trabajaban para esta organización (la del “Padrino” Alfredo Gómez López), que las autoridades norteamericanas creían dirigida por Griselda Blanco y los hermanos Carlos y Alberto Bravo.

El 15 de junio de 1977 fue asesinado en Nueva York Luis Carlos Gaviria Ochoa, el esposo de Martha Ligia Cardona, quien, como Griselda Blanco, tenía en realidad como función crear los mecanismos para lavar los dólares obtenidos en el tráfico de narcóticos en la red de Gómez López y Jaime Cardona Vargas” (pág. 53). Pero se sabe, que su función no era tan leve.

Ella le enseñó a Pablo Escobar a traficar con droga, cuando, a comienzos de los 70, él se reunió con ella en Estados Unidos, con la intención de cambiar su negocio de jalador de carros por el de las drogas. Griselda le recibía cargamentos que él mandaba de Colombia.

DE NUEVA YORK A MIAMI

Concentrados en el ritual fúnebre, a nadie se le pasaría por la cabeza que esta mujer, quien siempre estaba pensando en guerra aunque no hubiera zozobra, era tan escurridiza que vino a recibir los primeros cargos por narcotráfico en abril de 1975, en la operación Ban Shee, realizada por la Policía de Nueva York y la DEA. Pero no la agarraron.

Ella vino unos días a Bogotá y, según cuentan, llegó a bordo de una limusina a reunirse con su esposo, Alberto Bravo, en un parqueadero y, tras reclamarle que la engañaba en temas de dinero, y oír que él la acusaba de autodenominarse “Madrina” para imponer respeto entre sus secuaces, lo mató. Ella quedó herida en el estómago, aunque se recuperó pronto.

Delinquió en Nueva York hasta 1978. Luego, se trasladó a Miami y allí floreció su imperio. El negocio era de cubanos, pero no estaba en su naturaleza partir ganancias con nadie. Así que, con su guardaespaldas, Jorge “Rivi” Ayala , fue eliminando a sus rivales.

Rápido, distribuyendo las toneladas de cocaína que recibía por semana de Escobar y otros proveedores, se situó entre las 10 personas más ricas del mundo: su fortuna se calculó en 500 millones de dólares.

Llevaba una vida ostentosa, envidia de otros narcotraficantes. Poseía un penthouse en Bahía Biscayne y una mansión en la Capital del Sol. Tenía 300 pares de zapatos en su guardarropas; tomaba té en una vajilla de porcelana que perteneció a la reina Isabel II de Gran Bretaña; adquirió joyas, entre ellas un diamante rosado de 25,78 kilates, que fue de la leyenda argentina Evita Perón. Hacía fiestas y orgías con droga, licor y desnudistas que satisfacían a todos, incluso a ella: le gustaban los hombres y las mujeres.

Fue por esta época que, con su tercer esposo, Darío Sepúlveda, tuvo un hijo: Michael Corleone, quien sería asesinado por sicarios de Pablo Escobar, quien se convirtió en enemigo suyo por un dinero que, al parecer, ella le quedó debiendo. Además de traficar con droga, aseguran las autoridades norteamericanas, ayudó a convertir a Miami en una de las ciudades más violentas del mundo.

Y los crímenes que le imputan no eran simples. Instruía a sus sicarios para que no dejaran vivo a ningún testigo potencial. Delincuentes a quienes capturaron, en la fase de delación para rebaja de penas, comentaban que tenía sangre fría y mataba cuando se sentía estafada o se demoraban en pagarle una deuda. Un día, por una cuenta, mató al deudor y después entró a la casa de uno de sus trabajadores. Este contó después que su esposa estaba cocinando.

La Reina de la Cocaína, al percibir el olor de la cocina, dijo: “adoro el pescado”. Comió con ellos y, mientras degustaba su comida, les contó cómo habían matado al timador: “sí, le disparé”. Dijo que su compinche, “Cumbamba”, lo despedazó, “lo puso en una caja y lo envolvió para regalo con un moño, y lo dejamos a unas cuantas cuadras de aquí, en la autopista”.

Seguro que el vecino que echó las primeras paladas de tierra sobre el ataúd, ya situado en lo hondo de la fosa, no pensó que a mediados de los 80, además de huir de las autoridades, Griselda Blanco tuvo que hacerlo también de un sobrino de Alberto Bravo, Jaime, quien se enteró de que ella había matado a su tío. Se fue a California.

Vivió con su mamá en una casa sencilla de Irvine. En la madrugada del 10 de febrero de 1985, la DEA rodeó la vivienda y, mientras dormía, la capturó. Bob Palombo, agente que la persiguió desde los tiempos de Nueva York, al tenerla frente a él, la besó en la mejilla: había prometido a sus compañeros que el día en que la capturaran, él sellaría el acto con un beso.

De los 20 años de sentencia, pagó 18. Antes de la mitad de 2004, fue deportada a Colombia y desde entonces vivió en la clandestinidad. El coronel Mauricio Cartagena, subcomandante de la Policía Metropolitana de Medellín, dice que no dejó deudas pendientes con la justicia colombiana. Vivía en El Poblado, pero se mantenía en Barrio Antioquia, donde se sentía segura.

En los registros de la Scotlan Yard en Londres, Griselda aparece como pionera del narcotrfáfico en el Reino Unido y su sicariato fue inspiración de los gasters ingleses.

“¡Te queremos, Griselda, te queremos!”, coreó el centenar de asistentes al sepelio, entre quienes estaba Uber Sneider. Tristes y con pasos lentos todos abandonaron el cementerio. El último en salir fue el hombre que tamborileó con el ataúd de la “tía”.  Publicada por COLPRENSA, EL COLOMBIANO

Griselda Blanco Medellin2f
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