Mitos y verdades detrás de la historia de “Popeye”, el sicario de Pablo Escobar

09/02/2020 – 0:05 Clarín.com / Nahuel Gallotta

Bajó de una camioneta blanca y acaparó las miradas de todos. Fue el 2 de diciembre de 2014, en el cementerio privado «Jardines Montesacro», de Medellín, Colombia. Tenía puestas unas zapatillas de running y un ramo de flores que parecía ser artificial en sus manos.

Se arrodilló y comenzó a rezar. Primero un Padre nuestro, después un Gloria al padre, con los ojos cerrados y en voz alta. Todo era filmado paso a paso por un equipo de camarógrafos.

Los que estaban en el cementerio, entre los que se encontraba este cronista, entendieron rápidamente que no se trataba de un visitante más. Se trataba de Era Jhon Jairo Velásquez, alias «Popeye», el sicario de Pablo Escobar. Estaba visitando la tumba de su ex jefe, a 21 años de la muerte del narco más famoso del mundo.

Después de repetir tres veces una toma en la que le hablaba a su «patrón», se acercó a quienes lo esperaban para hablar con él y sacarse una foto. La fila se hizo cada vez más larga.

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Cuando me llegó el turno nos saludamos y le conté que era argentino, periodista y que estaba en Colombia trabajando para un libro sobre compatriotas suyos que robaban por el mundo. Le enumeré los barrios de mis entrevistados y algunas zonas que había conocido por ellos y se sorprendió. No entendía cómo había llegado a esos lugares. Me contó algunas anécdotas de compañeros de pabellón que habían viajado a robar.

Como detrás mío la fila seguía, nos tomamos una foto y nos despedimos rápido. Antes, saqué de mi billetera una estampita del Gauchito Gil y se la regalé.

Esta semana muchos contaron sus anécdotas con «Popeye», a partir de su muerte: falleció el jueves, en una de las salas del Instituto Nacional de Cancerología de Bogotá. Se encontraba en ese lugar desde el 31 de diciembre pasado. Había sido trasladado desde la cárcel, donde cumplía una pena por extorsión desde 2018. Sufría de metástasis en los pulmones, hígado y otros componentes abdominales. Iba a cumplir 58 años.

Jhon Jairo Velásquez empezó a ser nombrado por los periodistas en 1991. Se encontraba detenido en «La Catedral», la cárcel construida por el capo narco, junto a Escobar y otros integrantes del cártel de Medellín. El 21 de julio de 1992, las Fuerzas Armadas de Colombia ingresaron al penal. Querían reducir a Escobar y trasladarlo a un régimen militar. Habían comprobado que el narcotraficante seguía manejando sus negocios, a pesar de estar detenido.

Pablo Escobar fue jefe del cartel de Medellín. Es considerado el narcotraficante más famoso del mundo. (AP)

 

Los dos funcionarios que ingresaron primero fueron secuestrados por los internos. Allí comenzó un motín. Según el diario colombiano El Tiempo, «John Jairo Velásquez Vásquez, alias Popeye, fue quien le puso una ametralladora en la cabeza al viceministro de Justicia y con un sofisticado radio portátil de la época impartió instrucciones a hombres en Medellín para que desataran una ola terrorista».

Esa noche, «Popeye» se fugaría, junto a Escobar y otros de sus hombres. Su nombre cobró relevancia. Y durante los 23 años que pasaría en la cárcel fue de los pocos ex integrantes del cártel que concedió algunas entrevistas, en las que confesó más de 250 asesinatos y participaciones en atentados en los que murieron cerca de 3 mil víctimas.

Mauricio Builes es de Medellín, pero vive en Bogotá. Es periodista y el viernes publicó en su perfil de Twitter sobre la semana que pasó con Popeye. Fue en 2017. Una productora rusa lo había contactado y encargado un trabajo que les permitiera «entender cómo una persona así se había vuelto un youtuber famoso». Tenía que acompañarlo y grabarlo durante una semana, visitando tres barrios: uno bajo, otro medio y otro alto.

El primer día de grabación fue en el centro de la ciudad. «Fue devastador vivir la experiencia, desde lo emocional. Vi la fascinación de un sector de la sociedad: lo abrazaban, le pedían autógrafos, fotos. Yo no lo podía creer, y me dieron ganas de tirar la toalla. Fue muy chocante», cuenta.

A la noche llamó a los rusos. Les contó la situación. Mauricio había vivido en Medellín durante el esplendor del cártel de Pablo Escobar. Aún recuerda el miedo a salir de su casa a partir de la tarde y de pasar por una comisaría, sabiendo que Pablo le pagaba muy bien a los sicarios que asesinaran policías. «Todas las familias de Medellín tenemos una historia triste por contar de aquellos años. Para contrarrestar el protagonismo de ‘Popeye’ puse como condición entrevistar a familiares de víctimas», recuerda.

Por esos días, Mauricio conoció los ingresos económicos de «Popeye». Estuvo cuando lo llamaron de una empresa mexicana para proponerle ser la imagen de un tequila. Estuvo cuando trabajaba en el «narcotour» de la ciudad; cobrando mil dólares cada cuatro horas. También lo acompañó al estudio de su canal de YouTube, donde tenía 1,2 millón de suscriptores. Y a la grabación de una película sobre su vida, a cargo de una productora de Miami. Ese año se había estrenado la serie «Sobreviviendo a Escobar. Alias J.J», de Netflix.

«Creo que en la cárcel entendió que convertirse en un buen narrador de historias sobre Escobar era un negocio», reflexiona. «Hizo un discurso de eso. Me lo dijo en esos días: era el único sicario sobreviviente en libertad y que hablara sobre Pablo. Se hizo un experto en inventar historias».

Uno de los pedidos de Mauricio fue acompañarlo al barrio Moravio. Allí aman a Pablo Escobar. Construyó las primeras 400 casas del barrio y se las entregó a cientos de personas que vivían en un basural. «Popeye» se negó. Fue el único «no» de la producción. «En ese sector saben que la mitad de las historias de sus historias eran inventadas. Es cierto que fue sicario de Pablo. Pero fue uno más. En el barrio lo acusan de hacerse famoso y ganar dinero contando muchas mentiras».

Lenin Forero es antropólogo. Creció en un barrio bajo de Bogotá, en el que fue testigo de la admiración de muchos vecinos por los «pillos» del vecindario. «Es un personaje macabro, tristemente célebre para nuestro país. Pero tiene reconocimiento, seguidores, fanáticos que lo idolatran.

Creo que el trasfondo de eso es la profunda desigualdad social que hay en Colombia, patrocinada por la clase política», opina. Y sigue: «Son sectores que prefieren el atajo, la trampa y lo que sea para conseguir dinero.

Hasta entregan a lo suyo por el billete. No hay un valor que les permita llevar una vida digna. Es un tema cultural, una forma de pensar de un sector que los convirtió en héroes. En Colombia es mucho más normal de lo que se cree. Personales como ‘Popeye’ se naturalizaron, se aceptaron; aprendimos a convivir con ellos».

Builes dice que con los días de grabación fue entendiendo. O que mejor dicho, construyó una teoría. «Tal vez los medios pusimos la lupa más en los victimarios que en las víctimas, y los que lo abrazaban no tenían noción de lo que vivían las familias de las víctimas», analiza. «Además, Escobar suplantó al Estado en algunos asuntos. Por ejemplo, construyó un barrio. Sacó gente de la miseria y les dio una casa digna. Esa gente nunca va a hablar mal de Pablo. Y ‘Popeye’ es lo más cercano a Pablo. Son la representación del ‘estrato bajo que pudo tener ascenso social y se rodea de todo lo mejor'».

Por último, Forero concluye con otra teoría, sobre otro tipo de morbo de un sector de la sociedad: «Les gusta saber la fortuna total de Escobar, y las anécdotas sobre las fiestas con 500 prostitutas. Es un público que encontró en el dinero su máximo valor. Aquí, en Colombia, hay un público que lo que más adora es el dinero, y no la decencia, ni la educación».

En Argentina, la figura de Escobar también ganó protagonismo de la mano de las series sobre su historia. Y «Popeye» siguió ese camino. En 2017 posó en una foto con armas junto al boxeador Marcos René «Chino» Maidana, que publicó la imagen en su cuenta de Instagram. «Visitando a Popeye leyenda, el general de la mafia», escribió el santafesino.

Un año más tarde, «Popeye» grabó un video con un mensaje para integrantes de la banda narco rosarina Los Monos. “Sobreviví a 23 años y 3 meses en las prisiones más duras de la República de Colombia, inclusive habiendo guerra dentro de la prisión. Gracias a Dios, sobreviví a todo esto y hoy les puedo enviar todo mi cariño y respeto”, dijo antes de mandar un saludo a «la familia Cantero».

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